Pentecostés y babel

Me conmovió el Evangelio del pasado domingo en el que se hace referencia a la Venida del Espíritu Santo resaltando el difícil tema de la Unidad cuyos aspectos filosóficos son de resonancias históricas. El mensaje es profundísimo y nada fácil de abordar, mucho menos de tratar.

 

Aquel viejo filósofo cuya vida se remonta a varios milenios y que llevaba por nombre Aristóteles nos legó una definición que no ha sido, todavía, superada. Así, se entiende por unidad a lo que es necesariamente uno, indivisible. Plotino, aquél famoso griego cuyas obras fueron fuente de inspiración del más grande genio que ha nacido del hombre: San Agustín. Nos dice que la unidad es condición necesaria para todo ser.

Emanuel Kant, agudo ingenio de la filosofía, afirmó que la unidad es la síntesis y conexión necesaria de los seres. Por otro lado, podemos decir que unidad es el fundamento del mundo pues mediante ella todas las cosas visibles e invisibles son como tal. Los seres son como tales en tanto que sus partes que los componen se atraen con gran fuerza.

Entre todos los seres hay una indeclinable fuerza de atracción que hace que sus partes los conformen y que ellos mismos se atraigan entre sí formando a más y más seres de una manera infinita. Pero si bien es cierto que la unidad es fundamento del mundo, no es menos cierto que el fundamento de la unidad es Dios.

Ese poder de atracción entre las partes de los seres y entre ellos mismos es atribuible a Dios y a su Espíritu Santo. Gracias a su acción el mundo es y lo es de determinada manera y no de otra. El Espíritu Santo es lo absolutamente necesario e incondicionado.

Sin el Espíritu los seres no serían simplemente y por eso la Unidad no consiste en el ingenuo creer que es estar juntos los seres. No es la sencilla unión sino algo más profundo que hace que las cosas, todas sin excepción, existan y que lo sean de un modo específico.

Unirse no es juntarse sino existir y existir de una forma prescrita formando un solo ser. Por ello, lo queramos o no, estamos inseparablemente unidos todos los seres que existimos, formamos un solo ser integrado por muchos seres diversos. Somos Uno aún en las más profundas y remarcadas diferencias de cada ser. Esta descomunal verdad nos fue revelada en la acción visible del Espíritu Santo llamada Pentecostés. Pues ningún intelecto, por privilegiado que fuere, pudiera haber comprendido tal. En la misma Babel hay unidad, porque las diferencias son parte de esa Unidad.

Somos entre tanto estamos unidos a Dios por la Acción de Su Espíritu Santo. Y nada, absolutamente nada, se encuentra fuera de Dios.