Ciudad

Carlos Munguía Fregoso, un cronista de su propio destino

CARLOSSu testimonio de la vida en Puerto Vallarta quedó grabado en la historia durante casi dos décadas

A ocho años de su muerte, reproducimos la entrevista realizada en el 2001 por Martha Ramírez Ruiz al cronista de la ciudad, el desaparecido Carlos Munguía Fregoso, que formó parte de los testimonios del libro “Puerto Vallarta 150 Años de Historia” que realizó esta casa editorial, como un homenaje a la memoria de quien fue por casi dos décadas el cronista de Puerto Vallarta.

“Cronista de la ciudad desde hace once años y cinco meses, Carlos Munguía Fregoso deja a un lado los relatos de fechas, nombres, hechos, causa y efecto de los momentos inscritos en la historia del puerto y hace una pauta para narrar sus memorias personales.

“Un historiador que cuenta su historia y Carlos Munguía en esta ocasión hace la crónica de su vida al desempolvar del baúl de los recuerdos esas vivencias de su infancia, de cómo se apasiona al descubrir el historial de su pueblo natal, de ese apego que le hizo acuñar la frase conociendo la historia de un pueblo es como se va queriendo al lugar.

“Se acuerda de aquel Vallarta cuando se cumplió el primer centenario de la fundación del puerto, “apenas habría unos cinco o seis mil habitantes, el pueblo llegaba al hotel Rosita, a una cuadra donde hoy está Woolwort había una huerta de mangos a dónde íbamos a pasar día de campo.

“Escenas y momentos que lleva en la memoria tan nítidos como si fuese ayer y que lo llevan a expresar pensamientos políticos inspirados en este rincón del Pacífico que plasmó en un papel y que comparte en la charla sobre su vida:

“Los recuerdos son hojas que arrastran los vientos de otoño, cicatrices hondas hechas en el tiempo por las vivencias de antaño, reflejos del sol y espejismos de los días pasados. Son música que alegra el paso de las horas lentas lejos de lo que amamos. Son la felicidad del hombre que al volverse por los años que ha vivido en Vallarta” lee con voz pausada y lenta.

“De compresión robusta y carácter afable transmite en cada palabra la melancolía por ese Vallarta que se fue y que sólo queda en reminiscencia: “Los recuerdos brotan de las calles empedradas huyendo de los años o se esconden en los adobes de muros viejos, corren como los ríos en las lluvias de verano o se esfuman lentamente como nubes del ocaso.

“Como buen historiador está consciente de la frialdad del tiempo inexorable que no enfría el amor al terruño, “pero no sólo hay recuerdos. Vallarta es una acuarela que cobra vida ante nosotros, es reverberación del sol en las arenas blancas y en las aguas azules… Es el verde de los montes que dan sombra al pueblo tranquilo de tejas rojas, de blancas paredes y de tapias cubiertas con buganvilias de colores, es música de mariachi, tañido de campanas y el arrullo de las olas en las noches lunadas.

“Sabe que no se puede describir un lugar sin mencionar a sus pobladores y hace uso de la metáfora al hablar del pueblo: Vallarta es la sonrisa y la palabra amable de su gente, es la alegría de vivir, es el calor humano: es un regalo de Dios.

“Recuerdo al Puerto Vallarta de mi infancia jugando bajo los chorros de agua que caían de los tejabanes y en los arroyos de las calles que hacían presas, los relámpagos y los truenos en medio de la oscuridad porque no había luz eléctrica”, acota al hacer una pausa y dar un sordo al trago de vodka tonic que vuelve a colocar sobre la mesa de madera en medio de un legajo de papeles y volúmenes de libros.

“Exhala un suspiro y sus ojos destellan nostalgia al afirmar: no tengo ningún recuerdo triste de mi infancia… con excepción de los momentos que tenía que ir a Guadalajara a estudiar”.

 

EL TIP:

El desaparecido cronista de la ciudad, Carlos Munguía Fregoso, formó parte de los testimonios del libro “Puerto Vallarta 150 Años de Historia” que realizó esta casa editorial