Cómo quisiera

TIEMPOCuando existimos y vivimos vamos recorriendo caminos que, muchas de las veces, no nos propusimos. En esos ires y venires vamos, también, teniendo muchas y variadas experiencias. Formas de vida que nos agradan o no, oportunidades que, en la mayoría de las ocasiones, no elegimos y las dejamos pasar. Decisiones afortunadas o no.

Todo ello va conformando a nuestro ser y a nuestra manera de ser. Pero, decididamente, son esas coyunturas vivenciales de las cuales hicimos caso omiso por cualquier motivo, lo que más nos causa escozor, arrepentimiento y dolor por ese bien que dejamos pasar.

Esos amores perdidos, esa juventud malgastada, esos tontos errores que cometimos, esa amistad que desperdiciamos, ese dinero que inútilmente gastamos, ese doloroso vicio que adquirimos, ese abrazo y saludo que negamos, aquellos gratos momentos que no vivimos, aquellos conocimientos que no adquirimos; en fin, toda esa hermosa vida que vivir no supimos, simplemente porque se nos olvidó vivir.

Tristes y melancólicos expresamos: cómo quisiera que el tiempo volviera, cómo quisiera vivir lo que no viví, cómo quisiera regresar mis pasos para estar donde no estuve,  para ser donde no quise serlo. La amargura nos invade ante la imposibilidad del retorno y sólo nos queda el cómo quisiera.

Sin embargo la vida aún no acaba y podemos vivirla, si bien no como antes, sí con esa plenitud como siempre quisimos. Es aun tiempo de eliminar el cómo quisiera, el hubiera sido, el cómo habría querido y todo lo que huela al hubiese. Es ahora para decir el yo fui, el yo quise, yo estuve, yo duré, yo amé y todo aquello que implica satisfacción como resultado de una vida satisfecha, de una ancianidad jubilosa, de una juventud con solera.

Ama, trabaja, estudia, ora y vive a todo tren porque la vida es lo más excitante que te ha ocurrido. Porque después de la vida te espera el cielo, la verdadera vida. Ahí es donde empiezan los auténticos conocimientos, la plenitud que nunca aquí alcanzamos. Ahí anhelaremos ingresar a las angélicas universidades donde escucharemos con infinita atención las cátedras de los serafines, de las potestades y de los principados. Ah, con cuánta desesperación espero el momento de ocupar un asiento en esas academias, con cuánta inquietud tiembla mi espíritu por anticipar el contenido de las clases y de los absolutos conocimientos por obtener.

Desde el cielo contemplaremos la vida en donde no existe el cómo quisiera, sino el cómo quiero.