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Carlos Peña: El legado espiritual, su mayor satisfacción

La creación de la primera escuela particular con educación religiosa y de valores en Puerto Vallarta (Colegio Niños Héroes), la construcción de la Parroquia de El Refugio, la segunda iglesia más importante del municipio, o fundar las bases para los templos de San Miguel Arcángel en el Pitillal, San Antonio de Padua en El Coapinole, y Nuestra Señora de Fátima en la colonia Agua Azul, son las obras materiales que el Presbítero Carlos Peña Ramos ha dejado como legado en esta tierra que lo recibió con los brazos abiertos hace 50 años, cuando recientemente se había ordenado como sacerdote.

Sin embargo y no obstante estos importantes legados, el Padre Carlos Peña afirma que su labor más importante ha sido la espiritual, aquella en la que ha compartido la palabra de Dios, dejando en cada uno de sus feligreses una lección de vida  que aplicaron sin falta a su existir.

 

Su labor de evangelización.

La obra evangelizadora del Padre Carlos Peña Ramos, supera por mucho el aspecto material y económico, para tomar una mayor dimensión en lo meramente cultural y espiritual, lo cual fue desde su llegada al puerto su principal objetivo, y lo realizó acercándose a los jóvenes a través del deporte.

“Cuando me juntaba con esta gente y me iba a jugar a los campos terregosos de El Pitillal, Las Juntas, Las Palmas, etcétera, me involucraba con los muchachos para conocerlos y que me tuvieran confianza, y para yo irlos educando un poquito en la parte espiritual, de ahí los jalamos al retiro y de ahí se van mejorando, la técnica de Jesús era esa, que cada cristiano sea fermento en la masa, cada cristiano tiene que ser sal de la tierra… si tú formas gente y la haces vivir en el medio en el que viven, se va mejorando el medio… esa es la parte espiritual y la verdadera función de un sacerdote, esté donde esté uno, en una charreada, en los gallos, en la pesca, ambientes pesados en los que tiene que portarse uno de manera diferente.”

Además de su afición al deporte, en los que destacan sus habilidades en la charrería, en la pesca (ganó el primer lugar en 1982 en el Torneo Internacional de Pesca), los gallos, el karate y el béisbol, el Padre Carlos tiene la gran virtud de trascender con sus palabras en el espíritu de las personas, y disfruta compartir sus experiencias a través de las cuales da lecciones de vida a los fieles, quienes adoptan su filosofía después de escuchar su mensaje.

Ese fue el caso de un hombre cuya muerte de su hijo tomó con resignación, lo cual es una muestra de la fuerza de la evangelización y su efecto en las personas cuando aprenden a asimilarla.

“Hay gente pesada que no frecuenta la iglesia, nada más vienen cuando se sienten apuradas; una vez a un hombre le mataron a un hijo, era mi ahijado, yo no estaba aquí (en Puerto Vallarta), la esposa le decía, “Manda a llamar a tu compadre”, y él le respondía “¿Y él para qué viene?, nada más para amargarle su viaje…” Cuando vine yo, no me animaba a arrimarme, va a estar enojado, pensaba, va a estar blasfemando, para qué Dios, y esas cosas… cual va siendo mi sorpresa cuando llegué, le pregunto “¿cómo está compadre?”, él me responde “bien”, “¿cómo que bien?”, le cuestiono, “de veras, bien”, y le digo “¿Y lo que pasó?”, a lo que me contesta, “¿Luego no nos has dicho tú que los hijos son prestados?, que Dios da y Dios quita…”, eso me mostró que él tenía más fe que muchos que lo andan predicando, porque les vamos metiendo la fe sin llevarlos al catecismo, sin llevarlos a dar novenas para rezar, simplemente sintiendo la presencia De Dios en ellos, eso es evangelizar….”

Ese es precisamente el legado que más orgulloso hace sentir al Padre Carlos, evangelizar a sus feligreses, enseñándoles el valor y la importancia de la palabra de Dios, generando personas sanas espiritualmente para que hagan mejor el lugar donde viven, más allá de las obras materiales que se puedan realizar.

“Por eso me llena a mí lo que he hecho en 50 años, porque es un beneficio para la comunidad, nos fijamos en los templos, bueno, es una obra buena y crea una imagen, en la escuela no solamente hay que transmitir conocimientos de matemáticas, tecnología, historia, también hay que transmitir valores humanos para formar a las personas… Esa es la labor de un sacerdote, o de un maestro, un maestro tiene la misma vocación, un buen maestro tiene que educar, no instruir solamente…”

Ese aprendizaje lo obtuvo el Padre Carlos Peña gracias a su formación en el Seminario Mayor de Montezuma en Nuevo México donde lo educaron los Jesuitas, quienes le dieron una formación perfectamente completa, tanto en la parte material como en el aspecto espiritual y científico, pero sobre todo en lo trascendental.

 

Vocación de servicio.

La vocación del Padre Carlos Peña viene desde su más tierna infancia, y aunque todavía no tenía hecha su elección, pues su gusto por la milicia y la religión estaban a la par, sin embargo su personalidad lo llevó por el camino de la fe, como lo recuerda a través de una carta que su profesor de sexto año le envió.

“Impulsivo y firme en sus decisiones, terminó su instrucción primaria en junio de 1952, siendo mi alumno en el sexto de primaria, su despedida aquel día fue: Profe, un día me va a ver con una pistola fajada, o con un rosario en la mano, quiero ser militar o sacerdote… Dios lo guio por la segunda opción.”

La idea de educar del Padre Peña Ramos está basada en encausar la energía de las personas, pues afirma que éste nunca debe suprimirse, sino enfocarse.

“El carácter de cada uno nunca debe suprimirse, hay que encausarlo, porque si a un muchacho lo suprimes, lo inutilizas, y al que lo encauzas lo haces más fuerte, educar en la voluntad es lo importante.”

Es por eso que el Padre Carlos Peña ha puesto especial atención a los jóvenes, teniendo el deporte como una constante en su vida, y participando con ellos en diferentes disciplinas para encausar su energía y así llevarlos por la senda del bien, alejándolos de los vicios y la perdición espiritual, prueba de ello son los equipos de futbol que ha organizado, la escuela de karate, entre muchas otras más que también son parte de su legado.

“En toda educación de jóvenes, si no hay deportes o algo que los atraiga, no funciona, eso de estarles dando clases y estar encerrados, diciéndoles pórtate bien, hazte para acá, no están efectivo como inculcarles el deporte que les desarrolle el físico y el espíritu. El edificio espiritual es el que más importa, es el más valioso y el que no se ve… ”