Urge una patria con amor y lealtad

FOTO 1Es anhelo de todos los mexicanos: consolidar una cultura democrática en la que exista una identificación que derive en fuente de certidumbre y confianza para una vida política pacífica, pero sobre todo, para una participación activa ciudadana. En esta forma podremos avanzar hacia un desarrollo social que propicie y extienda en todo el País las oportunidades de superación de cada individuo y así la comunidad se rija siempre con  principios de equidad y justicia. Lo cierto es que en México no se ha habido soluciones efectivas ni completas para enfrentar la pobreza, aunque si hay experiencias exitosas, en otras décadas se han registrado tendencias a su reducción en términos relativos.

Para todos es sabido que sin horizontes ni reglas compartidas, la capacidad de nuestra democracia para movilizar voluntades y para garantizar la capacidad de gobierno del Estado mexicano está en riesgo. Falta más orden, es importante el reconocer que falta mucho equilibrio social, peor aún, una democracia inestable e ingobernable puede arrojar a la sociedad, primero hacia la anarquía y después hacía el autoritarismo. Con frecuencia se tiende a ver a la pobreza como un problema aislado y ha desvincularla del contexto económico y social que  propicia su reproducción.

Solamente con crecimiento económico vigoroso, sostenido y sustentable seguramente los avances en el desarrollo de nuestra Nación se darán a pasos agigantados, buscando atenuar diferencias sociales y en consecuencia derramen sus beneficios en toda la sociedad. Con esta visión de futuro y certeza la garantía en las leyes siempre seguirá siendo el cimiento de nuestra convivencia democrática para ser capaces de abatir inequidades y en esta forma impulsaremos un proyecto de República viable y justa.

Incorporar a la sociedad mexicana con responsabilidad para combatir sin tregua a la desigualdad y la pobreza, servirá para propiciar la igualdad de oportunidades y erradicar barreras culturales y sociales que impiden el progreso pleno de México. Por eso es necesario dar cabida a un consenso en donde prioritariamente se analice, el derecho a la alimentación, salud, educación, vivienda etc. donde busquemos todos;  armonía y equilibrio.

Estamos seguros que el valor supremo de la política es la democracia, que permite la tolerancia y convivencia con pluralidad y unidad en la diversidad, siendo el ideal permanente base de la política de desarrollo, fuente de legitimidad de los gobiernos, sólo su práctica garantiza y permite la contienda ordenada y legal por el poder público.

Debemos estar convencidos que la democracia es responsabilidad de todos los mexicanos y no se agota en los procesos electorales, aunque si se funda en ellos, viene a constituir el compromiso compartido que abogará siempre por un futuro mejor. Si todos somos capaces de generar un proceso que multiplique esfuerzos a favor del bienestar y progreso de todos, seguramente que habremos cumplido como orgullosos mexicanos bien nacidos, con el compromiso nacionalista; en esta forma cada uno de nosotros ampliaremos nuestra soberanía, porque ya formamos parte en el engrandecimiento de nuestra Patria.

Lo que es cierto como decía el maestro Gilberto Rincón Gallardo en una de sus alocuciones, que México no puede seguir permitiéndose el lujo de orientar su competencia política por la ruta de la trivialidad y el personalismo. Los viejos esquemas de la gobernabilidad autoritaria se han diluido, pero no hemos logrado construir el nuevo modelo de la institucionalidad democrática que garantice el difícil equilibrio entre libertades públicas, gobernabilidad y bienestar social.

El cambio político y social en México está enmarcado por una gigantesca interrogante. Nuestras instituciones públicas se han estado debilitando por lo tanto exhiben una relativa ineficacia. Debemos de hacer una evaluación de nuestros recursos humanos y financieros que permitan hacer más con menos; falta poner en práctica la creatividad donde se garantice la buena marcha de una Nación que tiene todo para seguir adelante. Solamente con solidaridad y amor a nuestra bendita tierra.

Como siempre he dicho que la popularidad, ensueño de la mitomanía política, no puede ser en los tiempos que corren, el supremo valor; ahora en día, existe un pueblo más demandante. Los valores fundamentales de una gestión de gobierno son la responsabilidad en el manejo del poder y el cuidado de los intereses de largo plazo de nuestra Patria. Basta ya de retóricas inflamadas, urgen nuevas formas de dirigir los destinos de un pueblo que ésta llegando al cansancio, y puede derivar  en mediano plazo en un  México bronco que a nadie nos conviene.

En fin dentro de la pluralidad y la diversidad nuestro reto será el de construir una democracia para todos, que ofrezca igualdad de oportunidades, que transforme la sociedad desde el nivel mas cotidiano, buscando  hasta donde sea necesario no exista exclusión ni marginación. Hoy en día se exigen planteamientos endurecidos que den el rumbo y abatan la flaqueza. Para todos es sabido que el empleo y el ingreso son los mecanismos básicos para generar y ampliar el bienestar. Por ello es importante el saber que la superación de la pobreza requiere desencadenar procesos sostenidos de superación social a través de estos dos medios. Sin embargo sabemos que la tarea no es sencilla, ya que las tendencias actuales en la generación de empleo no permiten absorber siquiera la población en edad de trabajar y el subempleo o el empleo de baja calidad son una realidad para muchos mexicanos.

Lo que es importante saber es que México no acepta la extraterritorialidad de ninguna teología política y ofrece una amistad leal y digna. Eso sí la dirección y ritmo del proceso de construcción de la democracia mexicana lo determinan los mexicanos con o sin crisis. Por ejemplo para la superación de la pobreza, esta situación refleja al largo trecho que todavía tenemos que recorrer para la construcción de una ciudadanía social plena, ya que no se ha garantizado un piso básico de igualdad en el punto de partida, en cuanto a bienestar, oportunidades y capacidades. Por ello los derechos políticos requieren estar acompañados de opciones y medios para resolver carencias y brindar mejores oportunidades materiales de vida.

Hacemos votos para que nuestro Presidente de la República, más allá de encabezar el aparato del gobierno y de la administración, arbitre en forma eficaz la conflictiva social y dirija con inteligencia el quehacer de la sociedad en su conjunto. Lo que si es cierto, si un jefe de Estado no asume ese liderazgo junto con su mandato legal, puede caerse en el vació anarquizante que deja a la sociedad  a la deriva. “Un liderazgo debe de basarse en el respeto estricto y honesto a la verdad”.

Unidos con dignidad, integridad y soberanía, saldremos siempre adelante ante cualquier acechanza.