Eso que llaman competitividad

VALLARTALa competitividad necesita también de CREDIBILIDAD. Vemos con preocupación en la prensa escrita cómo se siguen reproduciendo medias verdades. Ejemplo: Alguien declara que el turismo en la ciudad aumenta, pero se olvida de mencionar que año a la fecha se arrastra una diferencia de menos 1.69 puntos contra 2012.

SECTUR anuncia a tambor batiente que el turismo norteamericano aumentó en 1.9% pero omite aclarar que se trata sólo del que arribó por avión. En números totales el turismo de USA sigue abajo contra el año 2012 en 1.9 puntos.

Y si Puerto Vallarta tuvo una buena temporada, también la tuvieron otros destinos. Por ejemplo Nuevo Vallarta que creció al mes de julio en 2 puntos porcentuales <71.83 vs 69.84%> mientras que PV tuvo 62.44% vs. 64.13 de 2012. Así las cosas.

El 27 de diciembre de 2008 se publicó en este diario el artículo que sigue:

¿Qué tiene que ver Cancún con todo esto de la competitividad? -Preguntó un amigo mientras discutíamos la situación de Puerto Vallarta-. “A las cifras; a los números tenemos que darles un valor referente para que tengan significado”,- contesté. “Si no nos comparamos con otro destino turístico que busque los mismos mercados, no podríamos evaluar con validez nuestro desempeño”. -¿Pero porqué Cancún?-, insistió.

-“Porque es un buen referente ya que es el líder en muchos aspectos dentro de la actividad turística del país. Compararnos con Huatulco, por ejemplo o con Guadalajara, jamás tendría sentido”. -“Además, los números estadísticos deben ser ponderados siempre”, añadí. -“En un país como el nuestro donde aún las estadísticas oficiales no son dignas de crédito, quienes estemos interesados en el comportamiento de la industria, debemos ver con lupa y sospecha las estadísticas”-

Lo anterior fue el inicio de una reflexión sobre un concepto que siendo obvio para quienes estudiamos el turismo con frecuencia es ignorado por quienes tienen el deber de realizarlo. Si bien lo que nutre a la competitividad son los atractivos de una ciudad o destino turístico, y estos se construyen tanto por la empresa privada como por las autoridades, es el deber de estas últimas fomentar el clima adecuado para su consecución. La competitividad en el turismo se mide por el éxito o fracaso de su afluencia de visitantes; de la derrama económica que deja al destino receptor y  por la solidez de sus estructuras.  Puede parecer sin embargo una condición elusiva y subjetiva pues se construye en base a lo que un destino turístico considere  “atractivo” para los mercados emisores.

Autoridades hemos tenido que han creído que tolerar el libertinaje en el consumo de bebidas embriagantes en la vía pública,  es un atractivo turístico. Autoridades hemos sufrido que han fomentado la pérdida de identidad del destino y por ende de competitividad. Por otra parte, ejemplo tenemos en la bahía, de empresas como  “Vallarta Adventures” que ofrecen actividades que en sí son un fuerte atractivo para los visitantes y con ello incrementas la competitividad.

El éxito, producto de la competitividad no se discute. El fracaso se intenta justificar. Así, un destino como Puerto Vallarta que año con año no solo disminuye sus flujos de turismo, sino que el perfil de los visitantes acusa una constante disminución en su poder adquisitivo, se ve inmerso en pretendidas justificaciones tanto de parte de las autoridades, como de los organismos mismos que lo cuantifican y registran.

El resultado se acusa paulatina pero inexorablemente: abaratamiento de la oferta; saturación, profusión de negocios baratos y menos ingresos para el grueso de la población. Un destino turístico se asemeja a un hotel. Los hay de turismo de lujo y los hay de turismo de paquetes, con niveles entremedios. El problema es que hoteles de lujo que demandan altas tarifas no pueden operar al nivel deseado cuando el entorno no tiene calidad. Comienza así un círculo vicioso donde hoteles que requieren un cierto nivel de ingresos para mantener su planta física en óptimas condiciones empiezan a deteriorarse o demandan inversiones adicionales a sus propietarios. El símil de un destino con un hotel reside en que el hotel aplica una política de negocio que le permita lograr los ingresos deseados: o alta ocupación con tarifas reducidas, o baja ocupación con tarifas altas. Un destino como Puerto Vallarta que carece de una política turística municipal, y se ha dejado a las fuerzas de los mercados, (Léase, operadores) viene recibiendo un índice de ocupación bajo y gasto reducido. De esta manera es el destino el que empuja a los hoteles a comercializar en mercados poco productivos.

