Amados Escritores

Tengo muy poco que decir frente al universo de escritores que nos ha dado nuestro Señor para deleite terrenal. Habrán de disculparme, los que recordamos al maestro de las letras, Octavio Paz; los que hemos leído una parte mínima de su obra, estoy segura estaremos de acuerdo con él: la palabra hizo al hombre. Aquellos que a lo lejos contemplan la obra de otros que coinciden como lo fue el libro de Siqueiros. La piel y la entraña, libro del gran maestro del periodismo don Julio Scherer García (1965). Reseña donde le da la palabra al pintor para que narre, en su estilo su estancia en el Palacio de Lecunberri (la cárcel más horrible jamás imaginada, en la película “El Apando” se darán una idea de ésta). Cuando lo leí consideré entonces a Don Julio más que un periodista, un escritor total, con un pie en el piso y otro en el alma del protagonista, que muere a los 77 años, en Cuernavaca Morelos. Tienes que leerlo y también las memorias de este excepcional muralista, la propuesta de la señora del arte integral, como le llamo a Raquel Tibol “Palabras de Siqueiros” sin dejar a la brillante maestra Irene Herner con su libro Siqueiros, “Del Paraíso a la Utopía”. Todo esto para demostrar a mis asiduos lectores el cómo se estira la palabra, su esencia interminable y deliciosa. El mismo Siqueiros hizo elástica a la palabra “Me llamaban Coronelazo”, obra con sus memorias, interminables actos de reflexión y crítica a un sistema que se reproduce a cada momento y se camuflajea, a veces para bien y otras para no muy bien.

 

Permíteme llegar a tu corazón con algunos recuerdos que quiero compartirte de la vida de esa otra mujer que comprendió el valor de la palabra, motivo de esta entrega; me refiero a Elena Garro, nunca le pareció que le aplicaran el diminutivo a su nombre, según mis lecturas al respecto. Pues bien, en su obra, porque para los que la hemos leído o no solamente eso sino deleitarnos con Memorias de España 1937, sabemos lo hermoso de viajar a través de su escritura; en plenas purgas políticas, asesinatos, persecuciones, ella nos entrega párrafos tratados con tal maestría expresiva que nos divierte y dejamos de lado las angustias. Sin embargo habrá que admitir las descripciones dramáticas y tristes.

 

Octavio Paz en alguna ocasión dijo a su primera esposa, Elena Garro, lo excepcional de su palabra escrita,  palabras de más o de menos …es una obra perfecta, no podría superarla… los escritos de esta admirable señora van en el tiempo, juegan con él, no son hechos cronológicos, de ninguna forma,  va y regresa en lapsos cortos, los extiende en el espacio; como diría J.L Borges “La memoria es una forma del olvido”, ella parecía lograr incrustar sus narraciones escritas para que nadie las olvidara. Que espléndida dama de la palabra.

 

La Rubita, como le decía el historiador José Mancisidor; narró así en ese libro que he mencionado “En aquellos días yo era menor de edad, en España había una guerra civil y en México se daban de bofetadas en la calle los partidarios de uno y otro bando. Los mexicanos acudían a la embajada española para enrolarse en el ejército español. ‘Sí, sí, pero ¿en cuál bando?’, preguntaban los funcionarios. ‘En cualquiera, lo que quiero es ir a matar gachupines’, contestaban. Al menos eso se decía…” Como lo dije el miedo y el terror de la guerra se traducía en todo menos en eso.

 

Quiero finalizar con el motivo de este plumazo: Octavio Paz, gran crítico del sistema autoritario enseñoreado del pasado siglo, el decía que ese sistema en lugar de generar bienestar emitía engaños o peor, simulaciones. Por sus contribuciones literarias, sus poesías, el cuerpo de su obra alcanzó el Premio Nobel en 1990, hombre enciclopédico preocupado siempre por destacar que al hombre lo hace la palabra. Fue para mi gusto el más brillante intelectual ahora más cerca de nosotros por su legado en obras maravillosas como: El Fuego de cada Día (1989); Conjunciones y Disyunciones (1969); Libertad bajo palabra (1960); El laberinto de la Soledad (1950); El Ogro Filantrópico (1979).