¿Cómo que tiene dos caras?

JOSEFINAJulio Hernández escribe artículo afirmando que Josefina Vázquez Mota tiene “dos caras”. La afirmación me parece de lo más difícil de demostrar.

Al respecto, tomo la respuesta del ex presidente Gustavo Díaz Ordaz, máximo benefactor de Puerto Vallarta, pero feo con ganas, al grado que el chistoso secretario particular de su antecesor Adolfo López Mateos le puso como hiriente sobrenombre el de “Tribilín”.

Ya siendo presidente, a Díaz Ordaz le acusaron de “tener dos caras”. Sin cambiar ese tono de voz solemne y fingido, como acostumbraban los políticos en México, el presidente reviró de inmediato: ¡Falso de evidente falsedad: ¿Ustedes creen que si yo tuviera otra cara, saldría con esta a la calle?!  Enorme argumento irrebatible.

Por eso lo mismo digo respecto a Josefina Vázquez Mota, quien debe tener una belleza interior extraordinaria, pero evidente que no tiene cara de repuesto para mejorar su impacto.

Ahora que si el articulista se refería a que Josefina ahora hace campaña, para de perdida ser presidenta nacional del partido que dejó en tercer lugar, el PAN, mediante denunciar el mal gobierno que hizo su enemigo de verdad, Felipe Calderón que incluso le volteó en la campaña a los panistas, pues más que doble cara, se trata de deslealtad a sus compromisos.

Cualquiera sabe que si no se está de acuerdo con un gobierno, lo decente es renunciar de inmediato a formar parte de ese gobierno. Josefina no le renunció a Calderón.

Y aún si hubiera renunciado, sería cuestión de revisar hasta que punto tendría derecho a utilizar lo que conoció con motivo de su cargo, de su trabajo, para beneficiarse en una campaña política. Quizá algunas delicadas revelaciones “por el mayor bien de la Nación”, pero haber cobrado hasta el final y luego hacerse de la boca chiquita, como que no.

En el otro bosquejo, de apunte, de caricatura de campaña por la presidencia de la República, cuando Calderón todavía bebía y vivía en Los Pinos, bien se hubiera visto una reclamación al Presidente, no por su forma de gobernar porque ella acababa de ser parte de su Gabinete, sino por su forma de traicionar a la candidata de su partido, del PAN que decían casi venerar por tradición familiar.

Eso se le hubiera tomado a bien a Josefina. Pero como que bajo presión se le va la onda – ¿se acuerdan de aquella entrevista radiofónica, donde de pronto se soltó hablando como si trajera un mareo como para ir a dar al “Torito”?.-. O como que le sacaba a enfrentar a los poderosos, porque hasta a Fox le disimuló las puñaladas por la espalda y jamás le reclamó en público que pateara el pesebre, para defender “lo cáido, cáido”.

Difícil será que quien en verdad resuelve sobre lo importante en los partidos políticos del gobierno -y aquí todos son partidos políticos del gobierno-, pueda confiar en que Josefina le cubra ese flanco, sobre todo en estos momentos de reforma sobre reforma en que están echando mano hasta de elementos de la “Selección Sub 90”.

Más bien se irán por un calado desde la precampaña, como es Gustavito Maderito que no es brillante, ni incómodo, ni exigente, ni fijado, ni cerrado. Conoce el juego y conoce sus límites evidentes. ¿Para qué calarle a mitad del río crecido que van pasando?

Pero tampoco Josefina es Juana de Arco. En la campaña presidencial no se entusiasmó ni a si misma y como “ideóloga” del PAN -que es el rollo que ahora quieren manejar-, supongo que Diego Fernández ni como alumna la aceptaría, ya no digamos como guía y maestra.

Todo eso, pero por carencias de preparación y autenticidad, pero no porque tenga otra cara para dar agradables sorpresas.

Lo que en nada le resta su belleza interior que de seguro la debe tener enorme.