BÁJATE DEL MACHO

Por estas fechas de diciembre, de cada año, la perrada anda desatada echando cheve hasta quedar tirada, gastándose todo su aguinaldo en mercaderías carísimas y malas dizque para regalar a los camaradas. Todo un año partiéndose el lomo para ganar unos cuantos pesos y luego tirarlos a la basura en un teibol, super pedos y con una vieja barata como queriendo imitar a Charles Bukowski.

Se imaginan al borrachísimo y mamón del santa Claus aventando un montón de regalos por la chimenea o llenando calcetines apestosos de puras tarugadas que solamente un melolengo cree que hace. Luego se ponen a hacer dizque posadas sin tener idea de lo que verdaderamente significan: es puro ponerse hasta el tope, mentarse la madre, orinarse en la banqueta y bailar con una piruja al son de un conjuntillo musical macuarro.

A la hora de pagar cuentas la perrada le hace al cuento y empiezan a correr diciendo que tienen un compromiso urgente y que el alcoholímetro anda muy macizo, aun así se van rebotando y sin pagar un clavo vociferando de que la posada valió madre y que mejor se van a seguirla a otro lado.

Eso sí, si caen con los batos del alcoholímetro, esos que sí llenan las bolsas de dinero, no como el viejillo santa Claus, de a gratis y se llevan una buena lana a costa de los borrachales incautos, para celebrar su posada en un hotel de lujo acompañados de sus “distinguidas esposas” y que les tomen fotos para aparecer en la prensa y apantallar a los vecinos. Puro dinero a morir, a puro mamar diría un compa de las Varas.

Los vales, con tal de que no les hagan nada, dicen que trabajan con el jorobado de nuestra señora de París, que ya pagaron el diezmo, que son súbditos del Papa, que tienen una familia que mantener y un montón de sandeces que ni su abuela se las cree. Si eso no resulta, se ponen perros, mientan la madre, amenazan con despedir a todos los cuicos aunque la ciudad se quede sin vigilancia.

Al final de todo les dan una patiza, les quitan el carro y los avientan como costales de papa a las celdas de los separos que hasta en Vietnam, en sus tiempos, las prohibieron por el cochinero que son. A la mañana siguiente el crudonón insoportable y sin ningún méndigo centavo para pagar la multa. Ahí le andan llamando, si los dejan, a la vieja, al amigo o al compadre para que les preste y salir de la mazmorra.

Cuando al fin logran salir del infierno que ni Rambo aguantaría, andan por ahí porfiando que ellos son y que requesón. Que hasta la tira les pidió perdón y que no le entraron a los guamazos porque no querían comprometerse. Que ellos son de los zetas y que se van a vengar hasta del jorobado que no les hizo caso.

Luego, y a continuación, llegando a su casa, mandan a sus hijos menores de edad a sacar fiadas unas caguamas al depósito de la esquina para curarla. Es buen pretexto porque al rato se pasan de cura y vuelven a agarrarla, golpean a la vieja y a los niños, llega, por enésima ocasión, la chota y se lo llevan, a arrastrones, a las prohibidas celdas de Vietnam.

A la mañana siguiente al MP y de ahí al Penal de Ixtapa. Es el mero 24 de diciembre y ahí pasan, tristemente, la tan anhelada Navidad en un dormitorio muy calladitos y diciendo a todo que sí, porque ahí están, rodeados, de la verdadera perrada a quien no les gusta los batos habladores.

Ahí, en el dormitorio del Penal, bajan del macho al más entrón y borracho.

Tú, sí tú, querido lector. Que esta Navidad no te bajen del macho porque salir del botellón de Ixtapa te va a costar caro, pero muy caro.

Pásatela de lujo con tu familia. Y Feliz Navidad a todos mis incontables e inteligentes lectores.  Esta consulta va de gratis por ser época de dar.