Vallarta hoy:

Reclamo ciudadano

“El clamor se generaliza entre los ciudadanos; el corazón de la ciudad debe dejarse respirar y mostrarse cual es a propios y extraños. Una  sola rúa hace la grande diferencia; cerrada al tráfico no nos muestra sus atractivos. Algunos empresarios ya antes lo han propuesto: vehículos ligeros circulando por la cegada calle, en circuitos continuos. Los compradores abundarían y se rescataría la economía de la zona. Sería gratuito el viaje. El interés de la ciudad por encima de un gremio que no nos permite recuperar la competitividad”

Hace unos días se reunieron algunos ciudadanos y líderes sociales y gremiales de la ciudad  para buscar construir un consenso cuyo propósito sería impedir ciertas obras de infraestructura pública  que aun cuando necesarias no habían sido consultadas con la ciudadanía.

No ha sido este un caso aislado. En el pasado mucho han abusado las autoridades para llevar a cabo proyectos de obra urbana sin consultar con los ciudadanos que resultarían afectados por las mismas.

La historia de la ciudad registra múltiples episodios de esta misma naturaleza. Aun habrá muchos ciudadanos que recuerden la oposición que recibió un proyecto de presupuesto millonario estatal: TODOS POR VALLARTA.

El tema del presente comentario pretende identificar el problema separándolo de los síntomas. En ningún caso el problema se ha centrado en el proyecto o la obra por desarrollarse; el verdadero problema es y ha sido el divorcio que existe, (y ha existido en mayor o menor grado, con todos los que despachan en palacio municipal) impunes ante las leyes y la sociedad apuestan a la mala memoria de los votantes; salen con “la cola entre las patas” y luego de un tiempo pretenden regresar emulando al ex presidente López de Santa Ana. (Sin pudor alguno)

Si la autoridad, que siempre actúa con prepotencia y desdén hacía los ciudadanos se despojaran de un poco de su soberbia y construyera puentes eficaces de comunicación directa con líderes y representantes sociales y gremiales, no sufriríamos, los ciudadanos de esta ciudad las vejaciones de que somos víctimas por funcionarios arrogantes que siempre quieren salirse con la suya; actuar con “carta blanca” para hacer y deshacer con el poder de su firma.

Tenemos presentes en la memoria una época no lejana cuando el alcalde  se reunía a desayunar semanalmente con cuatro de los presidentes gremiales, con el propósito de “coordinar” acciones de gobierno. No nos duró mucho el gusto; el divorcio llegó pronto.  Una cosa era lo que se planteaba y acordaba verbalmente al calor de los chilaquiles y otra las acciones, omisiones y abusos de autoridad.

Recordamos también que el último régimen del partido azul trabajó junto con un grupo de comerciantes del centro para impedir la ingesta de alcohol en la vía pública y la proliferación de los malhadados “litros”.  Fue una corta luna de miel gobierno-ciudadanía. Cambió el régimen por el tricolor y se toleró la bebida en la vía pública fomentando al mismo tiempo la expedición de permisos de venta de alcohol  al mejor postor.

Lo que nuestra ciudad necesita, además de parar en seco a gobernantes mal informados y peor ubicados, es que sus ciudadanos se unan para levantar la voz en contra de la impunidad, pues castigando la impunidad se acabará la corrupción, la omisión de responsabilidades y la improvisación.

Nuestro alcalde se ha caracterizado desde su inicio como una persona poco susceptible a comunicarse con sus ciudadanos. Ignora nuestro alcalde que sus gobernados cada vez están mejor informados y capacitados para defenderse de las arbitrariedades de los gobernantes. Sus asesores, de seguro menos capacitados que él mismo para manejar con destreza las relaciones públicas, de seguro no le advierten oportunamente de los riesgo de meter la pata.

Todo lo anterior crea conflictos institucionales y personales entre autoridades y gobernados; entre funcionarios y ciudadanos, entrando en un círculo vicioso que no puede tener “un buen fin”.

Por ello es doblemente oportuno y necesario el proyecto en el que vienen trabajando desde hace meses un pequeño grupo de líderes empresariales y sociales, apoyados por expertos de la Universidad de Guadalajara, para construir un dique social, llámese consejo, colegio, asociación o lo que aparezca, con la finalidad que, de manera civilizada, confrontar a las autoridades de todos los niveles con la fuerza moral y legal de la sociedad.

Los tiempos del absolutismo están pasando a la historia. Los políticos gozan de pésima fama ganada a pulso con sus actos. El pueblo, como en la vieja Francia de la Revolución encontrará los cauces legales y morales para sustituirlos. Mientras tanto acciones como la del  fin de semana pasada, cuando un puñado de ciudadanos enarbolando la bandera de la ciudadanía confrontó al poder prepotente e irracional, se repetirán más a menudo. Ellos los políticos nos han orillado a tomar estas acciones.

El remozado malecón lo fue solo físicamente, sigue siendo, sino la cantina más grande del mundo, sí la mayor del rumbo. Se bebe en la vía pública sin pudor y sin rubor. Los iluminados antros (iluminación prohibida por el reglamento municipal) más los vetustos camiones del servicio urbano y los taxis que cada día agandayan más esquinas, contribuyen a la pérdida de competitividad turística del destino. Unos promueven y construyen; otros pocos hacen por la ciudad y destruyen sus atractivos.

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