Todo bajo control…

…DE LOS CRIMINALES. Luego del patético “les hemos quedado a deber” pronunciado por la regidora Susana Carreño en el marco de su primer informe de gobierno, uno esperaría que las disculpas vinieran en cascada de parte de un grupo que supo cómo ganar pero jamás entendió cómo gobernar. Con epicentros de poder en varias partes del municipio y del estado, el gobierno de Ramón Guerrero Martínez es un desastre total, lo cual no tuviera mayor importancia de no ser por sus graves consecuencias: una ciudad destrozada en sus calles, sucia por el pésimo servicio de recolección, con el servicio de alumbrado público entrampado por una resolución legal, y con una ola de inseguridad que nos ahoga a todos. Ante la crisis de criminalidad que padecen todos los niveles de la sociedad vallartense lo menos que se esperaría sería un claro diagnóstico y la promesa de pronto solución del problema. Para aspirar a resolver un problema lo más importante es reconocer que se tiene el problema, por eso sorprende e indigna la postura del jefe policiaco Rogelio Hernández de la Mata, quien tranquilamente presume que los índices delictivos de alto impacto han disminuido en Puerto Vallarta. Es una pena que este señor no lea los diarios policiacos, porque de hacerlo tendría claro que la ciudad es un polvorín, con asesinos y asaltantes operando con toda impunidad.

EL RECUENTO DE LOS DAÑOS. En el clímax del optimismo el propio comisario de la policía local hace un recuento de los últimos acontecimientos y los minimiza por su contexto: dos abogados de Guadalajara ejecutados frente al restaurante El Torito, pero no cuentan porque venían de Guadalajara y al parecer ya traían cola. El centro de Vallarta les gustó a los malandrines para llenarlos de plomo, en lugar de atacarlos en algún tramo solitario de la carretera entre Guadalajara y Puerto Vallarta. Luego un vendedor de carros fue ejecutado a plena luz del día en la colonia Villas Universidad, pero tampoco cuenta porque el tipo venía huyendo de Puebla, donde tenía orden de aprehensión. Después una señora encontrada asesinada en su propio domicilio en la colonia Ojo de Agua, a la cual “no le roban nada, excepto su camioneta”, apunta el inteligente comisario. Después vendría el estallido de una cisterna llena de gasolina en El Colorado con saldo de un muerto y varios heridos, algo que es un hecho aislado porque no está relacionado con los otros acontecimientos. A esta lista de hechos ocurridos en sólo una semana habrá que agregar el asesinato en la puerta de su casa de un organizador de quinielas que fue ejecutado al momento de abrir la puerta de su hogar. Al mismo tiempo las oficinas del Seapal son asaltadas, lo mismo que un Oxxo y otras negociaciones que operan en la ciudad. La propia realidad se encarga de desmentir al comisario, que presume que los índices delictivos de alto impacto han disminuido.

¡SÁLVESE QUIEN PUEDA! Cualquier conocedor de la realidad vallartense tendría claro la grave crisis de inseguridad que azota al municipio, sin embargo se entiende el desconocimiento que tiene don Rogelio de esta realidad por tener poco tiempo radicado en la ciudad. Para que lo sepa, en Puerto Vallarta no existen los asaltos bancarios, y los robos a mano armada eran escasos hasta hace poco. Hoy los asaltos a negocios empiezan a ser una constante, lo cual habla de bandas criminales organizadas que operan en la ciudad. La ejecución de los dos abogados tapatíos es una demostración de que Puerto Vallarta está en manos de grupos criminales perfectamente organizados que reaccionan ante cualquier intento de arrebatarles el control de la plaza. Cuando un automovilista llega a Puerto Vallarta proveniente del norte, justo al ingresar al puente del río Ameca puede leer un pequeño letrero pintado con letras rojas sobre fondo blanco: “Jalisco está comprado con la sangre de Dios”. Pareciera una propaganda de alguna secta religiosa, pero parece también una advertencia a quienes llegan a la ciudad con ganas de extender sus territorios. Lo cierto es que en los últimos tiempos hay mucha sangre derramada en las calles de la ciudad.

LA POLICÍA SIEMPRE EN VIGILIA.  Se entienden los tiempos difíciles por los que atraviesa el país, lo que no se acepta es un mal diagnóstico de la realidad. Rogelio Hernández, lejos de aceptar sus fallas y limitaciones, sale a los medios a presumir que los índices delictivos están bajando. Pero la realidad es otra: la policía municipal está totalmente desmantelada debido a la carencia casi total de patrullas y combustible. En lugar de comprar patrullas el alcalde Ramón Guerrero prefirió gastar 13 millones de pesos en la jardinería de la avenida de ingreso, así como otros 10 millones de pesos en la compra de mochilas chinas que la mayoría de los niños se niega a usar por su espantoso diseño y su pésima calidad. Tratando de justificar la incapacidad del gobierno para adquirir las urgentes patrullas, el titular de la policía municipal presume que el 20 de noviembre se exhibirá el poderío de la policía municipal, cuando finalmente esté en la calle el parque vehicular adquirido, especialmente las 50 patrullas brasileñas presumidas por el ayuntamiento desde hace varios meses. Y es que por alguna razón a los genios de palacio no les gustaron las marcas locales y optaron por comprar patrullas en Brasil, sólo que extrañamente la empresa distribuidora ha tenido algunos problemas para entregar los autos. Con este antecedente no será extraño que en unos cuantos meses la mayoría de esas patrillas cariocas esté en el taller municipal por falta de refacciones.

POSDATA. Mientras llegan las 50 patrullas brasileñas la policía municipal ya tiene en sus almacenes, que no en sus calles, el resto del parque vehicular: motocicletas, cuatrimotos y patines denominados speedway, que sólo servirán para patrullar el malecón porque de ahí en fuera es imposible que circulen por el resto del municipio. Dice el comisario que optaron por comprar motocicletas porque en las colonias populares no pueden circular las patrullas. En realidad compran motocicletas debido a la crisis municipal que complica al máximo conseguir gasolina.

VOX POPULI. Mientras llegan las patrullas brasileñas, los policías municipales hacen sus rondines en poderosas bicicletas que los ayudan a mantenerse en forma, y los que ni bicicleta alcanzan se ven obligados a patrullar a pie. Mientras, los altos mandos de la corporación se pasean por el municipio a bordo de flamantes camionetas de ocho cilindros. Durante el gobierno de Gustavo González Villaseñor hubo una crisis similar y se ordenó que todos los vehículos asignados a áreas administrativas fueran convertidos en patrullas, ¿qué esperan para tomar una medida similar?