El alba de Thomas White

Todo ser humano, desde que es concebido, es para ser libre y siempre lo será aun cuando su cuerpo este aprisionado por los fríos barrotes de una celda, no importa, su alma es libre y para ser libre. No existe poder humano que pueda privar de su libertad a un hombre. Las prisiones, en verdad, están llenas, repletas, de hombres libres.

Ni los vicios, ni los errores, mucho menos la ignorancia, ni la pobreza, ni la enfermedad, ni la escasa inteligencia, la ancianidad y ni el infortunio nos podrán despojar de ese don de Dios, infuso en el espíritu, al que llamamos libertad. Sello indeleble de eternidad.

Y si algún día nos sorprende la muerte con las cadenas puestas en nuestras muñecas, ese mismo día veremos el alba de la verdadera libertad, el fulgor de ese amanecer en el espíritu, lejos de la carne, del mundo y sus demonios. Observaremos, con infinita atención, que ninguna injusticia de alguna prisión, pudo arrancarnos el sello de la libertad. Porque la libertad es de Dios y ella un regalo de Él para nosotros.

Porque ninguna autoridad, por legítima que sea, ninguna ley, por justa apreciada, o cualquier otra disposición humana nos puede dar, o quitar, la libertad. Porque la libertad no es un derecho sino una naturaleza real del alma, una propiedad de ella que Dios, gratuitamente, nos transfirió, desde la eternidad y para la eternidad.

Muchos pueden ser nuestros pecados y otros tantos nuestros delitos pero ello no conlleva a perder esa libertad. Hagas lo que hagas, te hagan lo que te hagan, siempre, siempre y para siempre, serás infinitamente libre porque, sencillamente, así lo quiso Dios.

Thomas White fue hombre que, como los demás, vivió bajo esa misma ley. Si su cuerpo estaba encerrado, su alma jamás. Vivió y sintió, como tantos otros, la cruel injusticia de la corrupción, la mordiente víbora de la codicia, la aguda espada de la calumnia, de la denostación social y de la marginación sin piedad. Pero, como los demás, nunca perdió su libertad.

Al margen de su condición humana, con independencia de su culpabilidad o inocencia, fue un hombre que murió en manos de sus carceleros, bajo el yugo de la maquinaria judicial, detonado bajo el fuego del poder gubernamental , pero, con eso y más, jamás lo abandonó su libertad.

Un voto de confianza para Thomas White, así como para muchos otros, que ya se encontraron, frente a frente, en el alba de la libertad. Vayan con Dios y un réquiem de paz.

AMIGOS

Un saludo cordial para nuestro amigo el Dr. Marco Antonio Rodríguez Peña, subdirector del IMSS, allá por la Medina Ascencio, por su extraordinario profesionalismo, su don de gentes y alta eficiencia. Médicos como él engrandecen la imagen de esa institución de seguridad social. Otro saludo para nuestro buen amigo, el eminente abogado Arnulfo Ulloa, uno de los pilares del Derecho en Vallarta.

El odio es la mascota del diablo.