Encuentros fortuitos

Llevé a lavar mi carro a un lugar diferente al habitual. Al recoger el auto, un hombre que se encontraba allí y resultó ser el dueño del negocio, me reconoció y empezó a platicar conmigo.

Manejaba información muy precisa sobre rutas y zonas de rodamiento del transporte público. Imaginé se trataba de un ingeniero. Más adelante cuando empezó hablar del número exacto de pasajeros en una de las rutas, mi sorpresa fue aún mayor. Estaba segura que el señor era transportista.

Mencionó  la necesidad de incorporar a los permisionarios en las mesas de trabajo donde se plantean asuntos sobre la movilidad de la ciudad. Todos opinan menos los involucrados, sentenció.

La aseveración me hizo reflexionar. Aire fresco y nuevo es siempre bienvenido. La costumbre de voltear hacia lo más inmediato, obstaculiza la visión para echar mano de otros recursos disponibles.

No verlos a simple vista es suficiente pretexto para circunscribimos a un reducido microcosmos que así también nos reduce las posibilidades de solución.

La crisis nos ha pegado muy duro también a nosotros, dijo mi interlocutor. Nadie habla de la disminución de más del 30% del pasaje que teníamos antes. Tampoco se reconoce el otorgamiento de descuentos que ofrecemos diariamente a personas con capacidades diferentes, estudiantes o gente de la tercera edad.

El gobierno alardea sobre estas prestaciones. Esa subvención es nuestra y es permanente. La aportación la hacemos con gusto, pero jamás se nos reconoce.

Tampoco se dice sobre las inversiones continúas que tenemos que hacer en las áreas de rodamiento, que se encuentran en tan mal estado, que no nos queda más remedio que tapar los baches.

El ruinoso estado de las vialidades hace que el  detrimento de las unidades ocurra a los tres años. Después de 36 meses los camiones son chatarras ambulantes.

El ingeniero siguió hablando. Dijo que el problema aparente entre Sistecozome y CTM ya no es tan fuerte, porque el sindicato a final de cuentas también tiene controlado a la mayoría de los choferes.

Luego se atrevió a externar su idea sobre la solución al problema del transporte en el centro. Hacer un centro de transferencia cerca del estadio a donde llegue el pasaje. Allí con su mismo boleto el pasajero se sube a las unidades autorizadas para ingresar al centro. El regreso sería de la misma manera.

Propuso dejar únicamente a Sistecozome en el centro y que sea esa su ruta, siempre y cuando cambien sus unidades. Los demás (verdes, azules, permisionarios) continúan con las rutas establecidas que ya tienen a partir del centro de transferencia.

Expresó su preocupación por el centro de Vallarta. Como a todos, nos ocupa y nos preocupa y hasta nos deprime. Es urgente generar mejores canales de difusión para los eventos que se realizan en el centro.

Muchas veces ni nos enteremos. Como medida desesperada dijo, es que nos faltan atractivos como un acuario, un museo, algo que marque el cambio.

Tuve que dejar a mi interesante interlocutor porque tenía un compromiso familiar y se me hacía tarde.

Ahora que estoy en la tranquilidad de la casa, veo con más agradecimiento ese encuentro fortuito en  el Lavado de autos, porque nos hace ver que las cosas tienen muchas aristas. También que la participación tiene que hacerse más incluyente y abierta.

O usted cómo la ve.