El jefe de jefes

GUILLERMOEL DEBIDO PROCESO. 28 años tardó la justicia mexicana en establecer que el famoso narcotraficante Rafael Caro Quintero fue juzgado en la ventanilla equivocada y por lo mismo fue liberado de manera inmediata la semana pasada, generando una ola de comentarios polémicos en contra del nuevo gobierno priista, al cual coincidentemente se le han juntado varios incidentes que parecen confirmar una constante: primero un tribunal establece que se le debe regresar su fortuna al ex hermano incómodo Raúl Salinas de Gortari, quien tras ser encarcelado en el sexenio de Ernesto Zedillo a base de buenos abogados consiguió su libertad en tiempos en que el PAN gobernaba a nivel federal, en un proceso que hoy culmina con la sentencia de que le sean devueltos todos sus bienes embargados por el gobierno federal. Estos dos hechos son la base para que abundantes críticos del PRI pongan en marcha en redes sociales una campaña para presumir que la llegada del PRI garantiza impunidad para los grandes delincuentes del país. Maliciosamente ocultan que en los primeros días del sexenio panista de Vicente Fox fue liberado, porque sólo así se le puede llamar a la “fuga” del Chapo Guzmán del penal de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco. Cierto que el gobierno de Peña Nieto logró la primera detención de un líder de primera línea de los temidos Zetas, pero eso no debe ser presumido públicamente.

LA VIEJA GUARDIA. Sentenciado en 1989 a 199 años de prisión por diversos delitos, Rafael Caro Quintero sólo debía pasar 40 años en la cárcel debido a que es la pena máxima que contemplan las leyes mexicanas, de ahí su sorpresiva liberación el pasado 9 de agosto luego de que sus abogados consiguieran un fallo favorable por no haberse respetado el debido proceso, siendo juzgado por el fuero federal cuando debió ser procesado por el fuero común. Considerado como fundador del cártel de Guadalajara, Rafael Caro Quintero fue un narcotraficante emblemático, cabeza de una generación de criminales formados a la antigua, cuando el narco mexicano tenía reglas y códigos de honor. Por ejemplo, para esa generación de narcos la familia era sagrada, de igual forma eran intocables los ciudadanos inocentes. En cambio hoy los narcotraficantes acaban con familias enteras, incluyendo menores de edad, y ni qué decir de los inocentes que mueren por montones cuando se ven atrapados en una ejecución. De manera especial, Rafael Caro Quintero y su socio Ernesto Fonseca, alias Don neto, fueron importantes en el Jalisco de la década de los 80’s, cuando Guadalajara se convirtió en un santuario para los narcos de Sinaloa que salieron huyendo de esa entidad a raíz de la Operación Cóndor aplicada por el ejército mexicano en 1977.

TODOS LOS SABÍAN. Pese a la importancia de Rafael Caro Quintero como cabeza del principal grupo criminal del país, en Guadalajara se le trataba con respeto y afecto, al grado de que era visitante frecuente de los grandes eventos de la alta sociedad tapatía, a la cual ingresó gracias a su romance con la hermosa Sarita Cosío, hija del no menos famoso profesor César Cosío Vidaurri. Eran los tiempos en los que el poderoso Guillermo Cosío Vidaurri despachaba como secretario del Gobierno del Distrito Federal. El 4 de abril de 1985 Rafael Caro Quintero fue detenido en la Quinta La California, en San Rafael de Ojo de Agua, San José, Costa Rica. Sorprendido en su cama, Caro Quintero dormía con Sarita Cosío, quien de inmediato fue declarada como secuestrada por el famoso narco sinaloense, pese a que ella había dejado muy claro que estaba enamorada de él. De hecho la detención de Caro Quintero fue posible gracias a la intercepción de los teléfonos de la familia Cosío Martínez, lo que detectó una llamada el 2 de abril de 1985 que le permitió a la DEA ubicar el paradero del capo.

OJOS QUE NO VEN. Al igual que en Guadalajara, en Puerto Vallarta era normal ver a los famosos capos divirtiéndose a lo grande hasta que el 7 de abril de 1985, apenas tres días después del arresto de Caro Quintero, el ejército mexicano logró la captura de Don Neto en una finca de Puerto Vallarta, donde era propietario del hotel Oro Verde ubicado en la zona de Olas Altas. Sin embargo el arresto de Don Neto no fue un logro de la DEA, sino una mala jugada del destino en la que fue protagonista estelar un famoso vallartense, Manuel López Coronado, más conocido como El Demonio Blanco por su faceta de luchador enmascarado. Don Manuel, propietario de una lavandería en la calle Sierra Aconcagua, casi esquina con Francisco Medina Ascencio, tuvo un altercado con unos sujetos mal encarados, con los cuales se lió a golpes sin imaginar que eran los guardaespaldas de Don Neto. Cuando la trifulca subió de tono provocando la intervención de la policía los sujetos se dieron a la fuga para resguardarse en la finca que está casi frente al hotel Sheraton, sobre la Av. de Ingreso, a un costado de la vena que viene de la Francisco Villa, justo donde hoy opera una tienda de vestidos de novias. Hasta ese lugar acudieron las unidades del ejército mexicano y tras una intensa balacera lograron la detención de los agresores, descubriendo con enorme sorpresa que en el grupo estaba el famoso narcotraficante apodado Don Neto, cuyos abogados en estos momentos realizan los trámites necesarios para beneficiar a su cliente del fallo que dejó en libertad a Rafael Caro Quintero.

POSDATA. Para quienes están convencidos de que el problema del narcotráfico es imposible de acabar por lo que la mejor solución posible es la tolerancia ante los grandes cárteles, la figura de Rafael Caro Quintero debe ser emblemática debido a que responde al prototipo del capo amable y carismático que presumía dedicarse a la agricultura con tanto éxito que en su momento se le atribuyó una disposición absoluta de pagar la deuda externa mexicana que en aquella época ascendía a 80,099 millones de dólares.

VOX POPULI. Y es que, si es obligado elegir entre los capos de la vieja guardia y los capos violentos de la nueva generación, eran mil veces preferibles aquellos señores que llevaban la fiesta en paz y gustaban de aparecer en las secciones de sociales de la prensa tapatía, al lado de hermosas jovencitas de la más alta alcurnia. Hoy los líderes del narcotráfico viven a salto de mata en las zonas selváticas del país, sin posibilidades de disfrutar los beneficios que implican sus millonarias ganancias, temerosos hasta de su sombra. Con ellos tal vez tendrá que aprender a convivir Caro Quintero, porque difícilmente podrá aspirar a reinsertarse en la sociedad luego de su inesperada liberación, máxime que la DEA pretende su extradición a los Estados Unidos.