Cerrado por vacaciones

Foto 2Estar de vacaciones significa un descanso temporal de una actividad habitual, llámese trabajo o estudios. Entonces el ingrediente principal de las vacaciones es el descanso de las actividades habituales y que es indispensable para nuestro equilibrio físico y mental.

Para el común de la gente el estar de vacaciones significa, como lucrativamente lo dice la propaganda, es ir a la playa y hacer todo el desmadre que se pueda. Hospedarse en un hotel de lujo, parrandear hasta quedar tirado en la banqueta y cometer toda clase de excesos. En lugar de descansar lo único que se logra es atrofiar al cuerpo y a la mente.

Por eso, los mejores lugares para descansar son: las cárceles, los hospitales y la soledad del desierto. Ahí se libera la persona de todas las obligaciones a que diariamente se encuentra sujeta y que le provocan un duro estrés y angustia. Estar preso es ser libre, libre de todas las amenazas del mundo exterior además de que ayuda a recapacitar lo cuánto vale la libertad.

Pero se debe estar preso en una cárcel de dureza extrema para sacudir enérgicamente al cuerpo y al espíritu, para fortalecer a ambos y tomar conciencia de nuestros propios actos y enderezar los senderos por donde transcurrimos. Una temporada en el purgatorio terrenal nos da la certeza de la existencia de un infierno en el más allá. Es saludable. Además de que nos baja del macho.

El hospital debe ser de tercera categoría, de esos que apestan a podredumbre, a dolor intenso y afligido llanto; a muerte. Al ejemplo de los hospitales de guerra donde se ven heridas purulentas, mugre y oraciones pidiendo clemencia. Descender al tormento de los hospitales es valorar, como se debe, el dolor de los demás, es tener compasión por el sufrimiento ajeno. Nos hace más sensibles, más humanos y comprensivos.

La soledad de los desiertos debe ser asociada con las más altas temperaturas, la escasez de agua, los animales ponzoñosos y feroces, ver los más alucinantes espejismos en el aislamiento más confinado. Ahí, solos, nos enfrentamos a nuestros propios demonios, a los duros reclamos de la carne y del mundo. En esos lugares nos autoafirmamos, nos conocemos y conocemos a Dios.

Así pues, cuando planeen irse de vacaciones, no gasten y decidan que los mejores lugares para ir son esos tres mencionados. Olvídense de la playa y del desmadre. Hagan la prueba y entrarán en razón.