El Despido

Se define al despido como cualquier acto del patrón que le impida al trabajador prestar el servicio.

El despido injustificado es el acto más severamente castigado por la Ley por la gravedad que implica al ocasionar daños económicos, sociales, sicológicos, familiares y de carácter moral.

En primer lugar la persona despedida es afectada económicamente y ello acarrea consecuencias muy importantes hacia la familia puesto que se merma la educación, alimentación, habitación, salud y vestido a la familia. Como resultado de ello adviene el desempleo y, desde luego, la pobreza de un país que genera delincuencia.

El factor social se advierte cuando el despedido se relaciona con los demás en una situación de desventaja e inferioridad, creando, con ello, las indeseadas clases sociales y sus agudos conflictos.

El acceso a una educación de excelencia se ve obstaculizado y el estudiante hijo de familia se convierte en un individuo ignorante, mediocre y siempre candidato al desempleo porque no hay peor defecto que la ignorancia, amén del desprecio social que dolorosamente sufre el ignaro.

Lo sicológico se revela en la disminución de la autoestima del despedido, el sufrimiento que le ocasiona la depresión y ese sentimiento de auto culpabilidad por no poder mantener económicamente a la familia. Ello forja adicciones como alcoholismo y drogadicción, por decir algunas.

Las relaciones familiares se tornan ríspidas y pueden causar la desintegración de la familia con los consabidos efectos.

Lo moral se traduce en, términos jurídicos, como un menoscabo a los derechos de la personalidad que tiene todo ser humano, tales como la honra, el honor, la imagen por decir un ejemplo. El despido ocasiona daño moral tal y como lo sostuve en mi libro “el daño moral en materia laboral” publicado por la editorial Porrúa.

Si es por el aspecto religioso y el patrón es católico es indispensable que lea la encíclica rerum novarum del Papa León XIII. Este documento es pionero como modelo de las relaciones obreras patronales y antecede a cualquier otro, incluyendo a la Constitución mexicana de 1917.

El patrón que despide injustificadamente, sea quien sea, atenta no sólo contra el individuo y su entorno sino contra los intereses de la Nación mexicana y se convierte en un traidor porque contraviene a los intereses de esa nuestra Nación. De acuerdo con la religión es un: pecado.

El despido  injustificado crea odio.

AMIGOS

Feliz Navidad a toda la perrada.