El Minotauro y el Centauro a dos de tres…

No sé ustedes pero a mí me divierte ver en los canales de televisión el espectáculo de la lucha libre, que seguramente es una especie de deporte que atrae a las multitudes. Tanto, que uno de los cientos de canales de Televisa le dedica muchas horas en su transmisión.

Desde luego que al leer el título de este día se dieron cuenta ya de la novedad en la lucha libre, los míticos personajes de la Grecia de los Dioses, semidioses y seres con poderes como estos dos, el Minotauro y el Centauro, forman parte de la mitología.

Por si no lo saben, les cuento que el minotauro, hijo de un semidiós, fue un personaje que se alimentaba con humanos y fue encerrado en un intrincado laberinto que ni él sabía cómo salir. Muchos fueron tentados a destruirlo, pero nadie podía entrar sin riesgo de perder la vida en ese laberinto. La bestia, al olor del ser humano, su hambre le hacía esperar su llegada. Muchos entraban jugándose la vida, pero nadie salía vivo. La historia tiene un final, busquen l en el Goggle, que está a la mano, es toda una historia.

El caso del Centauro era distinto. Un hombre con brazos humanos y cuerpo de caballo. La imaginación al tope del ser que lo escribió y de quienes escribieron todas esas historias elevadas a la mitología. Se tejían historias, como en México lo hicieron quienes escribieron historietas por muchos años, entre ellos Don Germán Butze.

A dos de tres

Así como esos autores de las mitologías griegas, en la lucha libre no hay límites, se reinventan todos los días para crear personajes y llegar  a la fama. Dos personajes adoptaron esas figuras de la mitología griega y ahí están. Luchan a dos de tres caídas sin límites de tiempos. Como dijera la ya mítica Mago Ortiz: “Chingándole pa’l máiz”

Luchan en pareja o en los llamados relevos australianos, que de australianos solo tienen el nombre, simplemente es así porque se enfrentan tres contra tres, bajo reglas consentidoras. No se respetan y los réferis toleran y fingen no darse cuenta que al rato, sin reglas, van todos contra todos.

Lo espectacular estallan de emoción, son sencillamente extraordinarios atletas que materialmente vuelan de una esquina a otra y hasta dan vueltas en el aire para caer sobre el rival que ya está fuera del cuadrilátero, en las sillas de los espectadores de primera fila. Las emociones van una tras de otra hasta el final que siempre resulta una a favor, la otra encentra y la tercera como si echaran el volado con una moneda antes de subir al ring.

Así de emocionante es la lucha libre y los mexicanos se llevan las palmas. Los gringos basan su espectáculo en la fuerza y a golpearse con lo que pueden, es un tosco espectáculo sin el arte de los mexicanos.

Los mexicanos divierten hasta a las momias de Guanajuato, que alguna vez se atrevieron a salir del claustro para formar parte también de la lucha libre. Llegaron a protagonizar películas con los míticos: Santo, Blue Demon y el Médico Asesino… ¿Quién no los recuerda?

Luchar enmascarado

En México, se impuso eso de luchar con máscara y se han dado de todo tipo: Buscan crear el misterio. Mucha gente, miles o millones de aficionados de todo el continente americano, jamás conocieron la identidad de El Santo hasta que este se retiró tras más de treinta años de subir al ring.

Miles de historias se tejieron en torno a su identidad, la principal que era un artista de cine que lo hizo para conservar la identidad en donde buscaba ser famoso y no lo conseguía.

Black Shadow, tenía sus propias razones… Tenía un ojo que miraba para home y el otro para tercera y solo se descubrió cuando perdió la máscara precisamente frente a su gran rival de toda la vida: El Santo.

En estos tiempos modernos de la lucha libre hay nuevos personajes, esto es interminable, siempre hay personajes de la historia o seres míticos como aquel Canek el indomable indígena que se enfrentó y venció tantas veces a las tropas españolas de la conquista.

Así van a surgir por siempre personajes y llegaran a ser famosos de acuerdo a su espectacular forma de inventarse para llegar al público.

Les digo más

En Guadalajara, conocí a colegas periodistas que luchaban los fines de semana enmascarados en los pueblos cercanos para “chingarle p’al máiz”. Dos de estos, que luchaban en relevos, se vinieron a Puerto Vallarta aferrados a vivir del periodismo.

No les va mal. En el arcón de los recuerdos, conservan la máscara para no olvidar los viejos tiempos.