Tres cervezas y media…

EMILIODesde el domingo pasado funciona la nueva Ley de Movilidad y Transporte de Jalisco. Se aplica “Del Río Ameca, para acá”.

Como por la buena no hay quien entienda, ahora se van a la real y elevan las penalidades al tiempo que limitan las salidas legales.

Desde el domingo los agentes tienen facultades para legalmente detener a quien vaya manejando, así no haya cometido falta alguna — simplemente por “portación de cara, al volante”— y aplicarle de inmediato el “borrachímetro” para que sople y el aliento lo condene.

A quien resulte borracho (a), briago (a), cohete (a), es decir que vaya manejando en “estado de Emilio González Márquez”, de inmediato se le enviará a prisión por 36 horas, aparte de la multa y de lo que le cueste rescatar su vehículo del corralón.

Por supuesto que no necesitarán los infractores andar hasta atrás, como Emilio González Márquez, cuando nos mentó la madre. El límite es de tres cervezas y media. Cervezas tamaño normalón, nada de “sólo tres cahuamas y media”. En cuanto a la cantidad de tequila límite, es de “tres onzas”. Cada onza varía según el cantinero que la sirva, pero por lo general, un caballito de tequila lleva dos onzas. Así que el límite es: un caballito de tequila y una mirada a la caminera o del estribo.

La idea es que ni las hijas de los influyentes escapen a la nueva ley. Así lo exige el número de muertes y de lisiados que provoca la mezcla de trago y volante. Dicen que no sólo nadie escapará de 36 años en la cárcel, con las mejores compañías, pero además, con el tremendo plus de que en lugar de chilaquiles o clamatos les darán a la hora de la cruda verdad, una serie de pláticas, entre regaños y motivaciones que para convencerles de la tontería que hicieron, el peligro en el que se pusieron y pusieron a los demás. Si después de ese tratamiento sádico no aprenden lo de: “Si tomas, no manejes; si manejas, no tomes”, serán casos perdidos.

Multa también y grande para quien no traiga seguro —por lo menos de daños contra terceros —, sea su vehículo de cualquier tipo y año.

Multa también para quienes hablen por celular mientras manejan. Porque hablar por celular es lo mismo a si manejaran medio borrachos (as), aparte de ser una de las peores nacadas, impropias de las buenas familias.

Multa también para quienes no traigan limpiaparabrisas, espejos, faros, defensas, placa, etc. Para quienes no se abrochen el cinturón que no es de castidad. Para quienes andan con vidrios oscuros. Para quienes lleven niños de menos de 12 años, en el asiento delantero. Así, por todo lo que ya se cobraba y lo que le añadieron los diputados.

Claro que eso, en caso normal, sin accidente que complique las cosas, sin chipote con sangre. Que ya cuando golpe entran otros códigos y broncas.

Buena idea de endurecer las multas, para ver si por fin toman en serio eso de comportarse como gente correcta al volante y no como políticos o influyentes.

Pero hasta ahora, la experiencia nos dice que a cada endurecimiento de penas, lo que se encarece en grande es “la mordida”. El arreglo que antes era “de a quinientos”, se vuelve en extorsión pagadera en abonos, dejando el vehículo en garantía, como ha sucedido.

Claro, eso fue antes. Con “los de antes”. Con los “aguacates que se pudrieron verdes”. Con los “voraces insaciables”. Con los que “desilusionaron a la ciudadanía”. Allá, cuando el Señor Gobernador era “El Primer Borracho del Estado”.

¿Y ahora? Pues ahora vamos a ver qué pasa con la “Ley de Tres Chelas y Media”.