Movilidad y movilización

Asistí a la entrega de patrullas y vehículos motorizados para atender las demandas que una sociedad como Vallarta requiere.

 

Me entusiasmó ver policías bien vestidos, con actitud amable, flamantes vehículos, el presidente municipal acompañado de autoridades locales hasta de tercer nivel, un representante de la Secretaría de Movilidad del estado que venía a entregar las cinco decenas de noveles unidades y una buena representación de la sociedad civil.

En ese mismo momento, me habla una amiga solicitando SOS para que le ayudara a que su hija detenida por un incidente de tránsito en la carretera rumbo al CUC, pudiera ser liberada después de haber pasado la noche en una oficina de tránsito.

El problema, según nos dijeron, no estaba relacionado con Tránsito Municipal, sino con el estado y con un asunto del MP. Ya habían pagado fianza, en el incidente dos jóvenes motociclistas que venían a exceso de velocidad se habían impactado en el vehículo de la joven madre de dos niños, que iban con ella de regreso a su casa.  La chica fue detenida porque los jóvenes  salieron heridos.

Ya con pruebas, pagos y fianzas y sin responsabilidad directa y una vez que los chicos salieron del hospital y sus heridas fueron atendidas, la joven siguió detenida por más de 24 horas. Le pedían tremenda “mordida” para dejarla ir.

Al día siguiente, por la escuela 20 de noviembre mientras que había cientos de chiquillos en la zona, presencié como los camioneros aceleraban con valentía sus unidades ante el cruzado violento de calles por parte de los transeúntes.

Luego vi a un taxista echándose en reversa para evitar dar la vuelta por Bancomer donde puestos ambulantes invaden de tal manera ambas aceras que casi es imposible circular por esa calle.

Pensé, y entonces, nuestras nuevas unidades para qué sirven en esta panorámica donde la vialidad y la seguridad pública también involucran al transeúnte que se expone más con la cotidianeidad de un transporte público agresivo, que a los propios maleantes que parecen haber incrementado su presencia.

Eduardo Caccia a quien la admiración que le profeso está llegando casi a niveles de codependencia intelectual, me volvió a dar una interesante respuesta al decir que la movilidad es el crisol de la sociedad. Muchas veces el problema está en gran medida en la forma en la que se plantea.

Vallarta  ha tenido aproximaciones fatales a su problemática al no poderla resolver en 20 años. Caccia dice “La movilidad es la interacción social en las calles. Es el gran teatro de los estereotipos de un país Somos como nos movemos”.

Mientras manejamos sacamos lo mejor y lo peor de nosotros. Sale a relucir, tolerancia, respeto, leyes, corrupción. No se puede meter en cintura solo a los choferes de camiones si no se hace lo mismo con los demás, automovilistas, ciclistas, peatones, afirma Caccia. Yo añadiría: sociedad civil, sindicatos y autoridades.

Las cosas en Vallarta no andan bien. Nos urge “bajar del camión” como lo sugiere el columnista, a quienes tengan secuestrado al transporte. Urgen otras visiones y otras presiones, para resolver este cáncer que aquí ha cobrado varias vidas, en Guadalajara lo acaban de padecer unos pobres estudiantes preparatorianos.

En Vallarta ya no hay tiempo para diplomacias que han probado su fracaso por más de de décadas. La seguridad de su persona y de su economía lo reclama. La movilidad requiere movilizarnos cuanto antes o usted cómo la ve.