Los condominios residenciales y sus camas frías

CUARTOSHace un poco más de cinco años <17 de febrero de 2008> que se publicó el siguiente artículo en este diario. Su pertinencia sigue siendo válida ya que los “servidores públicos” que gobiernan la ciudad han probado una vez más que ésta es lo que menos les importa, mientras cuiden los beneficios para sus partidos o para sus bolsillos.

La icónica imagen de nuestra ciudad con su “pueblito de pescadores” ha desaparecido para dejar paso a un set “holliwoodesco” lleno de antros modernos, <con luces de colores y todo> que emularían a los antiguos “saloon” del siglo XIX en el viejo Oeste americano. Mientras que añosos bosques, <Molino de Agua> entre otros, han dejado su lugar a altos edificios de vidrio y cemento.

“La premisa que debe establecerse para analizar el impacto de los desarrollos residenciales en un destino turístico es de que estos no son proyectos turísticos, son proyectos inmobiliarios con un fin distinto y hasta contrario al verdadero turismo. En todas las ciudades del mundo y en especial en los destinos con una fuerte vocación turística, la planeación urbana es el instrumento que las autoridades utilizan para reglamentar el uso del suelo y por lo tanto para establecer donde se puede y donde no es conveniente, de acuerdo a la normatividad aprobada por la comunidad, construir condominios residenciales.

Cada ciudad tiene sus propias oportunidades y limitaciones, sean estas de territorio, de vocación económica, o de interés turístico, como pudiese ser Puerto Vallarta. Lo importante es que exista un Plan de Desarrollo a largo plazo que proyecte la urbanización hacia la ciudad que se quiere tener dentro de 20 o 30 anos. Dejar el desarrollo en manos de los especuladores inmobiliarios es tanto como dejar la iglesia en manos de Lutero. <Lo mismo puede decirse de los inquilinos de Palacio Municipal>.

La historia de la ciudad de Miami, es ilustrativa de lo que se puede lograr con una planeación a largo plazo y la determinación para realizarlo. Desde las primeras décadas del siglo XX el sur de la Florida y en especial la ciudad de Miami se había convertido en la meca de los millonarios de las grandes urbes del norte de los Estados Unidos, Quienes huían hacia el sur para protegerse de los crudos inviernos del norte. Surgieron entonces los grandes y lujosos hoteles para alojar a los ricos turistas que en aquella época se quedaban por meses en el destino. Miami progresó. Un millonario visionario, de esos que  huelen las oportunidades, inclusive construyó un ferrocarril para atraer a los visitantes invernales hacia los cayos de la Florida en pleno mar Caribe.

Pero la fórmula no funcionó por mucho tiempo, por una parte el turismo era estacional. En invierno Miami estaba completamente lleno, las tiendas hacían su agosto en y la población gozaba de un buen nivel de vida, pero en la primavera todo mundo regresaba a su lugar de origen.  Lo más grave: la zona era vulnerable a los huracanes que año con año azotaban y causaban destrozos. El ferrocarril a los Cayos fue fácil víctima de uno de ellos.

Para darle la puntilla, la crisis económica del 29 redujo el flujo turístico y por lo tanto la ciudad lo resintió gravemente en su economía.  Los gobernantes y la comunidad se reunieron para analizar la situación y encontrar alternativas para su ciudad. Fue entonces que se trazó un Plan a largo plazo: aprovechado la oportunidad de su ubicación estratégica en cuanto a América Latina, su cercanía al mar y su importante infraestructura, decidieron, más o menos lo siguiente:

1.Miami no dependería enteramente del turismo. Es más, no sería prioridad.

2.La ciudad se convertiría en un Centro Financiero para los países de sur América.

3.Miami sería un Centro Cultural a través de la promoción de la Bellas Artes.

4.Se promovería el desarrollo del negocio de Bienes Raíces.

5.Miami sería un Hub o centro de comunicaciones por aire y mar, con énfasis en sur América.

Después de siete décadas de haber decidido su destino Miami es lo que es.

La anterior es sin duda una historia de éxito que se dio en condiciones especiales y favorables dada la economía del país, pero fue la determinación de su comunidad, de los “Padres de la ciudad”, como los americanos gustan llamar a sus líderes, lo que hizo la diferencia.

A la luz de lo que en tiempos recientes ha venido sucediendo en nuestra ciudad, donde es evidente que nuestra comunidad no ha tenido Padres (en el sentido que lo toman los gringos) los gobernantes, o no tuvieron la claridad de pensamiento para distinguir la diferencia entre un negocio inmobiliario y especulativo y el turismo, en especial la hotelería tradicional, o fingieron ignorancia por intereses oscuros.

