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En franco deterioro, infraestructura aledaña a la Av. Medina Ascencio

Luce descuidada y abandona en varias zonas

Numerosas construcciones y terrenos baldíos y la falta de mantenimiento generan una pésima imagen del destino, no sólo para los turistas sino también para los habitantes

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Fotos: Fernando González 

Teniendo como origen el experimento realizado por un psicólogo de la Universidad de Stanford, Philip Zimbardo en 1969, la teoría de las ventanas rotas es una idea que trata sobre el contagio de las conductas negativas relacionadas con la moral o la civilidad.

El experimento original consistió en abandonar un auto en las descuidadas calles del Bronx de Nueva York, con las placas de matrícula arrancadas y las puertas abiertas. El objetivo era ver qué ocurría.

El resultado fue que a los 10 minutos, empezaron a robar sus componentes. A los tres días no quedaba nada de valor. Luego empezaron a destrozarlo.

El experimento tenía una segunda parte: se abandonó otro vehículo, en parecidas condiciones, en un barrio rico de Palo Alto, California. No pasó nada. Durante una semana, el coche siguió intacto. Entonces, Zimbardo dio un paso más y machacó algunas partes de la carrocería con un martillo. Debió de ser la señal que los honrados ciudadanos de Palo Alto esperaban, porque al cabo de pocas horas el coche estaba tan destrozado como el del Bronx.

El libro “Arreglando ventanas rotas”, escrito por George L. Kelling y Catherine Coles, es una obra de criminología y sociología urbana publicado en 1996, que habla acerca del crimen y las estrategias para contenerlo o eliminarlo de poblaciones urbanas. Está basado en un artículo titulado Ventanas Rotas de James Q. Wilson y George L. Kelling, que apareció en la edición de marzo de 1982 de The Atlantic Monthly.

La teoría de las ventanas rotas, elaborada por James Wilson y George Kelling, afirma que si en un edificio aparece una ventana rota y no se arregla pronto, inmediatamente el resto de ventanas acaban siendo destrozadas por los vándalos, esto porque la ventana rota envía un mensaje: “Aquí no hay nadie que cuide de esto”.

Esta teoría es bien conocida en el Distrito Federal, donde hace algunos años se tomó la decisión de cubrir algunos edificios en ruinas con diseños similares a las viejas construcciones del centro histórico, para evitar una imagen negativa que desarmonizara con la belleza de otras edificaciones antiguas que le dieron a la capital del país, el nombre de la Ciudad de los Palacios, y se detuviera la continua destrucción de esos espacios semiabandonados.

De ahí la importancia de mantener siempre una ciudad limpia, las calles en orden, los jardines en buen estado… esto aplica en todos los ámbitos de la sociedad, por eso se considera importante prevenir no sólo los grandes crímenes, sino también las pequeñas transgresiones a las leyes y reglamentos.

La idea es clara, una vez que se trasgreden las normas y reglamentos que mantienen el orden en una comunidad, tanto el orden como la comunidad empiezan a deteriorarse. Las conductas incivilizadas se contagian.

En Puerto Vallarta aplica en varios sentidos, conductores de motocicletas o vehículos que no usan cinturones de seguridad o cascos, negocios que no respetan las normas establecidas para mantener una imagen armónica, entre otros numerosos ejemplos, lo cual se puede observar a lo largo de la avenida de ingreso, donde son variados los ejemplos del aspecto negativo que ofrece este destino por la falta de una adecuada aplicación de los reglamentos.

En general, se puede decir que está en franco deterioro la infraestructura aledaña a la avenida Francisco Medina Ascencio, ya que luce descuidada y abandona en varias zonas.

Cabe señalar que numerosas construcciones y terrenos baldíos y la falta de mantenimiento generan una pésima imagen del destino turístico, no sólo para los visitantes nacionales y extranjeros, sino también para los habitantes.

Y si no lo cree, vea las fotografías o dese una vuelta por la avenida, cuyos camellones no canta mal las rancheras, por más que el gobierno municipal comenzó con su reparación en el ingreso al centro de la ciudad, frente al hotel Sheraton.