Instantes privilegiados

Era 10 de febrero de 1995. El Paraninfo de la UdeG lucía a su máxima capacidad para el acto inaugural de la Cátedra Julio Cortázar. Ante los distinguidos invitados, estaban los testigos de la historia “EL hombre Creador y Rebelde” y “El pueblo y sus falsos líderes” de José Clemente Orozco.

 

México venía de pasar meses de incertidumbre. Hacía un año había estallado el Zapatismo, habían asesinado a Colosio y a Ruiz Massieu. El Gobierno Federal había dictado orden de aprensión contra el Sub comandante Marcos, líder de la revuelta.

Y un día antes del magno evento universitario, el 9 de febrero del 95, México daba a conocer la identidad de Marcos “el rebelde mediático”, identificado como Sebastián Guillén, originario de Tampico, Tamaulipas, y egresado de Filosofía y Letras de la UNAM.

Era mediodía y en el Paraninfo se encontraban los invitados especiales, destacados intelectuales del país, funcionarios de primer nivel, prensa mundial, profesores y estudiantes. De pronto hacen su aparición en el escenario  los dos creadores de la Cátedra Julio Cortázar: Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, acompañados por Raúl Padilla y César Gaviria, ex presidente de Colombia, y en ese momento Presidente de la Organización de los Estados Americanos (OEA) quien brindaría la cátedra  inaugural con el tema intitulado “Contradicciones al interior de un nuevo orden mundial… una visión cortazariana”.

Mientras que hablaba Gaviria, alguien se acercó a Raúl Padilla y este se mostró angustiado. Desconozco si la cátedra tenía planeada la intervención de alguien más, pero inmediatamente después del discurso de Gaviria, Raúl tomó el micrófono y el acto tuvo un final algo precipitado, sacando por la puerta de emergencia a todo el presídium, así como a las esposas de los destacados escritores.

Después de unos minutos de temor e incertidumbre en el interior, supimos que afuera había una tumultuosa manifestación. Me entró el miedo y pensé, si esto es un secuestro, vaya golpe que han dado con semejantes personalidades, aunque yo me sentía con picaporte por ser también tamaulipeca y conocer algo sobre el SUB.

Poco a poco, nos fueron dando salida a los demás y me encontré con más de cinco mil personas, en su mayoría estudiantes, que se manifestaban contra la orden de aprensión de Marcos.

Yo me había hecho la idea de saludar al Nobel de literatura una vez concluida la cátedra, pero mis anhelos se esfumaron por esa salida de emergencia del Paraninfo.

Catorce años después, en marzo del 2009, durante el Festival de Cine de Guadalajara en la premier de La Teta Asustada de Claudia Llosa, me percato que detrás de mí está García Márquez. Me di la vuelta y lo saludé a él y a su esposa y dije, maestro luce igual que en la foto que tengo colgada en mi oficina. Me preguntó cuál foto. Le comenté que en la  FIL de 1997 el Fondo de Cultura había sacado una edición con 12 fotos de escritores famosos y le dije cuáles. Qué orgullo compartir con ellos tu pared, dijo, y sonriente me dio una palmadita. En eso inició el filme.

Al final lo oí comentar qué extraordinaria película y amablemente se despidió de mí. No medió ninguna otra palabra porque ya no era necesario. Tampoco le pregunté qué había pasado después de aquella estrepitosa huida del Paraninfo.

Me había quedado como en un limbo, envuelta  en el realismo mágico de la cinta peruana nominada al Óscar y la enorme figura del escritor que había fundando esa corriente latinoamericana que después se haría universal.

Gracias, Gabo, porque tu imaginación ha nutrido a la nuestra; gracias a la UdeG que nos lo acercó muchas veces.