Mordida promedio: 400 pesos

Un signo de avance hacia el desarrollo es mirar al mundo como medible. Mensurable, dicen los cursis estudiantes de maestrías.

Cada vez más, en México vemos entusiasmo por medir cuanto nos importa: el impacto de una mentada de madre, la desilusión de los aficionados ante el desastre de Selección, la simpatía del Chepo, la popularidad de las narconovelas, etcétera y más etcéteras.

Ahora en la Universidad de Querétaro se pusieron a medir la corrupción en su ciudad. Los hallazgos de esta medición son interesantes. Primero confirman que la corrupción existe y que por lo menos la “porquitera”, es susceptible de medición, porque la gente acepta hablar de ella.

Es la corrupción de los pobres, la de los trámites municipales, la de las infracciones a los reglamentos de buen gobierno, la de las licencias de construcción de casitas y de funcionamiento de giros modestos. De la otra corrupción, la de los grandes contratos, la de las dobles contabilidades, la de los endeudamientos de municipios y estados, de esa los ricos y famosos se niegan a hablar: no cooperan con la ciencia.

La investigación fue sobre la corrupción modesta, la bajita y cotidiana.

Ahí encontraron que la máxima corrupción, generando el 70 por ciento de ingreso para los corruptos, está en vialidad, movilidad, tránsito. Con mucho se lleva de largo, en cuanto a número de “mordidas” a los inspectores municipales, a los firmantes de licencias y a los demás honestos dedicados “a hacer más”.

¿Y cómo andan las tarifas de la corrupción popular? Altas. Altas. Casi lo que vale una botella de “Buchanan” del más accesible: 400 pesos. Ese el promedio. Pero ya si es “manejando en estado burro, agravado con graves ofensas a la madre de la autoridad”, el asunto puede elevarse a los cuatro mil, para que ahí quede. Igual en caso de “choque sin licencia”; porque cuando traes licencia para chocar, ni pendiente, pueden pedirte hasta los cinco mil, claro incluyendo no detenerte a ti y al vehículo, previa espantada a la contraparte.

Pero el promedio son 400 pesos. Y en Querétaro, de esas de cuatrocientos pesos, descubrieron que durante el año pasado, se dieron cien mil casos. Es decir: en un lugar como Querétaro que es calmado, cada mes a lo bajito la mordida deja 40 millones más fregados a los dejados habitantes y visitantes.

Y miren tan limpiecita que se mira la ciudad y tan bien portaditos que parecen sus habitantes, negados a irse a la “división de ascenso” con sus ahora “Gallos Mordelones”.

¿Cómo andarán otras ciudades, donde la gente ni es tan fijada, ni la disimula? Cuestión de medir lo ancho del encaje o el agua a los camotes, como dicen en Harvard.

Si los de tránsito se llevan el 70 por ciento de las mordidas, eso significa que el año pasado, los de Querétaro, se repartieron nada más 28 millones de pesos entre los files servidores públicos, sin certificar “ni verificar”.

Hipótesis científica: Si eso se llevan los menores ¿cuándo y más no se llevarán al día los ladrones mayores de los gobiernos?

¿Quién se avienta esa investigación a la uña?