Gracias mamá

Para quien no crea en los milagros y están viendo éste artículo, es gracias a la grandeza de Dios y valentía de mi mamá; ya que desde que quedó embarazada de mí, su apreciada salud se quebrantó, a tal grado que los médicos le sugerían un aborto, para poder salvarle la vida; ya que tanto mi hermanita mayor, como mi papá, necesitaban de su maravillosa presencia.

 

A pesar de la insistencia médica y de la reactivación de un gran tumor pulmonar que se creía ya desaparecido, mi madre sólo tenía por respuesta un rotundo “No”.

 

Fueron largos meses de sobresaltos y emergencias médicas, a tal grado que en una ocasión, mi mismo padre le pidió a mi mamá, que pensara en las sugerencias de los famosos galenos.

 

Mi madre siempre respondía: que las cosas sucedían por y para algo; si Dios les había otorgado nuevamente la dicha de ser padres, no podían contradecir esa clase de Designios Divinos; que nadie más que el mismo Dios tenía el derecho de dar o quitar la vida; que todo ser viviente no está por azar, sino que para cumplir la misión de la creación; que no había porqué temer a la muerte, ya que por lógica, todo lo que principia tiene un fin; por lo tanto es muy natural que donde hay vida, tarde o temprano existirá la muerte; o mejor dicho… ¡Un nacimiento a una nueva forma de vida!

 

Su eminente médico reconocido mundialmente, al palpar la negativa de mi madre de no querer la aplicación de determinados medicamentos para no afectarme, le dijo que como para él, ya era humanamente imposible salvarla; se había puesto en contacto con Médicos de Boston Massachusetts, porque sólo ahí, podían realizar esa delicada operación que ella necesitaba con urgencia.

 

Mi madre no dudó en dejar encargada a su primogénita con los familiares inmediatos, ya que mi hermanita era muy amada y protegida por ambas familias; no sólo por ser la primer nieta y sobrina, sino que por ser un hermoso Ángel Terrenal que al igual que todas las criaturas existentes en éste enigmático Planeta Tierra… ¡Son dignas de amor, cuidados, admiración y respeto!

 

Como estaban casi seguros de que mi mamá no aguantaría esa terrible operación y mucho menos con un embarazo de más de cinco meses, mi papá antes de ir a Boston, la llevó a “su último viaje” por barco a Cuba, que en aquel tiempo, representaba una larga travesía…

 

En ese buque, se encontraba un pintor europeo que en cuanto la vio subir, se quedó fascinado de su hermosura y gran  ternura tan característica de ella; pidió permiso a mi padre para pintarla en un lienzo y ambos gustosos aceptaron.

 

Mi madre tenía tanta suerte que en Cuba, la recibieron con gran cariño, como si se tratase de una verdadera reina; al igual que su arribo al Hospital de Boston, pues estaban esperándola varias personas de diferentes razas y nacionalidades, para donar gustosamente sangre a la hermosa mexicanita embarazada aferrada a no perderme; pues para ese tipo de operación con una duración de más de siete horas y media… ¡Era necesaria una cantidad impresionante de hemoglobina!

 

También agradezco de todo corazón a esos admirables y  desconocidos donadores altruistas porque sin ellos no hubiera tenido la dicha de haber nacido y lo más increíble… ¡En ésta bendita tierra mexicana!

 

Sólo supe por mis padres que entre todos esos maravillosos seres humanos se encontraban desde: un hombre de color, varios norteamericanos, madres latinas, hasta un Sacerdote Jesuita Irlandés. ¡Gracias a la ayuda desinteresada de todos, me hicieron el milagro del poder estar aquí para contarlo!

 

También dedico con mucho amor, éstas líneas, a todas esas grandiosas madres que han preferido un drástico cambio en su entorno… ¡Para dar vida a ese único e irrepetible Ángel Terrenal; en lugar de decidirse por el exterminio!… Que al igual que mi madre, están dispuestas a perder hasta su propia vida para proteger a su criatura;  por eso, con mucha admiración y respeto les digo… ¡Gracias mamá!

 

Cariñosamente A. I.