Mirando Superhéroes

Los vemos hasta en la sopa, son ya parte de la cultura moderna. Sobretodo citadina. Identidades secretas, ligas extraordinarias, enemigos sobrenaturales, amenazas extraterrestres o villanos multimillonarios forman parte del universo de los superhéroes, colmado de aventura y abnegación. Drama, traumas, traiciones, justicia y lealtad. Estas últimas dos se aplican según te vaya en la feria.

 

Pero la constante, es la posesión de recursos inalcanzables para cualquier mortal. La obtención de un poder casi sin esfuerzo (el esfuerzo es posterior, es mantener el poder o hacerlo de forma responsable) y finalmente derrotar a tu enemigo una y mil veces. Pues éste vuelve a levantarse en formas diferentes. Dos polos de una línea totalmente opuestos pero unidos eternamente definiéndose mutuamente.

 

Otros héroes, de otras latitudes (Santo) son más mundanos, menos eternos, pero más profundos, más ligados a su entorno y a la lucha de la gente que los rodea y sostiene.

 

Y otros. También trascienden fronteras, con súper golpes o súper técnicas de lucha cuerpo a cuerpo (Manga Japonés). Estos difieren de los anteriores, pues su poder no es dado fácilmente, deben entrenar duro y luchar extensamente para obtenerlo y controlarlo. No ocultan su identidad pero tampoco se exponen. Sus antagónicos son tan humanos como ellos y enfrentan los mismos conflictos, el bien y el mal no son cosa definida, si no más bien una fuerza centrífuga que los atrapa y presiona para obtener lo mejor de ambos.

 

Rodeados de superhéroes esperamos siempre el eterno rescate. Porque héroes y villanos surgen de las crisis más profundas que vivimos como personas y como sociedad. De las emociones más extremas, los momentos más difíciles. Las caídas más duras. Para luego sobrevivir y convertirnos en uno de los dos extremos de la línea.

 

Una línea cada vez más difusa, porque no es una línea real. Es ficticia. Producto del mercado. Surgida en momentos de grandes frustraciones. Recordemos que la mayoría de los Superhéroes nacen con la gran depresión de los 30 en E.U. (Súperman y Batman, por nombrar dos sin evitar el cliché). Si bien es cierto que luego la lista se extiende en gran número. La constante o el punto de unión es ese nacimiento en donde las grandes masas de trabajadores no tenían empleo y se necesitaban formas de entretenimiento más simples (por lo menos en un inicio). El comic que ilustra sus páginas con vivos colores, era una efectiva forma de entretener. Más imagen, menos texto. Población potencialmente analfabeta. La ecuación es bastante sencilla, si la miramos en ese contexto. Resultado: Éxito absoluto. Desafío inmediato: Mantener el buen resultado lo más que se pueda. Meta que cualquier producto exitoso trata de conseguir y es por supuesto, totalmente legítimo.

 

Hoy después de varias décadas, el mercado y el producto ha sabido mantenerse en el éxito. Con idas y vueltas, es verdad. Pero siempre en la cima, debemos reconocer. Sin embargo, debemos entender que el Superhéroe no es real. Vaya novedad dirá usted. Es cierto es una obviedad, igualmente me veo en la necesidad de mencionarlo, dado el hecho de que el Superhéroe nunca llega a la satisfacción de la tarea cumplida. Su meta nunca es alcanzada. Su némesis vuelve siempre a las andadas. Y él debe seguir persiguiendo su fin. Y esto no ocurre porque el personaje, o los personajes, así lo requieran; más bien sucede porque existe la necesidad de crear una necesidad para el público consumidor (no olvidemos todas las facetas en que se deriva un producto, desde cajitas de hamburguesas, hasta calcetines para los niños), y así perpetuar el producto, el éxito, y por lo tanto la mística del personaje. Sin ella sería un simple muñeco o dibujo, o calcetín. Pero con el mito nace la leyenda y con la leyenda, la historia, y con la historia, las corporaciones que venden al mito.

 

Pasan los presidentes, los gerentes, los dibujantes, los escritores, y Spiderman sigue en su telaraña, tan feliz como el primer día. Y nosotros en ella. Con todo y que lo admiramos. A pesar de ello insistimos. Los Superhéroes  y Villanos son extremos de una misma línea. Pero esa línea es ficticia, no nos representa. No nos describe. Nos entretiene. ¿Qué sería del Superhéroe si tuviera que salir a ganarse las tortillas y los huevos todos los días? Tendría de estos últimos, aunque sea para pagar aquellas?

Se los dejo de tarea.