Reflexiones matutinas con una taza de café

EL VALOR DE EQUIVOCARSE

El cometer errores es parte integral de nuestra vida. Nos equivocamos, tomamos malas decisiones, erramos constantemente, es un aspecto fundamental de la condición humana, y obvio el que menos yerra más acierta.

Concluí dos cosas: primero, que al final lo que cuenta es el porcentaje, igual que en el béisbol con el bateo, que tanto me equivoco en relación a los aciertos.

De cada diez o cien o mil actos, cuántos son equívocos y cuántos son bien hechos. No pude precisar cuál sería un porcentaje medible para decir si mi actuación es mala, regular, buena o sobresaliente. De todos modos lo importante sería buscar una actuación personal equilibrada y exitosa.

La segunda conclusión a la que llegué es que aprende uno más de los errores que de los aciertos. En la vida de todos los días, la tuya y la mía, en la cotidianidad, de los errores sacamos enseñanzas, nuevas fuerzas, nuevos propósitos. Nos hacen ser mejores, más luchones, menos creídos. Nos ponen los pies en la tierra, nos recuerdan que somos humanos comunes y corrientes, que somos frágiles, que una constante en la existencia es caer y levantar  y que cada vez que esto hacemos levantamos más fortalecidos, más sabios, más prudentes.

Cometer errores y reconocerlos nos hace humildes pero al mismo tiempo analíticos y estudiosos, nos obliga a hablar con nosotros mismos, a mirarnos hacia adentro, a ser sinceros y nos lleva también a corregir rumbos, a encontrar sentido a la palabra porque, a fijarnos objetivos personales. Concluí que los errores no solo no son malos, sino son la única manera de seguir hacia adelante. Benditos errores.

Por otro lado y viendo las cosas desde otro punto de vista, que aburrido ser perfecto, todo bien, acertar al cien por cien. Si así fuera nunca tendríamos que pedir perdón a nuestra mujer, ni hacer tachones en los cuadernos, ni usar corrector blanco en los escritos, ni cambiar el color de la recamara, ni pedir disculpas por una metida de pata… ni habría crudas por pasarse de copas, ni se podría hacer el ridículo al resbalar en la banqueta, ni tendríamos a veces problemas económicos, ni estaríamos en desacuerdo con los amigos con temas de política o de golf. Que aburrida será la vida de los perfectos… aunque a veces dan ganas de probarla.

Las equivocaciones nos hacen optimistas porque nos hacen sentir una nueva oportunidad de ser mejores.

Me encanta la gente optimista son siempre muy alegres, muy positivos, muy constructivos, muy alegres, muy felices.

La palabra esperanza para los seres optimistas es mucho más que el color verde de la bandera, la esperanza para ellos es una especie de faro que desde la distancia los guía por un sendero mucho más agradable además que esa bella cualidad casi siempre los lleva al éxito y a la realización personal.

EL MISMO DÍA POR LA TARDE

Observar la naturaleza nos puede dar sorpresas increíbles. La semana pasada, caminando por una de las calles abajo de mi balcón, me senté en una de esas jardineras de ladrillo, a media calle y desde ahí observé tres palmeras cocoteras, altas, cargadas de fruto.

Al mucho rato y con la ayuda de la brisa del mar empecé a verlas como tres mujeres jóvenes, guapas, delgadas, elegantes, parecía que caminaban por el pequeño malecón. Los cocos parecían sus senos, las hojas su cabellera y el movimiento del tronco semejaba sus caderas que suavemente contoneaban, presumiendo su feminidad. Cómo lucen, cómo platican entre ellas, cómo se divierten, cómo disfrutan ser admiradas por los paseantes y los curiosos.

Quiero saber qué platican, de que hablan, qué se dicen por más silencio que guardo no alcanzo a escuchar, pero adivino que están más que divertidas.

Qué bellas mujeres las palmeras de Vallarta, siempre con los cabellos volando y luciendo su desparpajo. Me enamoré de una de ellas.

Por hoy fue todo. Muchas gracias. Hasta el próximo viernes.