El ruido como distractor

RUIDOCuando ingresé a estudiar Ciencias de la Comunicación, el ruido se convirtió en una palabra clave dentro del plan de estudios. Para que el proceso comunicativo entre emisor y receptor sea claro no puede permitirse la presencia de ruido.

La definición de ruido en materia de comunicación está más cercana a la física que la define como la perturbación eléctrica que interfiere en la trasmisión de mensajes o señales.

En resumidas cuentas todo aquello que afecta al proceso comunicativo se considera ruido. Si el emisor quiso decir algo que fue captado por el receptor de otra manera, en el fallido proceso de comunicación se produjo el fenómeno denominado ruido.

En todas sus acepciones esta palabra es molesta porque en sí produce ruido. México de ser un país alegre y bullanguero ha empezado a convertirse en un país ruidoso.

Puerto Vallarta no se ha quedado atrás. Nuestras calles son ruidosas, nuestros restaurantes son ruidosos, las albercas y áreas comunes de nuestros hoteles son ruidosas. Las tiendas buscan atraer la atención del público con música a todo volumen y muchas se dan el lujo de contratar a un locutor enloquecido anunciando la oferta del día, las baratas del mes.

El gas, el agua se ofrece a gritos. Los jóvenes pasean en carros y camionetas con la música de su preferencia -generalmente banda- a todo volumen.

El ruido ha llegado al deporte y actividades como la zumba son altamente ruidosas en el afán de motivar a la gente a que se mueva.  Las campañas políticas son ruidosas.

En las casas, la gente tiene prendida la tele o el radio a todo volumen para poderla escuchar desde la sala hasta la cocina.

Así que el ruido inunda nuestro espacio de muchas maneras. Empieza a ser parte de nuestra cotidianeidad y me preocupa, porque el nivel de decibeles a los que sometemos a nuestro aparato auditivo constantemente, no es sólo perjudicial para nuestros oídos y para nuestro cerebro, sino que a fuerza de vivir distraídos con el ruido, también empezamos a perder sentido del otro ruido. El ruido en el sentido de la comunicación.

Y a veces ese proceso de emisor-receptor también produce ruido en el sentido de la comunicación intrapersonal. Es decir, el proceso comunicativo hacia ti mismo.

Creo que fue Savater quien atinadamente afirmó: “Quien tiene que llenar con ruido su exterior, es porque tiene un gran vacío en su interior”.

Me pregunto si los mexicanos realmente estamos viviendo épocas de un gran vacío interior que se ha agravado últimamente. De cuando era niña a la fecha los decibeles que las urbes producen se han incrementado en todos los sentidos.

Más allá del problema de identidad que Octavio Paz describe con meticulosidad en El Laberinto de la Soledad, hoy día el mexicano parece vivir inmerso en el ruido.

El ruido de los aparatos que lo ensordecen en un mundo de ondas sonoras y el ruido de los mensajes que trasmiten medios y autoridades.

Vivir en el ruido es vivir en el caos y la confusión. Perdemos nuestra capacidad de análisis, perdemos la objetividad.

Mientras no tengamos una conciencia clara de lo perjudicial que es el ruido en nuestras vidas, viviremos aturdidos por la confusión y jamás podremos enfrentar nuestra realidad interna ni la de nuestro derredor.

Si México quiere promover las bondades del país para atraer turismo e inversiones, deberíamos de ser menos consumidores de noticias alarmistas y propiciar una comunicación más sana entre una sociedad que busca el cambio pero el ruido no la deja.

¿O usted cómo la ve?