El planeta está enojado

LUNA 3Qué tristeza ver la enorme tragedia que sufrimos en gran parte de nuestro país. “Ingrid” y “Manuel”, al mismo tiempo, uno por un costado y la otra por el lado opuesto, nos han estrangulado con diluvios que han inundado y destruido campos, pueblos y ciudades, han arrasado con viviendas, fábricas y sembradíos, han dejado a muchos sin casa, sin pertenencias y algunas veces sin familia y sin vida. Guerrero, Oaxaca, Veracruz, primero, y después Tamaulipas, Coahuila, San Luis Potosí, Colima, Sinaloa y muchos otros estados sufren hambre, sed, padecimientos y mas allá decepción, tristeza y llanto.

Aquí en Vallarta debemos agradecer a la vida que solo sufrimos por la desgracias de nuestros hermanos; es el momento de agradecer nuestro privilegio y apoyar a nuestros hermanos en desgracia, a nuestros hermanos de patria, a nuestros hermanos mexicanos.

Es tiempo de reaccionar. Cuidemos todo este planeta, no hay otro.

La Tierra, el planeta Tierra está enojado y ha manifestado su enojo de mil maneras, las más en forma de fenómenos naturales. ¿Qué otro idioma puede tener, el pobre, que el de repelar enviando terremotos, tsunamis, temblores, inundaciones, deslaves, incendios, sismos, maremotos, marejadas, agrietamientos, calentamientos, enfriamientos, inversiones térmicas? Otras veces los mensajes nos llegan de manera más “humana”: desgracias provocadas por nosotros mismos, los seres más inteligentes del planeta, desquiciados por nuestros propios malos comportamientos frente a la Tierra Vida; y es que secretamente somos actores y testigos de guerras, enfrentamientos, complots, terrorismo, atentados, magnicidios, provocaciones, contaminaciones…

Los climas han cambiado, al igual que las precipitaciones pluviales; los ciclos de las cosechas, la fauna y la flora presentan signos de franca extinción; los ríos se secan o, en el mejor de los casos, se contaminan al punto de llegar a ser inservibles, los mares se utilizan para pruebas nucleares, el Delta del Amazonas empieza a desaparecer, los glaciales se derriten, los trópicos se congelan, los bosques desaparecen, las ciudades pierden identidad, las palmeras mueren emplagadas, los árboles se destruyen con machetes y tractores.

Y el pobre planeta Tierra, el que nos vio nacer hace millones de años, el mismo que albergó el paraíso terrenal de Adán y Eva, en cuyos mares navegó Noé en su arca llena de animales emparejados, el del Atlántico donde se hizo el encuentro de dos mundos y el Pacífico de las ballenas grises y el Mediterráneo de los sabores a olivos y hierbas, la Tierra de la Antigua Grecia y de los filósofos sabios y del Imperio de los Romanos, la de Jordán y los parajes donde evangelizó el Salvador Jesús…la única Tierra, el único planeta del sistema solar donde nos consta que hay vida, patalea, protesta, repela para poder conservar un escenario donde los humanos y las próximas generaciones por los siglos de los siglos, sigan disfrutando del enorme don que Dios nos dio de la Vida.

Oídos Sordos

Necios somos los hombres, lentos para captar el significado de los signos de los tiempos, cabezas duras para descifrar los riesgos del futuro y, por el contrario, encontrar las oportunidades. Descuidos, lentos, perezosos, rutinarios que no leemos entre líneas…que digo: la claridad del mensaje. La naturaleza está avisando, desesperadamente notificando a los moradores de este mundo que tenemos que cambiar nuestra conducta destructiva so pena de morir de sed, de hambre y de tristeza. Los mensajes son claros…nadie quiere escucharlos, no queremos creer que si no hacemos algo, el agua se va a acabar, los alimentos van a escasear, las aves dejarán de cantar, las flores serán de color luto y la risa de los niños se convertirán en llanto. Es duro pensarlo, pero nada nos conmueve.

Aquí tan solo

Aquí en Puerto Vallarta talamos árboles despiadadamente, sin temor y sin límite; destruimos los esteros, contaminamos el agua del mar, atacamos la montaña, acabamos con las áreas verdes. Aquí mismo, el tránsito es un embotellamiento a todas horas, hay más gas carbono que flores; permitimos un transporte público salvaje, prostituimos nuestro estilo arquitectónico, acabamos con las áreas agropecuarias, tapamos el cauce de los ríos, talamos los montes, construimos en zonas de alto riesgo, nos orinamos y defecamos en las playas…más gases, menos árboles, menos bosques.

Aquí en Vallarta nadie cree que algo vaya a suceder…todo es bonito, nadie piensa en las consecuencias. La palabra “progreso” ha sido un escudo poderoso para cometer atropellos y barbaridades…y el dinero, que después no habrá ni donde gastárselo, porque en el páramo y en la muerte el dinero no sirve para nada.

Ayer

Son las 6:26 de la mañana la luna estaba sobre el mar, era la hora exacta en que la luna creciente llegaba a luna llena. A las 7:15 bajo mucho más buscando esconderse en el horizonte, parecía entonces que había dos lunas, la llena y el reflejo de la luna sobre el mar. ¡Qué belleza!

Vale la pena cuidar este planeta.

Por hoy fue todo. Muchas gracias. Hasta el próximo viernes.