Aprendiendo a ver

En un reciente vuelo México-Puerto Vallarta, me tocó un compañero de avión con el que empecé una interesante conversación. Comentaba cuán sucio y deteriorado veía el aeropuerto capitalino, algo que para mí realmente no me lo parecía.

 

En la plática me enteré que el hombre venía de recuperar la vista después de cuatro años de ceguera, a consecuencia de una severa crisis de glaucoma. Sometido a tratamientos diversos y finalmente trasplante de córneas, Jorge mi nuevo amigo, volvió a ver y sus alcances ahora eran diferentes.

Mientras que uno se va familiarizando con las cosas que “ve” normales por la cotidianeidad, hay otra realidad para quienes tienen el privilegio real de saber ver.

En su columna de El Norte, Gilberto P. Miranda resume este juego de visiones con una acertada frase: “Los políticos simulan y los ciudadanos disimulan”. “Ellos hacen como que les interesa el bien común y nosotros decimos que deseamos que mejoren las cosas, pero prácticamente ni actuamos ni presionamos con fuerza a quienes nos atropellan”.

Y es que pareciera que nos gusta el engaño. Nos hemos acostumbrado a medio ver entre sombras, o escondernos bajo la afamada máscara que Octavio Paz hiciera tan popular en Su laberinto de la Soledad. A veces la máscara nos penetra de tal suerte que no deseamos escudriñar más allá, ni ver qué hay detrás de ella.

Pero las máscaras tarde que temprano caen por su propio peso. Interesante que el tema de la semana pasada en Estados Unidos giró en torno al dueño de los Clippers, cuyo racismo ya no pudo contener y salió a la luz pública ante el desprecio de todos y el castigo de por vida de la NBA por sus siglas en inglés (Asociación Nacional de Basquetbol).

Igual aconteció con el gran teatro de la perversión formado por el Padre Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo. Tomó más de 60 años a la Iglesia Católica, reconocer lo que había detrás del trono. Obnubilados por la multimillonaria empresa que el perverso mexicano había creado para perpetrar sus fechorías bajo un sistema casi perfecto de obediencia y sumisión, la sociedad católica mundial se rindió a los pies del michoacano.

La desgracia es que la ceguera de todos afectó las vidas de miles de niños violados bajo el manto protector de la religión. La película Obediencia Perfecta es un pequeño reflejo de esa oscuridad en la que podemos caer. Hasta los padres de familia cuyos niños se quejaban de haber sido violados, no les creyeron y los mantuvieron en el infierno de Maciel hasta que 40 años después, algunos se atrevieron a hablar. Nunca dejemos de aprender a ver la realidad, para que no nos cubra una máscara que puede ser de terror.

Del jueves 8 al sábado 10 de mayo, Vallarta volverá albergar Letras en La Mar, gracias a la Cátedra Hugo Gutiérrez Vega y al empuje de la UdeG y empresarios locales. Un encuentro con renombrados poetas que escudriñan las profundidades de las palabras, para dejar ver lo que hay detrás de ellas. El jueves la cita es a las 12 en el CUC y por la noche a las 8.30 pm en Los Arcos.

El viernes los poetas estarán en la Biblioteca Los Mangos a las 11 am y leerán poesías y cuentos para niños. A las 12:15 se instalará una placa alusiva a este encuentro. También estarán en la Preparatoria Regional y en diversas plazas y lugares de la ciudad. En las tardes se ofrecerán talleres de creación poética en El Cuale.

La palabra es un vehículo eficaz para aprender a ver. O usted ¿cómo la ve?