Palabra de honor

Actualmente a todas horas se oye hablar sobre: la globalización; inmunidad; competitividad; nueva tecnología; devaluación; legalización de mariguana; grandes planes estratégicos entre ellos educativos; libertad sexual; relaciones sin compromisos; derecho de aborto; práctica de eutanasia; tráfico y trasplantes de órganos; neurolingüística; expresión e imagen; nuevas leyes y reglamentos; mejoras en economía; grandes avances para control del desempleo; reformas; delincuencia infantil, juvenil y organizada; corrupción; destierro de pobreza, el exterminio de hambruna y por consiguiente hemos ganado en nuestro increíble país…

 

¡El primer lugar en obesidad!…

 

Para una persona de la quinta edad como yo, educada en forma más sencilla y con menos palabrerías, donde los traumas infantiles no existían, desde que abríamos los ojos al entendimiento, lo primero que aprendíamos en familia y escuelas era: la obediencia, puntualidad, amor, respeto, fidelidad; el ayudar sin interés tanto en el hogar, como a nuestra adorada patria y servir gustoso a la comunidad… ¡gracias a las materias escolares de moral, civismo y ética profesional!;  pero lo que más quedaba grabada en esas maravillosas mentes infantiles era… ¡La Palabra de Honor!, pues sentíamos que al serle fiel, nos llenaba de orgullo y dignidad.

 

La palabra de honor respondía a cualesquier tipo de compromiso adquirido, por lo tanto, también se nos enseñaba que antes de prometer algo, teníamos que pensarlo bien y analizar nuestra promesa, porque una vez dada nuestra palabra… ¡Ni Dios bendito nos eximía del arrepentimiento!

 

Eso se daba y se respetaba en todos los ámbitos; tenía tanta fuerza que la Palabra de Honor, se usaba hasta en mesas de juego y apuestas de diferentes tipos, haciéndose famosa la frase:  ¡”Las deudas de juego son deudas de honor”!

 

Aunque parezca imposible, grandes hacendados tahúres perdieron sus propiedades y hasta sus mujeres, por ese terrible vicio y en cumplimiento de su Palabra de Honor.

 

Las propiedades se vendían o compraban sólo con… ¡La Palabra de Honor! Tal y como hace algunos años compré el lugar donde vivo.  Al dueño nunca lo conocí, me enteré que era un Médico y  Catedrático de una Universidad en Guadalajara; sólo hablé con él telefónicamente para pagar y cerrar el trato; un mes después, tal y como ambos habíamos acordado, un familiar acudió en mi representación junto con el respetable Médico, para que el Notario correspondiente, diera fe de la entrega, firma de papeles y legalización de la compra efectuada.

 

Era tan valiosa y tenía tanta fuerza, que en los anales de nuestra grandiosa historia de México, vemos increíbles pasajes históricos, donde nuestros grandes personajes, eran capaces de tomar el lugar de un amigo condenado a muerte, para que terminara de arreglar sus pendientes.

 

Los reos, en lugar de escapar, como habían dejado de por medio su Palabra de Honor, después de  arreglar sus asuntos personales, regresaban a la cárcel dignamente con la frente muy en alto… ¡Para agradecer a su mejor amigo la gran confianza depositada y cumplir su condena!

 

Me siento un poco desubicada entre las sociedades modernas, al palpar que la mayoría, sólo recuerda el verdadero significado de la Palabra de Honor, ¡para responder o cumplir con las deudas del juego!…

 

Porque si se trata de bienes materiales… ¡Cínicamente olvidan sus promesas y salen con la famosa frase: “¡Papelito habla!”… ¡Aunque la deuda haya sido liquidada de antemano!

 

¡Ojalá!, que en las nuevas generaciones de mi adorado país, lleguen a ser cabales, honestos, justos, y  felices recobren la confianza en sus semejantes… Reconociendo nuevamente la grandeza de la… ¡Palabra de honor!

 

Cariñosamente Ana I.