Responsabilidad ciudadana, fundamental para el cambio

El quehacer político en nuestro país carece de una auténtica vocación de servicio  hacia sus representados, se utiliza como una brillante oportunidad para ingresar a un mundo de canonjías y enriquecimiento en la catedral de la fastuosidad  parlamentaria con todo tipo de  lujos y confort, haciendo a un lado la modestia y responsabilidad implícita de sus cargos como representantes populares, que se deben a la sociedad que les ha votado, y en cuyo beneficio deben  trabajar.

 

Una vez dentro, se convierten en gestores de grupos de  poder político o económico, se dedican a trapichear y vender favores, a cobrar cara su participación en temas relevantes para el país, sin importar las consecuencias de su intervención en acuerdos medulares que determinan el avance o la debacle del país, el único camino que siguen es el de su beneficio personal y familiar, a pesar de  que a la salida de los recintos legislativos, el pueblo se agolpe reclamando justicia.

 

Reciben su sueldo a tiempo, aunque a los trabajadores se les regatee el pago de sus beneficios salariales. No existe legislación que les reclame integridad en  su actuación, que les penalice por sus acciones u omisiones, se encuentran bien parapetados legalmente, y pueden actuar a su  antojo sin que tengan que rendir cuentas de sus actos a nadie.

Existe un deliberado vacío legal para juzgar este tipo de actuaciones,  porque implicaría el desahucio político y su implicación legal por sus actos.  Es necesario despojarlos del fuero en que se escudan, pues el daño que causan a la nación y al pueblo  es inconcebible, es tiempo de que el actuar político cambie de dirección y que se genere una nueva conciencia  de los representantes  al servicio de sus representados, mediante  la imputación penal de sus faltas, en esta forma daremos un paso decidido para aliviar el cáncer de la corrupción  en la esfera política.

 

El país requiere tomar un nuevo rumbo, una nueva etapa en que se termine la simulación política y nuestros representantes actúen con auténtica responsabilidad, en donde también, la sociedad erradique los vicios y costumbres apáticos que durante generaciones se ha forjado, vivimos en un sistema democrático, y democracia implica precisamente la participación de cada uno de nosotros en la vida cotidiana, lo que nos sucede, los gobernantes que tenemos,  todo es reflejo de nuestro hacer o dejar de hacer,  nuestro actuar es determinante, es tiempo de abandonar la pasiva expectación hacia nuestro entorno incluyendo  gobernantes,  familia,  vecinos, las cosas no cambiarán si no actuamos, si evadimos nuestra responsabilidad como ciudadanos, como padres, como trabajadores, como seres humanos.

 

Sólo  actuando lograremos realizar el cambio hacia dónde queremos ir, haciendo y participando en nuestro entorno es como lo podemos lograr.