A lavarse la boca con detergente

Buena educación para educadoras, maestras y similares, es manejar palabras suficientes en cada ocasión.

Antes de que las señoras consideraran interesante hablar como adolecentes cholos, ensartando una mentada tras de otra, solía decirse que utilizar palabras altisonantes en momento, concurrencia y sitio inadecuado, era signo de “mala educación”.

Ahora tener “mala educación” es haber perdido el tiempo estudiando para el siglo pasado, en lugar de aprender para el presente.

Pero “lástima de ropita”, señoras y muchachas que se supone instruidas, en su lenguaje coloquial se expresan con palabras de las que llamaban viles, hirientes, más propias de hampones y sicarios que de personas correctas. De extremo a extremo: de la hipocresía del silencio al estruendo cantinero.

¿Por qué en las escuelas –incluyendo las escuelas para profesores- no se les enseñan palabras adecuadas para ofender, amedrentar o hacer chistes, sin enseñar el cobre? Es de algún clásico del Siglo de Oro, la frase: “Una mentada bien dicha y razonada, no se la quita nadie”. Cuando hay ingenio y eficiente formación, se controlan las emociones, se muestra “educación de los sentimientos” y las palabras son encontradas para decir lo conveniente y satisfacer la ira en forma airosa, hasta elegante. ¿Qué mejor adorno para una mujer importante e independiente que escucharla herir y hasta demoler, sin perder la compostura? Dicen que es algo que aprenden en las buenas escuelas de administración y de razonamiento legal y argumentación.

Todo el anterior rollo, para comentar la tremenda falla de la ex directora de una escuela en Puerto Vallarta -“directora virtual”- y otra en Guadalajara en forma simultánea, pero además mandamás del Sector Popular del PRI en Jalisco y ahora regidora en Guadalajara, la enérgica política Elisa Ayón, prima de Paco, secretario de Educación, pero no precisamente de su mismo grupo político.

El chisme está en grande desde la semana pasada. Resulta que los empleados y trabajadores de Panteones tuvieron problemas, por lo que ante ellos se plantó la regidora Elisa Ayón, para recordarles -en lenguaje muy de Emilio González Márquez cuando anda en la pre-cruda- a quién le debían el puesto y ante quién deberían subir la parte correspondiente de las “búsquedas”. En el fondo: un problema de “reparto”.

Imprudente en una política o en un político, tratar estos temas referentes a la corrupción a grito pelado y muy pelado. Tan imprudente fue que alguien grabó el largo discurso de la señora maestra Elisa Ayón y lo subió a las redes, a nombre del movimiento de Enrique Alfaro. ¡En la madre!

Dicen quienes la tratan de continuo que Elisa Ayón estaba disgustada, pero en sus cabales, cuando se echó la soga al cuello de su carrera política. No actuó bajo estímulos extraños, como Emilio en sus noches lóbregas. Dicen que así es su forma de expresarse entre los políticos que trata: como dice ella, con muchos de esos.

Por supuesto que no se trataba de charla coloquial, ni estaban en el rincón de una cantina. Se trataba de arenga de una Señora Regidora del Ayuntamiento de la capital del Estado de Jalisco, dirigida al personal de uno de los servicios que ella tiene en comisión oficial, no en “propiedad absoluta”, como piensa y les repitió a “sus” esclavos.

Pero no fueron sólo lo tiznados, ching…, huevos, mamadas y demás joyas del habla ultra vulgar, aparte fueron las confesiones de tipo político que exhiben a una persona desorbitada, ebria de poder, autoritaria, prepotente y corrupta. Dudamos que todos los días Elisa Ayón -quien no empezó a hacer política la semana pasada-, hable con los demás políticos de Jalisco y otras partes, como decía Irma Serrano: A calzón quitado, respecto a cuántos empleados públicos son de su propiedad y a que “de avícola” será gobernadora de Jalisco — y por eso ya habla en público como Emilio González Márquez…

Fue una incinerada tipo monje budista. Se quemó feo como maestra, como regidora, como líder político ¿y todo por la “mochada” de quienes trabajan en panteones de Guadalajara? Como dijo Alfonso Reyes: ¡Ah chingaos!

¿Qué les pasa a los políticos y políticas de Jalisco?