Hoy 24 de junio, el mero día de San Guillermo Ochoa

Héroe o heroína  –del griego antiguo, ἥρως hērōs– es un hombre o mujer real capaz de realizar hazañas extraordinarias, sublimes, fuera de serie,  que merecen ser contadas e imitadas, que benefician a un grupo humano. El héroe posee una o más cualidades únicas que no cualquiera, aunque lo intente, puede desplegar; tiene fortaleza que le permite ir más allá del común de su clase; no se doblega ante adversidades. Por estos motivos un héroe es referente que trasciende tiempos y fronteras; orgullo nacional; inspira confianza, seguridad, fortaleza, unidad y cohesión.

 

Con virtudes, destrezas, talentos, habilidades y gracias que despuntan lejos, pero muy lejos de lo común y ordinario, el héroe es apreciado porque está de mi lado; es la muralla de contención contra sus recíprocos negativos,  los malos, villanos, aquellos cuyas acciones drenan mi bienestar. Es el campeón que ante una contingencia, ante la presencia de un peligro que amenace con romper la harmonía de mi sistema, afrontará y disipará cualquier amenaza.

 

Nosotros como país no tenemos héroes contemporáneos; nuestros héroes nacionales, aquellos que nos dieron patria, no han sido promovidos con el suficiente vigor para que las generaciones contemporáneas los tengan presentes; las hazañas antiguas no han sido contadas ni cantadas de forma que despierten interés contemporáneo. Hoy por hoy, tenemos más malandrines, opresores, asesinos y abusadores que héroes que nos llenen de orgullo.

 

En ausencia de héroes que se jueguen la vida por el común de ciudadanos, el país por entero está listo para adoptar a un deportista notable, Memo, Francisco Guillermo Ochoa Magaña, portero oficial de la Selección Nacional Mexicana en este campeonato mundial 2014 de la Fédération Internationale Football Assotiation. Desde luego que mexicanos notables en diversos de campos del quehacer humano los hay. Pero la mercadotecnia ha propulsado a figuras que le convienen y el fútbol derrama miles de millones de dólares con ganancias netas fastuosas a quienes lo promueven. Dicho de otra forma, Memo Ochoa está siendo utilizado por un valor agregado pasajero que genera grandes ganancias. De nada sirven a las grandes corporaciones de noticieros dar a conocer talentos en el campo de la química, física, biología, medicina humana, agronomía y más, porque su imagen no es vendible. Es muy aburrido ver a un cardiólogo empleando 20 horas diarias de su tiempo por meses y años para apenas publicar un hallazgo en un jornal especializado, con un paper de dos páginas que representa décadas de esfuerzo.

 

Pero un porterazo de la envergadura de Memo Ochoa, ¡aaaah!, eso es diferente. La sangre nos hierve. El corazón late más acelerado; gritamos y empinamos hasta el fondo un vaso de tequila cuando realiza una atajada. Y es que no es la atajada per se; es el orgullo de que un cabrón, sólo necesitamos a uno, saque la casta y nos ponga muy en alto a nivel mundial. El formidable desempeño de Memo Ochoa ya nos hizo ganar este mundial aunque todavía no se acabe ni siquiera la primera ronda. Eso es lo que vale la pena, gritar a los cuatro vientos. Si perdemos, si nos descalifican como equipo, la mercadotecnia ya pintó raya y nos hizo creer que no importa porque ya trascendimos con Memo Ochoa. Muy en el eventual caso de que no llegamos a la final, qué importa, a la siguiente será. