Juan Rulfo: Así se escribe

Dijeran los de la pastorela: ¿Quién como tú, Juan? Contestando los pastores: -“Naiden, naiden, ¿pos queen?”.

Quién como el jalisciense Juan Rulfo, para eso de narrar en lengua española. Nadie, nadie ¿pues quién?

Ahora cumple sesenta años la primera edición de “El Llano en Llamas”. Libro de preciosos cuentos, publicado por el Fondo de Cultura Económica, antes de la obra cumbre de Rulfo: “Pedro Páramo”.

“Juan Rulfo” era su nombre de escritor. El de su acta de nacimiento: Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno. Así se llamó. Unos prueban que nacido en San Gabriel, Jalisco. Otros, papel en mano, registrado en Sayula, también Jalisco. Pero que en San Gabriel estaba su abuela y que en San Gabriel vivió, pruebas y recuerdos hay.

Estudió en el “Luis Silva”, colegio situado por la calle Morelos de Guadalajara, al lado del templo de Jesús María. Colegio que todavía funciona y donde estuvieron: Sergio Méndez Arceo, “El Tubo” Jaime Gómez, Guillermo Cosío Vidaurri, entre otros conocidos.

En el Distrito Federal hizo en adelante su vida, empezando por una temporada como estudiante en San Carlos. De ahí su formación como fotógrafo.

Escribió guiones para cine y relatos breves en revistas. Lo del cine: El Rincón de las Vírgenes (cuento Anacleto Morones); El Gallo de Oro; Macario, entre otras. Los relatos: Talpa, La Cuesta de las Comadres, ¡Diles que no me maten!, ¡Nos han dado la tierra!, luego publicados juntos en El Llano en Llamas.

Para quienes conocen la región Valles de Jalisco, las peregrinaciones a Talpa, lo de los cristeros de las faldas del Volcán El Colima, lo de los agraristas y hacendados (como los Pérez Vizcaíno y “estas tierras de El Rincón”) las historias, las palabras, la forma de contar de Juan Rulfo era de una autenticidad regionalista, pero resultó evidente que el estilo trascendía, con mucho, a lo más bien logrado de la escritura narrativa española.

Lo de El Llano en Llamas, fue como el calentamiento, para lo mejor, porque…

Dos años después de El Llano en Llamas, vino la publicación cumbre de Rulfo: Pedro Páramo. Lo máximo. Lo antes no leído. A García Márquez le llevó el libro su paisano Álvaro Mutis, quien entusiasmado le dijo: “Lea esta vaina, carajo, para que aprenda”. Gabo dice que la leyó y releyó esa noche, con una emoción que antes sólo le había provocado Metamorfosis, de Kafka.

Conste que muy a la mexicana, mientras los conocedores y escritores saludaban la obra de Rulfo como grandiosa, el ninguneo en su país -y en su estado-, le acompañó toda su vida. Juan Nepomuceno era callado, nada dado a la exhibición o la charla mareante con lengua y manos, digamos de un Juan José Arreola, autor bastante menor, pero más famoso.

La primera edición de Pedro Páramo fue de dos mil ejemplares. Se cuenta que el Fondo de Cultura Económica nada más vendió mil. Con eso hubo para situarlo como lo mejor de los escritores en castellano. Fue traducido al inglés, francés, italiano, alemán, sueco, polaco, noruego, finlandés…

Juan Rulfo debería ser de lectura obligatoria para los jaliscienses. Es el único escritor de importancia mundial que tenemos… y miren que escritores jaliscienses los hay excelentes, sobre todo en ficción, pero como Juan Rulfo, ni en Jalisco, ni en el resto de la República, ni en otro sitio donde se escriba en español en estos siglos.

Pero además, no por nada dicen: Si lo bueno es breve, dos veces bueno.