Bienaventurado

“Estimadísimo y eminentísimo Doctor mío. Disculpe Usted el tono en que le escribo pero, quiero que sepa, que lo hago con el corazón. Yo sé que tiene un espíritu abierto y por eso le digo lo siguiente:

“Ya estoy hasta el gorro de todos esos lamentos y berridos de todos esos mediocres que le escriben, balbuceando sus dizque desgracias que han pasado por su horrenda y aburrida vida. Estoy hasta el tope de sus sandeces, locuras e insanidades.

“La ignorancia de ellos me aturde, su miseria me enardece, sus mentados sufrimientos me provocan sólo odio, jamás misericordia, sus vivencias, todas, me causan repugnancia. Aborrezco su aparente humanidad, humildad y un montón de idioteces que narran.

“Su servidor nació exuberantemente rico: nunca he conocido una enfermedad, he tenido a una excelente y pulcra familia. Siempre he vivido en mansiones, en palacios y haciendas veraniegas. He comido y bebido sólo manjares y ambrosías con ciento y uno de sirvientes a mi disposición.

“Mis palabras más vanas son estrictas órdenes que deben obedecerse so pena de crueles y extremos castigos. Mis gestos más leves son interpretados en el lenguaje de las esfinges faraónicas. Mis rabietas más sutiles se convierten en causa de destrucción para aquellos que me las provocan.

“Todo lo tengo al alcance de la mano, todo lo poseo, todo lo que quiero al instante se hace realidad, mi dinero es infinito. Soy el hombre más libre porque pienso, siento y hago lo que yo quiero. Cada paso que doy me es aplaudido, cada sonrisa mía provoca admiración y gran algarabía.

“Todos, absolutamente todos, pelean, hasta la muerte, por conseguir una simple mirada mía. Dan su vida por tener la oportunidad de cruzar palabra conmigo. Muchos han dicho que después de verme no quisieran otra cosa que morir después.

“Nunca he trabajado porque no necesito, el trabajo es para lo no humanos. Jamás he estudiado ciencia alguna porque ser sabio es para mí algo indigno e impropio de mi alma y de mi posición en la vida. En ningún tiempo he orado a Dios porque no necesito nada de Él y nada le puedo pedir que no tenga yo.

“Tampoco amor ocupo porque me lo han dado a raudales. Todas quisieran, al menos, que les dedicara un sencillo guiño de mis ojos. Es tanto lo que tengo que lo único que me resta es sólo pensar en mí, porque todo lo que pienso es mío. Tengo oro, salud y amor como agua tienen los océanos.

“Todo ello lo digo para que a los demás que le escriben a Usted les de vergüenza contarle sus opacas tonterías, cursilerías y mezquindades. Estoy harto, terriblemente ahíto, de esos pobres que ni a changos llegan. Le suplico no reproducir más, por los siglos de los siglos, sus miserables misivas. Hasta la vista insigne Doctor”.

 

RESPUESTA

 

Apreciable Bienaventurado. Tu originalidad de pensamiento me conmueve, pero me es difícil juzgarte y así, dejemos a nuestros lectores que lo hagan. Gracias por tu sinceridad y por tus, para mi, inmerecidos halagos.