Caca

Nunca entendíamos lo que nuestro profesor de anatomía humana nos decía sobre la importante función que desempeña para el cuerpo, el sistema digestivo. Ni mucho menos lo cardinal que es la caca para el buen ejercicio de nuestro cuerpo.

Acostumbrados, como lo estamos, de señalar a la caca como algo feo y despreciable, criterio éste influido por una sociedad moralmente miope y de unos valores mal entendidos, concordábamos con este juicio sin saber del error en que yacíamos.

Al paso del tiempo hemos comprendido que la caca es un órgano del cuerpo y que es vital para que éste exista. La caca la llevamos dentro a todos los lugares a donde acudamos: cargamos con ella al templo, a la cantina, a la universidad, al lecho nupcial, a las fiestas, a las más elegantes reuniones y, por último, nos la llevamos al panteón.

En ella se reflejan muchas enfermedades y si la caca se enferma también nosotros nos enfermamos. Si no hacemos caca podemos morir. Nacimos y morimos con excremento, vivimos con él, es nuestro compañero inseparable, el ángel de nuestra guarda pues la caca nos quita muchos males.

Cuando al baño vayamos a tirar la caca y si ésta huele mal, no hay que molestarnos sino más bien agradecerle que haya salido para darle el lugar a otra. La caca es humilde, sumisa, silenciosa pero es hermosa. No nos avergoncemos de ella y rindámosle tributo fiel y fervoroso pues .más sano está el que caga más.

Perdamos ese falso juicio sobre ella y démosle todo nuestro cariño y el más absoluto respeto. Antes de dormir pidamos que de cagar jamás dejemos pues ella es vida y trascendencia. Los más altos y nobles pensamientos, los más apasionados sentimientos y la voluntad más acerada se producen por la caca.

El que no caga no piensa, no ama y no trabaja, es un parásito y, de modo contrario, el que más caga es el más sabio, el más apasionado amante y el más tenaz trabajador.

El lema ya no es piensa, ama y trabaja, sino simplemente: caga.

Rinde el más completo sometimiento al wc, pues éste el sepulcro de tan insigne diosa: la caca. Híncate, cada vez que puedas, e inclina tu frente cada que pases ante tu excusado pues en él has dejado parte de tu vida.

Consulta a tu médico y al veraz filósofo. Pronto lo comprenderás.