Lo público como materia pendiente

Hace algunas semanas comenté sobre el libro compilado por Mauricio Merino de “Qué tan público es el espacio público en México”.

El tema sale a colación porque la más reciente inversión que parece abrirá próximamente sus puertas en la Avenida Francisco Medina Ascencio camina a marchas forzadas con el entusiasmo de quien llegará a una meta jamás inimaginada. En menos de dos semanas un espacio que antes fue lote semi baldío ahora ha adquirido un nuevo rostro cual bodega enorme sin aparentemente puertas ni ventanas. Los rumores circulan al por mayor sobre su vocación final, pero lo cierto es que esta enorme caja de cemento, PTR y hormigón,  tiene la manufactura del concepto antro o casino, un concepto que a muchos aterra porque su número y presencia ya han rebasado los linderos deseablemente permitidos en una sociedad que a gritos pide diversificar su oferta de entretenimiento.

Y no es para menos la inquietud que reina en ciertos ambientes culturales, porque mientras que los espacios de conocimiento e información sobreviven con dificultades, discos, bares y casinos proliferan por doquier sin ningún control.

Aterra pensar que en la esfera de lo público nuestras autoridades ignoran el alto costo que vamos a pagar por no poner límites en el tipo de giros que permiten operar como centros de distribución de estimulantes como alcohol, entre otras cosas.

Estamos cruzando una peligrosa frontera. Aunque no nos guste reconocer, Vallarta poco a poco se ha ido consolidando como una sociedad que vive de fomentar los vicios de los demás; y lo grave es, que pronto podríamos  convertirnos en una sociedad que se auto consume porque los vicios de los demás se convierten en los vicios de todos nosotros.

Para muchos vallartenses al igual que para miles y miles de turistas, el encanto del malecón se perdió. Ese aspecto entre pueblerino y cosmopolita que caracterizaba al céntrico punto de encuentro frente al mar, entre habitantes y visitantes donde había tiendas, galerías, restaurantes, bares, cafés, joyerías y artesanías; fue absorbido de manera brutal por la presencia monotemática del antro como centro de atracción monotemática.

Nadie se asusta que existan antros. A todos nos gustó en algún momento pasar una agradable velada entre luces multicolores y música estridente donde dejar el stress. Lo que aterra es la facilidad con la que se puedan instalar antros en cualquier punto de la ciudad sin que medie consulta ciudadana, sin que medie respeto hacia lo público, porque aún tratándose de una propiedad privada, afecta la esfera de la convivencia pública.

Se imaginan que una lujosa zona residencial como Fluvial, de pronto pueda transformar su vocación habitacional para convertirse en la nueva zona Inn de los antros. El malecón ya vivió esa amarga experiencia.

Tenemos que  incidir en las decisiones que los gobiernos a veces asumen bajo la presión del gran capital. No olvidemos que el mejor capital que tenemos los vallartenses es el capital humano y con ello podemos mover montañas. Así que sigamos trabajando en la construcción de una democracia más pública y enhorabuena el grupo de asociaciones que se siguen reuniendo para trabajar junto con el gobierno en la solución de los problemas y los retos que plantea una ciudad tan dinámica como Puerto Vallarta.

Lo público como materia pendiente y la participación como obligación que no puede esperar, o usted ¿Cómo la ve?