El teatro político regresa a la carpa

PEÑANo es que no hubiera teatros en las ciudades mexicanas. Hasta en las ciudades medias, como Lagos de Moreno e incluso en las haciendas, había sus buenos teatros de adobe y mármol, como el que aún se mira en Atequiza.

Y tampoco es que los teatros formales se pasaran de elitistas, aunque la gente aprovechara las idas al teatro para presumir su mejor ropita. Digan si había elitismo, en la función que el gobernador Zuno organizó en el “Degollado”, a beneficio de las obras en el mismo teatro; función que consistió en pelea de box entre mujeres: una de Colima y otra de Jalisco, para darle sabor regional. (Eso para quienes se escandalizan, porque “nunca antes” se habían visto boxeadoras, dando malos ejemplos a la abnegada y sufrida mujer mexicana).

Pero de hecho el teatro popular en México no se hizo en los teatros, sino en las carpas. Con decir que de las carpas surgió “Cantinflas”, está dicha la importancia de esos escenarios movibles, improvisados, bastante incómodos, porque ni cuando que fueran las carpas del “Cirque du Soleil”. Eran de lona corriente y parche. Puro pueblo, de cuando la mezclilla no les había sido arrebatada por la burguesía voraz y era uniforme la gente con mano encallecida.

Difícil no vincular aquel pasado con el futuro prometedor, ahora si que nunca antes visto, repasado por Peña Nieto en su informe que no fue informe, bajo la “Carpa Madero” que ya tiene espacio en Los Pinos.

Por supuesto que mejor en Los Pinos que en el cuartel, pero de todas formas, triste es que habiendo tantos teatros en la Ciudad de México -algunos de ellos casi exclusivos para funciones de los políticos-, en lugar de irse a Bellas Artes, donde sólo falta que presenten a Platanito o al mismísimo Auditorio Nacional… o de perdida al patio del Museo de Antropología, hayan optado por la carpa, si no era la intención que simbolizara “el estado que guarda la nación”.

Ahí sí el súper equipo de la buena imagen derrapó. ¿Tan mal estamos en esta crisis que no es crisis, en esta recesión que no es recesión, en esta atonía que no es atonía, en este bache que no es bache, como para ajustar apenas para carpa en la capital del país que “está en su momento”? ¿Qué van a decir en Nueva York, ahora que nos están espiando?

Pero hasta eso que el respetable público invitado no le hizo gestos al lugar y llegó a la carpa muy dispuesto a aplaudir todo. Nada parecido a las exigencias de cuando a Palillo le exigían agresivo discurso y buen revire al albur.

De nuevo recordemos a Jesús Reyes Heroles -Reyes Heroles, Jesús- con su perogrullada de que en la política la forma es fondo. Y si la forma fue la carpa eso quiere decir que tocamos fondo. ¿De ahí para arriba?

Eso fue lo que quedó del mensaje que si fue mensaje, del informe que no fue informe. En los próximos cuatro meses, el equipo operador de Peña Nieto apretará el paso y sacará hasta reformas de las reformas, para completar el paquete, aunque sigan algunos queriéndonos regresar a cuando Huichilobos, a cuando don Porfirio, a cuando don Lázaro, a cuando don Adolfo Ruíz Cortines… o ya de perdida, a cuando las momias de Guanajuato.

Los del Colegio de México escribirán que desde una carpa, vino el “último jalón” de la nueva reforma que nos llevará a poner a temblar a los chinos, a darles a los europeos una sopa del amargo chocolate y a que los partidos del Atlas sean de transmisión indispensable en la televisión española -nada más para que vean hasta dónde llega el odio irracional de los árbitros hacia un delantero rojinegro-.

Porque ahora sí, no habrá manifestación callejera, ni poder fáctico que detenga lo que viene como “El Checo”, cuando agarraba pichón.

La reforma va… y váyanle poniendo música.