Puro teatro

TEATROCONSECUENCIAS PREVISIBLES. Tuve la suerte de conocer muy de cerca el proceso de remodelación y apertura del Teatro Vallarta gracias a mi amistad con uno de los principales fundadores del proyecto, quien fue uno de los primeros en ser expulsados de la empresa en cuanto comenzó a operar. Desde principios del 2010, semanas antes de que el Teatro Vallarta abriera sus puertas, era fácil predecir su fracaso por dos razones principales: en primer lugar la enorme inversión, 120 millones de pesos, que se aplicó para rehabilitar el edificio que por muchos años fue sede del Cine Vallarta. Lo peor de todo es que ese dinero sólo fue para el remozamiento y equipamiento del teatro, porque se firmó un contrato de arrendamiento de 20 años con el dueño del inmueble. En ese año comprar el edificio de los Cines Versalles, más moderno y funcional que el cine Vallarta, costaba 40 millones de pesos, sin embargo los inversionistas le dieron vuelo a la chequera haciendo cuentas muy alegres que nunca pudieron concretar. El segundo factor que condenaba al fracaso al Teatro Vallarta consistió en pretender hacer del turismo que llega por los cruceros su mercado principal.

UN MAL CÁLCULO. El origen del proyecto se remonta a cuando uno de los inversionistas vacacionó en Argentina y conoció un espectáculo centrado en el tango argentino, entonces concibió la idea de establecer en Puerto Vallarta un espectáculo similar denominado Fandango. Para ello se concibió una compañía altamente profesional, con la colaboración de artistas y músicos de prestigio nacional, sin embargo el cálculo estaba mal diseñado desde el principio, porque apostarle al mercado de cruceros fue un error garrafal. De entrada es conocido que los cruceros tienen en su interior teatros de mayor aforo que el Teatro Vallarta, al tiempo que ofrecen espectáculos de igual o superior calidad artística que el pretendido Fandango, que en su inicio fue bastante bueno pero que terminó degradándose muy pronto por cuestiones presupuestales. Inicialmente la compañía se formó mediante audiciones en Guadalajara y otras capitales, sin embargo ya con la obra puesta en marcha el presupuesto escaseó y se optó por la contratación de bailarines locales, la mayoría de ellos pertenecientes a los staffs de los hoteles vallartenses. De igual forma los creadores del espectáculo muy pronto fueron marginados del proyecto, quedando en manos de personas sin el menor conocimiento de la materia.

JUGUETE DE NUEVOS RICOS. La fundación del Teatro Vallarta fue posible gracias a la conjugación del capital de un poderoso empresario tapatío constructor de algunas de las más importantes carreteras del país y la vena intelectual de un joven emprendedor, quien convenció al propietario del cine Vallarta que lo rentara para un proyecto sensacional. Ya en marcha el proyecto, sede de grandes artistas de prestigio internacional, la inexperiencia de los empresarios generó que se sintieran expertos de algo que desconocían por completo. Así empezaron a tomar decisiones sobre los contenidos artísticos del proyecto, generando el inicio de la debacle. Al mismo tiempo el proyecto de comercialización del espectáculo Fandango hizo crisis debido que a que jamás se logró acceder al mercado crucerista. Y es que por lo regular los turistas deben estar de regreso en el crucero a las cinco o seis de la tarde ya que casi todos los barcos se retiran el puerto antes del anochecer. Empatar la agenda del teatro con la de los cruceros fue imposible y de ahí se desprendió el fracaso del proyecto. Mientras, los dueños de la empresa se daban gusto posando al lado de los artistas que visitaban el teatro por motivos de trabajo.

PATADAS DE AHOGADO. Al borde de su estallido final, los empresarios del teatro Vallarta hacen su chantaje y anuncian el inminente cierre del teatro si el ayuntamiento de Puerto Vallarta no acepta avalar la entrega de 6 millones de pesos que fueron etiquetados por el Congreso de la Unión para el espectáculo Fandango gracias a la generosidad del diputado federal Rafael González Reséndiz, quien incorrectamente gestionó dinero público para entregarlo a un grupo particular. Imposibilitados para acceder a esos seis millones de pesos que les permitirían paliar sus más inminentes gastos, los empresarios del Teatro Vallarta amenazan con dejar a Puerto Vallarta sin un teatro digno, lo cual nos condenará a que La Jitomata y La Perejila vuelvan a presentar sus obras en el famoso teatrillo del Factory. Es una pena que estos empresarios, desconocedores por completo de la realidad vallartense, hayan invertido 120 millones de pesos que jamás podrán recuperar, sin embargo a nadie pueden culpar de sus propios errores y excesos. El Teatro Vallarta puede cerrar sus puertas el día de mañana y no pasará nada, los vallartenses seguirán viendo sus obras de teatro y conferencias del motivador de moda en los salones de los hoteles de la ciudad. Con esos seis millones de pesos que Rafa González consiguió del gobierno federal bien podría adquirirse el terreno necesario para la construcción, a mediano plazo, de un auténtico Teatro de la Ciudad, que sea propiedad del municipio y que no esté expuesto a los criterios de grupos empresariales.

POSDATA. Es imposible negar el importante papel que juega el Teatro Vallarta como sede de infinidad de eventos artísticos y sociales del municipio, sin embargo eso no cambiará debido a que los empresarios que lo manejan actualmente no son dueños del inmueble, lo que implica que el propietario podrá seguir operándolo una vez que los empresarios representados por Manuel Díaz se declaren en quiebra y se retiren de Puerto Vallarta.

VOX POPULI. En cuanto a la presumida dignificación que le dieron a la zona con la remodelación del Teatro Vallarta, es aceptable a medias, porque por alguna razón los 120 millones de pesos no les alcanzaron para enjarrar la enorme pared poniente del teatro, lo cual contrasta con la pared oriente y el frente del edificio, que muestran excelentes acabados. Lamentamos la situación de este grupo empresarial, sin embargo el final era predecible desde el 6 de marzo del 2010, cuando el Teatro Vallarta levantó el telón por primera vez.