La comunidad y dentro de ella, la llamada iniciativa privada nada hizo para prevenir una situación que se venía venir desde  pasadas administraciones. En un pueblo como el nuestro no hay secretos que se oculten lo suficiente para no ser detectados. Lamentarnos ahora de que en la última semana de la pasada administración se expidieron montones de permisos de construcción, de manera subrepticia, no nos lleva más que a la necesidad de organizarnos para evitar futuros abusos de autoridad en perjuicio de la comunidad.

En un destino donde el turismo es la base de la economía, que cuenta con un territorio limitado, con una creciente demografía y donde parte importante de su atractivo es la naturaleza, el haber optado por permitir el desarrollo de grandes proyectos residenciales va en contra de la lógica, ya no digamos de un Plan de Desarrollo Urbano, sino del simple sentido común.

Es ya importante el número de unidades residenciales en condominio que existen en el destino en relación con el número de unidades hoteleras, y sin embargo se siguen construyendo nuevos desarrollos, ya no fuera del viejo casco del pueblo, sin dentro del mismo, ya no solo cambiando el perfil de un pueblo típico, sino afectando gravemente la infraestructura. Ya no solo se construye en las tierras planas, los grandes y monstruosos edificios han trepado las montañas sembrando las verdes laderas de cemento y vidrio.

Pero lo más grave, lo verdaderamente criminal es que cientos, miles de habitaciones construidas por todo el territorio, permanecen vacías la mayor parte del año. Esta situación es equivalente a ser propietarios de tierras fértiles que pudieran cosecharse dos veces al año, solo se labraran en una pequeña parte, y una vez al año.

Los condominios residenciales que no son otra cosa que segundas, o terceras casas de gentes con las posibilidades económicas de hacerlo, se utilizan solo unas cuantas semanas al año. Y cuando sus propietarios nos visitan, porque eso son: visitantes, no turistas, trasladas a sus segundas o terceras casas su forma de vida. Van al supermercado, tienen automóviles, y sus gastos se limitan a unas pocas salidas a cenar, pues no realizan compras, ni utilizan taxis, ni tours turísticos, ni hacen los mismos gastos que los turistas. En sus lugares de origen tienen mejores mercancías de las que aquí podríamos ofrecerles y mejores restaurantes. Tampoco pagan suficientes impuestos, pues el predial es menor a lo que pagan a una fámula esporádica que utilizan cuando ocupan su unidad.

La derrama económica que dejan en la población es mínima en relación al turismo, aun al de menor capacidad económica.

Ocupar una grande parte del territorio disponible para condominios residenciales que la mayor parte del tiempo permanecerán vacíos es entonces un mal negocio para el destino, pero un buen negocio para los desarrolladores que vienen, construyen, venden y se llevan sus utilidades a otra parte donde repiten la operación.

Y mientras tanto nuestro destino sigue, paradójicamente sin destino definido. Es por eso que mantenemos un gobierno pobre y un municipio con la mayor parte de la población apenas sacando la cabeza por encima de la precariedad. (Las colonias populares).

Los gobiernos municipales se han reservado el derecho de decidir el futuro de la ciudad. No han gobernado junto con la comunidad, como lo hizo la ciudad de Miami y como lo hacen tantas ciudades en el mundo. Ellos, los gobernantes son culpables de lesa humanidad. No tienen el derecho de comprometer el futuro de una comunidad. No son dueños de la verdad. Pero también la comunidad ha sido omisa de actuar en defensa propia. Si alguna sanción recibiera los gobernantes de la pasada administración, nada será en relación al daño causado. Ojala que su conciencia sea lo suficiente clara para superar su ignorancia.

El gobierno actual sigue la misma tónica. Cree, de manera equivocada, que los votos que lo eligieron le dieron carta blanca para aplicar su criterio, tal cual fueran infalibles. El hacer a un lado a los creadores de empleo, a los inversionistas locales, a los que aquí invirtieron y aquí se quedarán, es una política equivocada. ¡Pobre Puerto Vallarta!

[spacer style=”4″ icon=”9998″]

El autor es analista turístico, presidente de la Asociación Mexicana de Expresidentes Empresariales de Puerto Vallarta y Bahía de Banderas A.C., expresidente de Canirac, exdirector de Hoteles Camino Real, miembro de la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística y fundador del capítulo Puerto Vallarta de la Chaine des Rotisseurs.