¿A cómo el día de manifestación?

Por supuesto que cada manifestación, cada plantón, cada espontáneo mitin, cada multitud de 132 protestadores, cuesta y cuesta mucho.

No sólo en el Distrito Federal hay profesionales de la protesta, vividores de la manifestación, expertos en plantones y tomas de edificios. Unos con estudios, diplomados en “agitación y propaganda”; otros que para eso fueron a la universidad o al tecnológico y saben con tres docenas de sumisos desquiciar el tráfico de una gran ciudad.

Hace doce años allá en México, entre los políticos se decía que una manifestación pacífica en lo que apodan “El Zócalo”, pero de hecho es una enorme plaza frente a Palacio Nacional, salía como 14 millones. Ya si era plantón— aparte de la inversión inicial en transportación, carpas, tambos y comales, mantas y chupe para las inclemencias de la madrugada—, con las tres comidas, apenas alcanzaba con 20 millones diarios, si era pacífico, más lo que costaban los especialistas moledores y demoledores, en caso de que se quisiera con escalada dramática.

Para cualquiera nada acostumbrado de disponer del dinero ajeno, resultaba un dineral lo necesario para cualquiera movimiento “popular, espontáneo, honesto”. De ahí que años antes sentenciara Hank González: “político pobre, pobre político”.

Ahora se filtra el dato que parece engañoso, respecto a que el día de plantón en “El Zócalo” les esté saliendo en 11 millones de pesos. ¡No inventen! Eso y los salarios para arquitectos serían lo más deteriorado en los últimos veinte años. ¿Cómo que apenas 11 millones diarios, con w.c. portátiles, comida en céntrico café de chinos o botaneada en magisterial cantina, lucidoras tiendas de campaña gringas recién estrenadas y otras monerías?  Sin análisis no se debe aceptar el dato.

Hace apenas unos días, el riquísimo Cuauhtémoc Cárdenas apenas alcanzó para una multitudinaria manifestación de dos a tres mil marchantes que marcharon. Si estuvieran tan baratos, fácil una de esas marchas hubiera acarreado los diez o 20 mil de “pueblo de México” que es lo mínimo para una manifestación, sin vidrio roto, en el Distrito Federal. Digo, porque 2 mil los junta hasta el Necaxa cuando llega a jugar alguna final y de boleto gratis.

No es lógico aceptar que a los “maestrillos” les ajuste con 11 millones al día, para estar y seguir en “El Zócalo que no es zócalo”.

Lo más posible es que cueste más, pero no tanto como si en lugar de tener la plaza con empleados del gobierno que no van al trabajo en las escuelas, tuvieran la plaza llena de desempleados, clamando por chamba “de lo que sea”, pero mejor si es en el gobierno. Eso sí que no se controla, ni con cien millones diarios.

Pero además, para quienes no acaban de entender lo importante que es el trabajo de los políticos, cuando se necesita tener las tiendas abiertas y que la gente pueda llegar con tranquilidad a comprar y consumir, sentir lo que sucede cuando la “chusma” se desborda, les sirve para agarrar la onda y dejar de renegar por pagar impuestos y por lo bien que ganan y viven los políticos en México.

Caros, pero son “plantones didácticos”, para que aprendamos todos.