Una interpretación

Uno de los evangelistas, por mi preferido, es aquel joven culto llamado San Juan. Me impresiona de él su juventud y su profundidad de pensamiento. Un alma helénico-judía bajo la inspiración de Dios Hijo. Pero no sólo es inteligencia pura, sino también, sentimiento tierno y férrea voluntad. Espíritu pulcro el de San Juan.

En su impar evangelio, en donde expone la parábola del Buen Pastor emitida por Jesús Cristo, ésta contiene altos decibeles que hacen eco sobre cuestiones sociales. Se refiere a las estructuras que conforman a la sociedad, formas que construyen los humanos para organizarse y alcanzar diversos fines.

Esos modos de organización responden a satisfacer muchas y variadísimas necesidades. De ello, pues, tenemos aquellas destinadas a realizar valores o antivalores, según sea el caso. Creamos un orden jurídico, científico, religioso, artístico, ideológico, económico, político, moral, filosófico, estético, vitalista, etc. etc.

Muchas de estas estructuras son intrínsecamente perversas, esto es, que son, por su naturaleza, intencionalmente malas. Todos nosotros vivimos bajo su peso porque ¿quién no ha vivido bajo un gobierno autoritario y despótico, en una sociedad discriminatoria, corrupta e injusta? Por decir algo.

Son esas organizaciones las que nos quitan nuestra propia vida, la libertad para vivirla y desecan cerebros y almas. Nos construyen ídolos y nos obligan a adorarlos. Tejen mentiras y nos las hacen pasar por verdades. Nos mandan a las guerras en nombre de falsas ideas, nos roban nuestros ahorros y nos quitan a nuestros hijos dándoles mortales drogas. En fin.

Todas esas estructuras nos las presentan envueltas en papeles de caramelo y de chocolate, de colores vistosos para hacerlas pasar por verdaderas y ser atractivas ocultando el veneno que contienen.

Esos son los ladrones y salteadores que no entran por la puerta, sino por otros lados para llevarse a las ovejas.

Por eso me hechiza el alma de San Juan, porque emana filosofía pura, destila luz de intelecto diamantino. Es el señor de las cimas y de las simas. De lo más alto y de lo más hondo.