La revolución del cemento

PROMESA CUMPLIDA. Es cierto que Ramón Guerrero Martínez no cumplió algunas de sus promesas de campaña más importantes, como la de reducir la nómina y bajar en un 20% el salario de todos los funcionarios municipales y regidores, pero en cambio ha mostrado un gran interés por cumplir el que sin duda alguna fue el más importante ofrecimiento de su campaña: entregar cinco sacos de cemento o un paquete de láminas de asbesto a todos aquellos que votaron por él en las elecciones del año pasado. Cumplir el pendiente era altamente complicado, sobre todo porque la aceptación del reparto de los 25 mil mochivales implicaba un grave delito electoral, de ahí el reto de cumplir la promesa sin aceptar que existió. Por eso el alcalde y su equipo de trabajo han sido particularmente cuidadosos al canalizar recursos federales y municipales para el cumplimiento de esta promesa sin generar un problema jurídico o político. De cualquier forma, el tiempo pone las cosas en su lugar, si durante meses el alcalde negó la existencia de los mochivales, hoy con la puesta en marcha del programa Casa Digna está dando la razón quienes lo acusaron de prácticas ilegales durante su campaña. Y es que el programa de campaña se llamó Mejora tu Casa, mientras que el programa de gobierno se denomina Casa Digna. El programa electoral prometió 5 sacos de cemento a cada votante que apoyara al Movimiento Ciudadano, en cambio el programa Casa Digna otorga 5 sacos de cemento a quienes mediante mecanismos poco claros decide el gobierno en movimiento.

A CONFESIÓN DE PARTE. El pasado viernes 2 de agosto el Mochilas encabezó un evento ante decenas de habitantes de colonias populares como La Herradura, Lomas del Pedregal y Campestre Las Palmas, en la cual realizó la décima quinta entrega de apoyos del programa Casa Digna, lo cual presume un beneficio a 15 mil personas que han recibido diversos materiales para la construcción, especialmente cemento, block, tinacos y láminas de asbesto, mediante Desarrollo Social, al frente de esta dirección está Arturo Dávalos Peña. Ahí, ante 500 beneficiarios directos, el alcalde Ramón Guerrero se olvidó de las formas y presumió que “decían que no se podía cumplirle a la gente, a los que menos tienen, decían que este programa no se podía hacer, que era una mentira, hoy esto es una realidad, sí se pueden hacer las cosas”. Tras recordar que el programa fue una promesa de su campaña electoral, el primer edil dio el banderazo para la entrega de una gran cantidad de materiales para la construcción, en lo que sin duda alguna es el pago de los míticos mochivales que se repartieron por miles en la pasada campaña electoral. De esta forma el alcalde ha logrado evitar el reclamo de miles de ciudadanos que se sintieron estafados cuando se les aseguró que sus mochivales no valían porque el mismo alcalde negaba cualquier relación con esos documentos.

MÁS ALLÁ DEL DISCURSO. Por desgracia el alcalde Ramón Guerrero se equivoca al suponer que a una familia vallartense le bastará recibir cinco sacos de cemento y un puñado de láminas de asbesto para finalmente contar con una vivienda digna, porque para construir un simple cuarto de material se requiere mucho más material de lo que el ayuntamiento otorga. Tenemos el caso de una señora que recibió 40 láminas de asbesto y un tinaco, materiales que de inmediato vendió a un vecino: por cada lámina recibió 70 pesos, siendo su costo promedio en el mercado 140 pesos. Por el tinaco la señora consiguió que le dieran 700 pesos, lo cual al final de cuentas le implicó una ganancia total de 3,500 pesos. Hoy la humilde vivienda de esta señora luce igual que siempre, el material que le dio el municipio para que mejorara su vivienda sólo le sirvió para agenciarse 3,500 pesos, aunque en realidad el más beneficiado fue el vecino que le compró el material a mitad de precio. Lo mismo ocurre en todos los rincones del municipio, donde los beneficiarios del programa Casa Digna rematan el mejor postor lo que les da el municipio al no contar con más dinero para invertirlo en el mejoramiento de sus casas.

PESCADORES Y COMENSALES. Como lo destacan las sagradas escrituras, la solución del problema no está en dar de comer al pueblo, sino en enseñarlo a pescar. Históricamente los gobiernos de los tres niveles han optado por medidas clientelares al regalarle a la gente humilde dádivas que no ayudan a resolver su condición y sólo sirven de paliativos. Programas como el Procampo han servicio para beneficiar a los grandes empresarios del campo, ya que a los pequeños campesinos sólo les sirve para resolver sus problemas económicos unos cuantos días. De manera ridícula el gobierno reparte semillas mejoradas entre los campesinos, quienes sin recursos para sembrar sus parcelas lo único que pueden hacer es revender la semilla con el abarrotero del pueblo, quien la compra a mitad de precio. Lo mismo pasa en la ciudad, donde ninguna persona de escasos recursos es capaz de mejorar su vivienda con un bulto de láminas y unos cuantos sacos de cemento, sobre todo porque lo más caro de la construcción es la mano de obra, de ahí que ante la imposibilidad de contratar un albañil mucha gente opta por revender los materiales recibidos del ayuntamiento, sin que en el municipio exista un seguimiento para constatar que los beneficiarios del programa realmente usaron los productos para dignificar sus viviendas.

POSDATA. Ante esta realidad tal vez valdría la pena retomar programas como el de Solidaridad, mediante el cual el gobierno ponía los materiales y la gente beneficiada aportaba la mano de obra. Entregarle 5 sacos de cemento y un millar de bloques a una persona humilde no es garantía de que finalmente contará con una vivienda digna, se requiere un esfuerzo mucho mayor para conseguir que el círculo se complete.

VOX POPULI. La divulgación en facebook de una fotografía tomada por el hijo de Héctor Gallegos durante el desayuno sostenido entre Andrés González y el propio Gallegos es un claro mensaje del ex funcionario municipal para el alcalde Ramón Guerrero, quien sin miramientos lo despidió de la Dirección de Participación Ciudadana por sus escasos resultados en el control de las juntas vecinales del municipio. Héctor Gallegos fue parte fundamental de la estrategia diseñada para el reparto de los 25 mil mochivales que llevaron a la alcaldía a Ramón Guerrero, al grado de que el propio Gallegos ha presumido tener en sus manos el padrón de los beneficiarios de esos polémicos mochivales. Esta información en las manos adecuadas podría implicar un gran dolor de cabeza para el alcalde Ramón Guerrero, así que hará bien en firmar acuse de recibo ante los mensajes cifrados que le está mandando Gallegos.