Inconvicto

IMAGENPor fe se entiende todo aquello que nos produce seguridad, afirmación de que algo es cierto. Lo anterior produce lo que se llama el convencimiento y ese sentimiento tan especial al que le llamamos adhesión que no es otra cosa que apoyar públicamente a algo o a alguien.

La fe y el convencimiento emergen del pensamiento, en tanto que la adhesión se origina en el sentimiento y en la voluntad. Son las tres potencias del alma mediante las cuales pensamos, queremos y hacemos. Para llevar a cabo nuestra vida diaria es indispensable creer, estar convencidos, querer y hacer lo que creemos y de lo que estamos convencidos.

Los actos que a lo largo de nuestras vidas llevamos a cabo, deben de reunir esos tres requisitos: creer en lo que hacemos porque lo queremos y estamos convencidos de ello. De modo contrario esos actos producen insatisfacción y frustración. Porque son legión aquellos que hacen sin creer y sin querer por convicción. Simplemente hacen.

Esa larga o corta vida se compone de una infinidad de actos que si son vacíos sólo nos producirá profundas depresiones. Sólo aquel que cree y quiere lo que hace porque está convencido de ello podrá acumular bienestar. Porque pasamos por esta vida haciendo por hacer, como si fuéramos muertos vivientes, seres vacíos cuyo final existencial culminará en la desesperación de una vida inútil.

Quién de alguno de nosotros cree, al menos, en sí mismo? Acaso creemos en los demás? La respuesta es: no. Somos unos simples bobos existenciales, piedras que ruedan sin cesar por los caminos, viento que sopla ora en una dirección, ora en otra. Vagabundos del mundo que deambulamos como fantasmas.

Hombres y mujeres que nunca han creído en algo o alguien, que no quieren ni están convencidos y, muchos menos, se adhieren con sinceridad. Hacen falta cerebros, corazones y voluntades que llenen al mundo de entusiasmo y de esa alegría que sólo mana del creer, del estar convencidos y adheridos con sencilla sinceridad.

He vagado ya algún tiempo por este lugar llamado mundo y sólo he visto almas muertas, haceres mecánicos, amores vacuos. Espíritus que llegan al final de sus días gritando y llorando, arrastrando un vacío sofocante, repletos de arrepentimiento.

El ser inconvicto es otra de las causas de terrible angustia existencial que nos lleva a la demencia eterna, al abismo de la exasperación. Seas quien seas, cuando hagas, hazlo porque crees en ello, porque estás convencido de ello y por amor a ello.

Sino, más te vale, no hacer nada.