Camino real de tierra adentro: Zacatecas capital de la cultura y del arte

MUSEO“Sosegada ascendió la noche al campo. Se apoya ensoñadora en la falda de los montes”

Morike.

Este bello título lleva un hermoso libro de edición limitada, auspiciado por CONACULTA, el Instituto Zacatecano RAMÓN LÓPEZ VELARDE, el Gobierno del Estado de Zacatecas y el Instituto de Promoción Turística. Es una obra dedicada a los once principales museos de la ciudad.

En su presentación leemos: “La ciudad de Zacatecas es un lugar lleno de privilegios”, y vaya que lo es. No cualquier ciudad media de nuestro país puede presumir de albergar tanto arte; tanta belleza y tanta nobleza. “Lo que tenemos a la vista sólo es una mínima parte de lo que significa y ha significado en el curso de la historia de México. Por su naturaleza agreste y su topografía accidentada no fue elegida por las altas culturas como eje de sus misterios y de su religiosidad”.

Recibimos, mi familia y yo, este invaluable regalo de parte de dos mujeres orgullosas de su estirpe de zacatecanas y amantes de su terruño. Propietarias y operadoras de dos pequeñas y flamantes hospederías, <bien podrían ser llamadas Hotel Boutique> su natural perspicacia de anfitrionas y su interés por conocer a sus huéspedes, nos permitió comunicarnos.

La Casona de los Vitrales, lugar donde nos hospedamos durante nuestra breve estancia, es un pequeño albergue cálido y acogedor. Sin lujos superfluos, su calidad reside en el trato personal y los pequeños detalles que amueblan sus estancias. El lujo tiene muchas caras; el verdadero lujo sólo es uno; en una hospedería el que aporta su gente. La gente hace la diferencia en la hotelería.

“El tiempo, como la imaginación, no perdona. La memoria es imprescindible, pero también imperiosa, infiel y tramposa, pues a menudo cierne las experiencias de la vida con cribas demasiado abiertas o agujeradas, al cabo, lo olvidado y perdido llega a ser lo más interesante. No siempre por fortuna. Porque hay otra memoria, consistente en la tenaz e inequívoca supervivencia de las cosas mismas. Cómo y por qué sobreviven es una cuestión de azares y de valores de Musas y de Museos”. Palabras hermosas que se leen en el Prólogo de este tesoro bibliográfico que hemos recibido como un regalo inmerecido pero inmensamente apreciado.

No hablamos aquí de los grandes Museos del mundo de la civilización occidental. En el curso de nuestros viajes hemos tenido la fortuna… y la paciencia de visitar y disfrutar grandes museos. Impresionantes unos, incomprensibles otros. La cultura debe ser amplia y abierta para contener todo. Nos impresionó y maravilló sobremanera el Museo de El Cairo con sus tesoros arqueológicos invaluables, pero nos confundió la magnificencia del Museo Británico con su conjunto de arqueología egipcia. O el Museo de Arqueología de Berlín participando de la misma riqueza saqueada del indefenso Egipto.

El Metropolitan Museum de Nueva York, aún siendo el más grande y opulento del mundo; con una riqueza invaluable en sus innumerables salas, adolece de la autenticidad de los museos establecidos en la tierra originaria del arte que atesoran. Es por eso que el Museo del Cairo o los museos de Zacatecas son plenos de esa autenticidad que “sobrevive por cuestión de azares y de valores”.

Una edición lujosa por su material impreso, fotografías y descripciones calificadas, nos lleva de la mano a un paseo memorable para visitar aunque sea virtualmente esa mina inacabable de cultura y arte que son los once museos dentro de sus páginas.

Cobran voz los hermanos Coronel; Rafael y Pedro; evocamos la poesía de un poeta provinciano recordando la cadencia de la “Suave Patria” de López Velarde y en su propia casa vemos y escuchamos a Pablo Neruda, Carlos Monsiváis, y Xavier Villaurrutia en una pantalla interactiva, expresando su opinión sobre la obra del poeta jerezano.

En su museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez nos platica como es el único museo de esa especialidad en México y América Latina, conformado por una serie de obras donadas por numerosos artistas de éste género, encabezados por él mismo. Artista que nació en Valparaíso, Zacatecas.

Cada uno de los museos zacatecanos ocupa una antigua finca que en sus origines tuvo otro destino, sólo que se encontró con la modernidad y la oportunidad. Es por ello interesante también conocer la historia y las leyendas de las casonas que ahora alojan tanta cultura. Algunas fueron conventos, luego devenidos en cuarteles, hospitales y hasta casas de prostitución. Ahora son templos donde el ritual de la cultura cobra vida con cada visitante

“Un mar de máscaras, reunidas por el distinguido pintor y coleccionista Rafael Coronel, se exhibe en el ex convento franciscano de Zacatecas. Se trata de la colección de máscaras más grande del mundo y conforma un diáfano espejo donde se reflejan las diversas culturas que moldearon al ser mexicano”. El inmueble es un símbolo de esplendor barroco que dejaron los franciscanos y que data de 1558, cuando fundaron el hospicio. No es ajeno a quien visite la parte del museo que exhibe las máscaras, que el visitante encuentre la suya propia reflejada en una faz de madera o barro.

El primer museo de Zacatecas no lo fue uno de historia, arte sacro o folclore. Lo fue el Museo Francisco Goitia, así mismo uno de los primeros en México. Referente esencial en el arte de la plástica nacional, alberga de manera permanente parte de  la obra de seis extraordinarios artistas zacatecanos. Albergado en una mansión de aires europeos, sus techos inclinados en forma de mansardas muestran la influencia de la arquitectura francesa. Residencia oficial de los gobernadores del Estado hasta 1948 goza de hermosos jardines que ofrecen un marco diferente a un museo tradicional.

Y a propósito de un museo tradicional el Museo Zacatecano lo es por mérito propio. Puerta de entrada a la vasta riqueza cultural del Estado de Zacatecas, este museo exhibe notables colecciones de historia, arqueología, arte huichol, música y costumbres locales, con una línea vanguardista, didáctica y lúdica.

Una ciudad minera debe tener un museo de su pasado industrial. Así nace el Museo de Rocas y Minerales en la Mina El Edén. La razón de ser de Zacatecas se aprecia y valora en este museo, incrustado en las profundidades de una mina. Es de los pocos que exhiben ejemplares de los variados minerales que aún corren por sus venas, cuya extracción hizo posible el surgimiento y desarrollo de la hermosa capital del Estado.

 No podía faltar en una ciudad plena de romanticismo un museo romántico. Eso es lo que significa ese episodio de la revolución de 1910, que fue la Toma de Zacatecas. El mítico Pancho Villa y sus principales lugartenientes son protagonistas en este proscenio done se pueden admirar armamento, uniformes, fotografías y escenas de la lucha en la cual el Centauro del Norte salió victorioso.

Promover el turismo a través del arte es nobleza. El enriquecimiento del espíritu eleva nuestro valor personal. El descanso no debería ser sinónimo de libertinaje y vicio. También se puede descansar y gozar del ocio cultivándose en lugar de envileciéndose. Zacatecas es una lección en turismo sustentable, ejemplo para muchos centros turísticos del mundo y de nuestro propio país.

Desde estas líneas vaya nuestro eterno agradecimiento a esas dos damas zacatecanas que haciendo todo por difundir su cultura promueven sus hoteles. Gracias Lic. Griselda Carrillo Ávila y Jahel Vargas Carrillo, esplendidas anfitrionas de los hoteles Casona de los Vitrales y Mansión Arechiga, ambos en la ciudad de Zacatecas.