Engañifas

Décadas de mensajes mal intencionados. Momentos publicitarios, su nueva era convertida hoy en una telaraña de sinsentidos. Son mensajes soportados en refranes viejos: Dime cuánto tienes y te diré cuánto vales. Los especialistas en mercadotecnia le dan otro sentido, el de riqueza material; realmente no es dinero, sino a los valores morales o actitudes éticas. Todo es muy alejado de lo que el publicista quiso emitir, entonces parte de engaños con valor solamente para lo que nos quiere vender y con lo cual nos viste de gala; lujos difíciles de rechazar; aquí es donde se inician los estereotipos, lo que el receptor captura del mensaje para sí mismo, la ropa, las fragancias, vehículos, todo lo posible para igualar o mejorar incluso al modelo en el anuncio publicitario. El estatus evalúa nuestro sentido de valor personal: cuánto tengo, cuánto valgo. Se cumple la estrategia del manipulador como plan de vida para gran parte de la sociedad expuesta a los medios de difusión.

 

No pretendo sorprender con contenidos tratados en millones de libros, ensayos y opiniones diversas sobre el asunto de la mercadotecnia y la publicidad; solamente deseo poner sobre la mesa lo sorprendente de estas dos estrategias de difusión, la parte más importante de la primera disciplina no es la venta, es una de sus tantas atribuciones, no la única. El mercadólogo cumple hasta donde señala necesidades del consumidor, las identifica y entonces propone el desarrollo de mensajes y productos apropiados para el fin: el consumo. Esto en general lleva a distorsiones al momento de la distribución, cuando el demandante no se identifica plenamente con el producto, no satisface sus ambiciones primarias sino que le crea otras inimaginables, se le imponen los criterios para obtenerlos y es donde el publicista clava sus uñas. Él crea los mensajes persuasivos ya con el fin comercial pleno, esto trasmitido por los medios masivos de difusión, por aire (audiovisuales) o impresos (gráficos).

 

El siglo de la globalización nos lleva a una velocidad inimaginable. Nuevas tendencias de moda, música, comportamientos, el universo infinito de medios de difusión influyentes, autoritarios y manipuladores los cuales llaman toda nuestra atención, ya que de ellos derivamos formas para existir, para moldear nuestra conducta ante situaciones diversas, nos dicen qué hacer, cómo caminar, en sí cómo vivir. Consumos desenfrenados de aquello innecesario que se adquiere porque está en oferta: ¡son las últimas en existencia! Venta de ideas diarias, por supuesto ajenas a nuestra realidad la mayoría de las ocasiones.

 

Cuando basamos nuestra felicidad en la cantidad de bienes que poseemos difícilmente la encontramos, lo engañifa prevalece y les contaré un ejemplo sumamente aleccionador. Viernes 9 de mayo, salgo de mi hogar y deseo enterarme del precio de las flores, detengo mi auto en un estanquillo y pegunto ¿cuánto vale la docena de flores? De inmediato la respuesta: “350 pesos, pero si no las compra ahorita en una hora van a costar el doble, se acaban pronto no deje pasar mi oferta”, me dijo el dependiente. Comprobé mi hipótesis, no solamente venden sino que se han convertido en excelentes manipuladores de los sentimientos emanados de una celebración tan importante como la dedicada a la mamá.

 

Los engañifas distorsionan para crear y reforzar las carencias de la gente y aprovecharse. Basta sólo una imagen o frase, la felicidad, libertad, diversión, entretenimiento, belleza, salud eterna, fama, inteligencia, bienestar familiar, éxito son sólo algunas de las ventas indirectas con publicidad engañosa que grandes corporativos o marcas “exclusivas” nos ofrecen a diario. Evadirlos en plena era tecnológica sería maratónico, más aún cuando nuestro entorno está invadido de aparatos especializados, sin embargo existen alternativas favorables para contrarrestar su existencia.

 

Hoy en día diversas campañas se inclinan a concientizar y rescatar los valores familiares, los escucho en la radio, los leo y veo en diversos escaparates informativos, el cambio es positivo se continua sin reservas y acapara la atención de los muchos que deseamos frenar el boom esnobista. El ser humano siguió una línea delgada que ha fracturado a la sociedad en general; me entero que las comunidades más tradicionalistas de México están olvidando sus raíces y se incluyen en la globalización, triste será el panorama de nuestro país si nadie se atreve a frenarlo.