Vallarta hoy:

El Patronato del Centro

Hace apenas unas semanas que el señor secretario de Turismo del Estado de Jalisco, Enrique Ramos Flores, nos relataba sus experiencias como presidente del Patronato del Centro Histórico de Guadalajara y cómo, con acciones idóneas y oportunas, propias de ejecutivo experimentado y de seguro apoyado por un consejo de directores convencido, avanza en la dirección correcta en beneficio de una comunidad conviviendo en perene conflicto social.

Y es que la ciudad de Guadalajara sí tiene un Centro Histórico, <dicen los que saben que para llamar propiamente histórica una zona urbana debe tener más de un siglo y contener construcciones con valor estético comprobado>.

Guadalajara, como media docena de ciudades del país cuenta desde hace décadas con un Patronato para su centro histórico.

Puerto Vallarta está a punto de sumarse a ese pequeño conjunto de ciudades preocupadas  por recuperar sus viejas glorias, en nuestro caso no necesariamente históricas. Se tuvo una oportunidad hace una década. Deslealtades, intereses e indiferencia de la sociedad civil, propias de tiempos de bonanza, propiciaron su desaparición prematura. Empeños sesgados amenazan ahora, en tiempos de crisis, el mismo intento.

Las autoridades de un pueblo son el fiel reflejo de su población. Si la cultura está ausente en sus instituciones, es porque también lo está entre la mayoría de sus pobladores. La historia nos enseña los papeles que deben jugar en la sociedad sus ciudadanos; algunos pocos serán líderes, otros, seguidores. El precio de la civilización, de la cultura, de la educación, es un montón de renuncias. El líder verdadero  no hace lo que quiere, sino lo que debe hacer.

De ahí que existan todo tipo de organizaciones, llámense patronato, instituto, asociación civil, cámara, sindicato, etc. Cada una de estas figuras existe y se nutre de ciudadanos afines a un objetivo común y particular a sus intereses.  Intentar incrustar a unos al interior de otros no ha sido jamás la mejor garantía de éxito en la consecución de los fines planteados. Estos se tergiversan más temprano que tarde.

Un patronato puede tener alguna de las siguientes finalidades: “ser una organización dedicada a fines benéficos y altruistas, como el patronato de la Universidad equis”, o los que se acostumbran para apoyar financieramente a una orquesta sinfónica en muchas ciudades del mundo, O, ser “un consejo formado por varias personas que ejercen funciones rectoras, asesoras y de control en una institución para que cumpla debidamente sus fines”. (En nuestro caso la institución es el municipio).

Esta última acepción del concepto de patronato es la figura que se ha propuesto a la autoridad municipal por un grupo de empresarios asociados en ASOCIACIONES Y CAMARAS EN PRO DEL CENTRO HISTÓRICO DE PUERTO VALLARTA. Esta asociación, convocada originalmente por AMEXEPV <Asociación Mexicana de Ex Presidentes Empresariales de Puerto Vallarta y Bahía de Banderas A. C.> ha logrado lo que jamás en la historia reciente de nuestra ciudad: reunir en un solo grupo a la mayoría de las asociaciones y cámaras gremiales de la comunidad.

El Patronato del centro histórico y corredor turístico de Puerto Vallarta sería un consejo que ejerza rectoría, asesoría y control sobre las acciones de los gobernantes. El poder político y administrativo es exclusivo de la autoridad municipal; la responsabilidad de aplicar las leyes y reglamentos, sería compartida con el Patronato, tal como se prevé para un organismo descentralizado de la función pública.

Esa responsabilidad es mayor y requiere de ciudadanos preparados, solventes moralmente y experimentados en administración de recursos materiales y humanos so pena de caer en la mediocridad que justifica la existencia del patronato: la ineficacia oficial.

El patronato debe ser también un órgano productivo; ágil en la toma de decisiones y compacto para lograrlo. Un consejo de asesores forma parte integral de la administración. Ante la imposibilidad de incorporar al consejo directivo a múltiples organismos interesados, se impone un sistema de representación. En el consejo de asesores se encontrará el espacio para representantes de asociaciones civiles formales, que deseen expresar sus preocupaciones a las autoridades.

Dos aspectos de capital importancia deben aceptar los consejeros del patronato: actuar como ciudadanos que representan a otros ciudadanos y aceptar ser  funcionarios públicos tal como lo determina la ley.

La intención de que  los presidentes de los gremios empresariales formen parte del consejo director del Patronato, es precisamente para que representen a sus agremiados. Sería fútil el que los propios agremiados fueses miembros del cuerpo directivo dado que su perspectiva sería distinta a la de los dirigentes sociales.

A vía de ejemplo: una institución como el Campus de la Universidad de Guadalajara en nuestra ciudad con una población de más de cinco mil estudiantes integra en su consejo sólo a un representante de los alumnos. O una población como la de nuestra ciudad con cerca de trecientos mil habitantes tenga solo quince regidores. Regidores que deben representar y servir a la sociedad pues son sus representantes.

