Los burros de oro

HACIENDO HISTORIA. Durante muchos años Puerto Vallarta fue conocida en Guadalajara con el mote de La caldera del Diablo, en referencia a la enorme cantidad de aspirantes a la alcaldía que surgía en cada temporada electoral. Eso dio origen a un viejo chiste: en Vallarta la lista de precandidatos a la alcaldía es del tamaño del directorio telefónico. Y posteriormente el más lamentable: “Los políticos tapatíos ven a los vallartenses como dicen que Dios ve a los conejos, orejones y pendejos”. Y es que el puerto jalisciense se convirtió en un auténtico cementerio de elefantes, a donde llegaba todo tipo de políticos frustrados con la intención de iniciar una exitosa carrera política. En Vallarta inició su carrera política don Guillermo Cosío Vidaurri cuando buscó por primera vez una diputación en aquel viejo distrito XII con cabecera en Ameca que incluía a Puerto Vallarta. Tal vez por eso Salvador Cosío Gaona eligió el 05 distrito para iniciar su carrera política en cargos de elección popular. Lo mismo hizo Rodolfo González Macías, quien en la madurez de su vida profesional optó por Vallarta para arrancar su carrera política como director del Seapal, luego alcalde de Vallarta y posteriormente diputado federal.

 

MALINCHISMO PATASALADA. Ese fenómeno de políticos foráneos apoderándose del municipio no sería posible sin la marcada división de la clase política local, que incapaz de formar un bloque sólido opta por aliarse a políticos ajenos al municipio con tal de perjudicar al adversario local. El referente más presente lo tenemos en Eugenio Torres Ramírez, el del famoso “no lo queremos”, quien pese al rechazo de amplios sectores de la sociedad vallartense gobernó sus tres años rodeado de prestigiados vallartenses. De igual forma sería imposible entender el éxito de Rodolfo González Macías sin el apoyo incondicional que recibió de políticos nativos como Gustavo González Villaseñor y Humberto Famanía. Por ello la constante es que los alcaldes más recientes del puerto sean personajes que no nacieron en el municipio, salvo Rafael González Pimienta que nació en Ixtapa y Javier Bravo que nació en el viejo Vallarta y se formó en El Pitillal. De ahí en fuera el resto de alcaldes ha sido foráneo, porque ni siquiera Gustavo González Villaseñor tuvo la fortuna de nacer en Puerto Vallarta ya que su madre lo trajo al mundo en San Juan de Abajo, en el vecino municipio de Bahía de Banderas, que en aquel entonces no existía como tal y formaba parte del municipio de Compostela.

 

UNO TRAS OTRO. Aprovechando las históricas debilidades de la clase política local, cada tres años la alcaldía suele quedar en manos de un fuereño que por lo general termina gobernando sin importarle la identidad de la sociedad vallartense. Lo hizo Rodolfo González Macías, a quien se le atribuye la acuñación del término despectivo “vallartitas” para referirse a los políticos nativos que no entendían su forma de gobernar. Lo hizo Chava González que tras la derrota electoral del 2012 literalmente le prendió fuego al municipio y lo sumió en el desastre total, sin importarle que su hermano Rafael estuviera formado en la fila de aspirantes a la alcaldía. Y ni qué decir de Pedro Ruiz Higuera, quien tras conseguir la alcaldía de muy fea manera se retiró de Puerto Vallarta y regresó a radicar en su querida Guadalajara, aunque en realidad nació en un pueblito de la rivera del lago de Chapala, donde abunda un pez al cual le debe su apodo popular: el Popochas. En este terreno al clímax se alcanza con Ramón Guerrero Martínez, un panista de pura cepa que se metió como la humedad aprovechando el malinchismo que también abunda en el PAN Vallarta para apoderarse del municipio a base de Mochivales de cemento y láminas de techo de asbesto.

 

EL LÍDER PARLAMENTARIO. Todo esto viene a cuento ante el protagonismo que ha cobrado un sujeto que hasta hace unos cuantos años era un modesto vendedor de cemento que sobrevivía a la sombra de su hermano mayor. No había en los hermanos Cuevas García el mínimo interés por el servicio público, su vida para ellos era perfecta si a la semana vendían 10 toneladas de cemento y jugaban un buen partido de basketbol. Pero las tentaciones de Lucifer González Corona pervirtieron al humilde David Cuevas García, quien primero fue impuesto como presidente del Consejo Electoral Municipal, posteriormente Secretario General del ayuntamiento y, al ritmo de “a güevo te toca”, presidente municipal por el PAN. Fue el inicio de una epidemia en la familia, porque Arturo se obsesionó con ser alcalde o diputado por Bahía de Banderas y Juan José igualmente diputado y alcalde en Puerto Vallarta. Pero mientras Arturo Cuevas no da una en Nayarit, en Puerto Vallarta el Peri se ha convertido en un auténtico burro de oro al haber sido diputado federal, diputado local actual y potencial candidato del PAN a la alcaldía. Mediante los 92 mil pesos mensuales que el Congreso de Jalisco le daba para gastos legislativo el Peri Cuevas se posicionó como el único panista capaz de revivir al PAN en la próxima contienda, demostrando su fuerza al interior del PAN al contribuir al triunfo de Olivia Pérez de González en la pasada contienda para presidente del CDM.

 

POSDATA. Enfurecido porque el Congreso finalmente aprobó la desaparición de la partida de los 92 mil pesos mensuales para gastos legislativos, El Peri Cuevas enfrenta su primera crisis política al ver severamente mermado su presupuesto para gastos de precampaña. La mediocridad de la clase política local le ha permitido proyectarse como un gigante con miras a la elección del año entrante. Impresiona lo lejos que puede llegar un tipo con evidente limitaciones tanto en lo político como en lo cultural, pero Puerto Vallarta es el paraíso de los burros de oro.

 

VOX POPULI. En el apogeo de su oportunismo, el Peri Cuevas se da el lujo de desafiar al panismo doctrinario al aliarse con diputados del Movimiento Ciudadana para formar un G10 en el Congreso local, como parte de su estrategia para conseguir una alianza PAN-MC el año entrante con él de candidato. Convertido hoy en un político de avanzada, el Peri pretende dejar atrás los años en los que era un panista servil, subordinado a los mandatos del poder, como cuando levantó el dedo para avalar el lamentable “gasolinazo” que hasta la fecha seguimos padeciendo todos los mexicanos el primer sábado de cada mes. No hay detrás de El Peri Cuevas nada bueno para la sociedad vallartense, sólo una enorme sed de poder que intenta disfrazar sus limitaciones personales.