Aun peor; un destino en decadencia no solo afecta a los negocios turísticos locales: hoteles, restaurantes y negocios de servicios, también afecta al sector que lo comunica: líneas aéreas y autobuses principalmente, (El turismo de crucero viaja por economía) Al disminuir la demanda todos los medios de transporte se ven obligados a reducir tarifas, vuelos o corridas, disminuyendo así su valor como destino turístico.

El mercado del empleo se debilita pues hoteles y restaurantes se ven obligados a ajustar sus nóminas a los niveles de ocupación y en muchos casos el mercado laboral se abarata. Ahora mismo negocios que lucían prósperos se encuentran en problemas, culpando a la famosa y fantasmal crisis, cuanto lo cierto es que son víctimas de la pérdida de competitividad del destino.

En conclusión el destino, que es lo mismo que el producto que ofertamos es determinante para el éxito o fracaso de todos los negocios que operan en su área de influencia.

Esto viene al caso por la reducción de visitantes que ha venido experimentando Puerto Vallarta desde el final de la “temporada” pasada, pues a partir del mes de junio y hasta la fecha, la industria turística local ha sufrido disminución,… y los próximos meses de invierno que es la temporada donde los negocios se repones de los meses de verano, se ven con poco optimismo. Mientras tanto lo  que escuchamos de las autoridades que deben velar por el éxito del destino, es un silencio ominoso que lo único que provoca es  confusión.

En todas partes del mundo el turismo se sostiene en sus hoteles. Si estos no operan a niveles satisfactorios, no se construyen nuevos, ni se mantienen los existentes, la industria toda se ve afectada. Son la camas ocupadas las que producen riqueza, jamás las “camas frías” de condominios vacíos que no crean empleos permanentes.

Impresionan las cifras de Cancún, destino turístico competencia de Puerto Vallarta. Un destino que a diferencia del nuestro muestra su dinamismo y agresividad, pues su oferta hotelera sigue creciendo, sus hoteles originales han sido renovados (consecuencia de los fenómenos naturales), su industria hotelera aporta mucho más a su fideicomiso de turismo en mayor proporción que en Puerto Vallarta. (Un creciente número de cuartos, tarifas más altas y aportación sobre el todo incluido).

La conjunción de un destino con múltiples atractivos para ocupar a sus visitantes por más de ocho días en actividades diferentes e interesantes, una ciudad moderna con playas hermosas y grandes hoteles de lujo y calidad internacional, genera ingresos muy superiores a los que genera Puerto Vallarta y en consecuencia, en un círculo virtuoso tiene y ejerce mayores recursos en su promoción. (Agréguese a esto que su FIDETUR reacciona con rapidez y agresividad, los resultados se reflejan en su ocupación y tarifa promedio)

El resumen comparativo anual de la Asociación de Hoteles de Cancún, con cifras al mes de octubre de 2008, muestra un incremento de cuartos a partir del 2006, de 5,114 habitaciones adicionales. Mientras que en el 2006 tenían una oferta hotelera anual de 5 millones, seiscientos veintiuno mil cuartos disponibles, en el 2008 esa oferta se incrementó a OCHO MILLONES DOCIENTOS MIL CUARTOS. Un crecimiento de 45.88 por ciento en tres años.

Mientras que la ocupación anual del 2006 fue del 73.40 por ciento, en el presenta año al mes de octubre es del 71.9 por ciento. Solo que si lo vemos en números absolutos, es decir en habitaciones rentadas, estas fueron 4.125,788 en todo el 2006, contra 5.887,734 al mes de octubre del 2008. La estancia promedio de los visitantes en los hoteles se mantiene en 4.7 noches y la tarifa promedio anual también ascendió pues su derrama económica en el 2006 ascendió a US 1.374.79 millones de dólares, contra 2.826.96 millones a octubre del 2008. Hay otros indicadores importantes en este reporte que en si es un ejemplo de lo que deberían realizar otras asociaciones hoteleras del país, incluida la local, o las autoridades de turismo que debieran ser las primeras interesadas en evaluar el desempeño de la actividad económica que sostiene a la comunidad.

Para efectos de comparación con los números que nos receta localmente la Secretaria de Turismo, los anteriores se refieren exclusivamente a ocupación y gasto en la hotelería. Quedan excluidos los datos referentes a la hotelería informal, y en Cancún no existen los cruceros.

 [spacer style=”4″ icon=”9998″]

El autor es analista turístico, presidente de la Asociación Mexicana de Expresidentes Empresariales de Puerto Vallarta y Bahía de Banderas A.C., expresidente de Canirac, exdirector de Hoteles Camino Real, miembro de la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística y fundador del capítulo Puerto Vallarta de la Chaine des Rotisseurs.