El Patronato del Centro tiene la finalidad de asegurarse de que las leyes respecto a desarrollo urbano y social se cumplan por los gobernantes. No es una panacea ni una garantía de cambio, lo hecho; hecho está y en la mayoría de los casos es irreversible. Lo que se pueda cambiar para ajustarlo a los reglamentos, más lo que se haga en el futuro, sería materia del Patronato. Esto, únicamente en el perímetro de su competencia: el centro y el corredor turístico de la ciudad.

Es conveniente informar a la población, y en especial a pequeños empresarios y residentes de la zona del centro, pues mucho se especula sobre las posibles causas de la minusvalía de la zona. Se señala con ligereza a los propietarios de locales comerciales por reclamar altas rentas, desviando y confundiendo los síntomas con la enfermedad.

El centro es el corazón de nuestra ciudad y es el órgano que más reciente la enfermedad del cuerpo llamado Puerto Vallarta. Se comenzó a enfermar desde finales del siglo pasado cuando autoridades incapaces propiciaron la proliferación de giros ajenos al mejor interés turístico de la zona; cuando surgieron los primeros “litros” y se abrieron a la calle los primeros “antros”.

Por las venas de la ciudad corre la savia que la alimenta. Son las vialidades. Arterias que aquejadas de sarro vehicular en forma de un sistema de transporte público obsoleto y caótico, inhiben más que invitan a posibles visitantes que acuden a nuestro centro vacacional a gozar más que a sufrir.

Autoridades venales han propiciado la perdida de nuestra identidad. El mejor icono de nuestra competitividad; el emblemático pueblito mexicano entre el mar y la montaña. Ese producto original y único se ha convertido en un hibrido a la sombra de modernos edificios de concreto y vidrio.

Paulatina pero inexorablemente un sistema hotelero depredador fue cundiendo en la región ante la complacencia de autoridades desinformadas y desinteresadas en el bienestar común: el “Todo Incluido” en los hoteles.

Esto último ha sido la principal causa de la ausencia de turistas en la zona. Es una verdad comprobable que el turismo ha llegado, llega y está llegando a Puerto Vallarta. Sólo que permanece en su mayoría dentro de sus hoteles. <Ahora mismo los voceros de la hotelería se vanaglorian de los altos índices de ocupación>  Y si los visitantes son enclaustrados por un sistema que le gusta y prefiere el tipo de turismo que llega a la región, no hay clientes potenciales merodeando, paseando, comprando, comparando, cenando, en los negocios de la zona.

No solo eso: el sistema atrae a un turista con bajo poder adquisitivo. Paga sus vacaciones y poco le queda para compras, paseos o cenas especiales.

Esta es la realidad y no otra. No son las  rentas las que han quebrado a cientos de pequeños negocios en el centro de la ciudad. Es la falta de paseantes que llenan los hoteles del “Todo Incluido”.

Los pocos restaurantes que quedan de una pretendida “Meca Gastronómica única en México” se mantienen principalmente de visitantes que ocupan condominios y residencias, no cuartos de hotel.

El Patronato no podrá hacer nada sobre este problema. Compete a las autoridades como responsables de implementar políticas públicas favorables a la comunidad. Si las autoridades actuaran a través de un Reglamento de Turismo Municipal, el Patronato se aseguraría de que la política pública se cumpliera. Hasta ahí llegaría su incumbencia.

Desafortunadamente el turismo; la industria turística, el fenómeno turístico es como las corridas de toros: existen más villamelones que verdaderos conocedores. Todo mundo habla del turismo pero pocos lo comprenden a fondo.

En el caso del sistema que favorece a los empresarios hoteleros, ellos hacen mutis ventajoso. La autoridad actúa como los canes de rancho: solo ladran cuando el primero aúlla y cuando lo hacen no saben porque.

La ecuación es sencilla: si la ciudad recibe mil millones de dólares al año por turismo y la mayor parte la reciben los hoteles, no queda suficiente para los negocios comerciales abiertos para vender sus productos o servicios  al turista. Tampoco para que los comerciantes paguen impuestos al gobierno municipal, ni rentas a los “caseros”.

Si al contrario, el turismo fuese libre de salir, pasear, mirar, comparar, comprar, acudir a restaurantes, fondas, comederos, etc. La derrama turística, es decir el gasto se repartiría entre más empresarios y la economía estaría boyante en las temporadas de turismo. Por ahora esto no es así.

Aquellos que han perdido la esperanza no tienen cabida en el cielo.

(*) El autor es analista turístico, presidente de la Asociación Mexicana de Expresidentes Empresariales de Puerto Vallarta y Bahía de Banderas A.C., expresidente de Canirac, exdirector de Hoteles Camino Real, miembro de la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística y fundador del capítulo Puerto Vallarta de la Chaine des Rotisseurs.

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