Gustavo y los 40 ladrones

SE RECIBE ESCOMBRO. Como si hubieran colocado un enorme letrero con la leyenda de “SE RECIBE ESCOMBRO” en las afueras del salón Real del Oro, el interior de ese famoso salón de eventos fue insuficiente para albergar a los cientos, miles, de simpatizantes del PRI que se reagruparon en torno a la figura ya casi mítica de Gustavo González Villaseñor, quien garantiza unidad a un priismo desarticulado por el desastre electoral del 2012 producto a su vez de la divisiones internas de ese partido. Quienes dudan que la historia es cíclica debieron estar presentes el sábado pasado en el Real del Oro para comprobar que el priismo vallartense dio un enorme salto al pasado de una década y se colocó en el 2003 cuando Gustavo González Villaseñor era diputado local, el PRI Vallarta era oposición y Gustavo asumía la presidencia del CDM para de ahí saltar a la candidatura y rescatar la alcaldía perdida desde 1995. Hoy la única diferencia radica en que Gustavo asegura que su llegada al PRI es para preparar el camino a Andrés González Palomera, sin embargo dentro de un año no será nada raro que Gustavo se encuentre al frente de las preferencias electorales y acepte sacrificarse en aras de la rentabilidad priista.

 

DE LA GLORIA AL INFIERNO. Hace apenas dos años Gustavo estaba prácticamente retirado de la política, dedicado de tiempo completo a cuidar a su pequeña nieta. Tras su salida de la alcaldía en diciembre del 2006, Gustavo desarrolló un perfil laboral bajo que lo llevó a ser empleado de la Funeraria San José, luego se enroló en la precampaña de Roberto Sandoval, en Nayarit, y finalmente regresó a Puerto Vallarta. Aunque es vox populi que salió de la alcaldía con sus problemas económicos resueltos, se empeñó en presumir un perfil bajo al grado de hacerse famoso por el uso de celulares con pre pago, ante su presunta incapacidad financiera para contratar un paquete Premium. Hoy la historia coloca a Gustavo como uno de los mejores alcaldes de Puerto Vallarta, quizá el que mayor obra pública hizo sin recurrir al fácil recurso de la deuda pública. A la par Gustavo desplegó un ambicioso programa de promoción internacional del destino, el cual se hace más trascendente cuando se le compara con la nula promoción realizada por el actual gobierno municipal. Para su desgracia Gustavo cometió el error de pisar algunos callos y se ganó el odio de poderosos empresarios como Alfonso Dau, a quien mediante el uso de la fuerza pública Gustavo le expropió una parte de su propiedad para hacer posible la conexión de la Av. Fluvial Vallarta con la Av. Francisco Medina. Debido a eso Gustavo fue sometido a un desgastante juicio político que afectó seriamente sus finanzas personales y su imagen política, condenándolo al retiro político.

 

EL BOMBERO DEL PRI. Harto del retiro prematuro a sus 49 años, Gustavo regresó a la política local al impulsar la candidatura de Andrés González Palomera a principios del 2012, presumiendo que no tenía ningún interés por buscar un cargo de elección popular. Sin embargo salió muy parecido a Pablo Picasso, quien presumía que no buscaba, simplemente encontraba. Así se encontró una diputación local luego de que Andrés González rechazó la candidatura al ser obligado a declinar a favor de Adrián González. Tras un intenso jaloneo en el cual Andrés topó una y otra vez con la negativa de Rafael Yerena para avalar su candidatura, el hoy representante del gobernador en Puerto Vallarta aceptó el ofrecimiento de Aristóteles Sandoval para ser candidato a diputado local plurinominal, aunque por haber sido registrado en la sexta posición no alcanzó a entrar en el reparto. En realidad la promesa más atractiva era de la fungir como representante del gobernador en Vallarta, cargo que hasta entonces tenía un salario mensual superior a los 100 mil pesos y que fue reducido a 40 mil mensuales en cuanto Andrés asumió la encomienda. A bote pronto, Gustavo aceptó la diputación local dejando a Jorge Luis García colgado de la brocha, pese a que el famoso yerenista ya casi había mandado imprimir sus pendones de campaña. Colgado de la imagen de Rafael González Reséndiz, Gustavo realizó una campaña a medio gas y consiguió un triunfo holgado gracias a que la oposición se pulverizó en varias candidaturas.

 

¿Y COMO PARA QUÉ? La llegada de Gustavo González Villaseñor representa muy buenas noticias para el PRI que se unifica de facto en torno a su figura más carismática y emblemática, sin embargo no necesariamente implica buenas noticias para la sociedad vallartense en su conjunto. Porque lo que vimos en el Real del Oro el sábado pasado no fue a una clase política dispuesta a reconocer sus errores y hacer un esfuerzo por enmendar el rumbo. Vimos, eso sí, un cónclave de piratas dispuestos a reagruparse para retomar a costa de lo que sea el millonario botín que representa el municipio. Una ronda de buitres planeando la forma de tomar por asalto lo poco que queda de valor en la presidencia municipal. Porque un Gustavo González Villaseñor abrazado de Javier Bravo no es bueno para Puerto Vallarta. Para Gustavo lograr el regreso de Heriberto Sánchez Ruiz a las filas del PRI es un logro meritorio, pero tiembla el municipio al recordar que el galeno fue parte de los regidores que avalaron el criminal crédito de los 450 millones de pesos. En diciembre de 2007 Heriberto Sánchez Ruiz, Andrés González y Ramón Aguirre presentaron una denuncia penal contra quien resultara responsable por los delitos de amenazas tras haber sido amenazados de manera anónima por vía celular. Sólo Heriberto Sánchez se atrevió a señalar a Javier Bravo como responsable de la intimidación como consecuencia de sus críticas ante los arbitrarios actos de poder del entonces alcalde. El sábado ambos olvidaron el pasado y se mostraron sonrientes y orgullosos de aportar su granito para la unificación del PRI. Ellos olvidan, ojalá la sociedad no.

 

POSDATA. Tristemente Gustavo González Villaseñor no representa una nueva era para el priismo vallartense, sino una revancha política en contra del PAN y del Movimiento Ciudadano. Un Gustavo González copado por Rafael Yerena, Javier Bravo y los hermanos González Reséndiz no representa una esperanza para un municipio literalmente quebrado por los abusos de los dos últimos gobiernos priistas, solamente significa la última paletada de tierra sobre el ataúd.

 

VOX POPULI. No hay en este priismo vallartense el mínimo interés por la redención, ni siquiera un tímido mea culpa por las atrocidades cometidas en contra de la sociedad vallartense durante el período 2006-2012. Sólo hay una apuesta por el olvido que les permita retornar al poder para seguir haciendo lo mismo que han hecho siempre: robar y corromper. Y en ese contexto, el retorno de Gustavo González Villaseñor no representa buenas noticias para Puerto Vallarta.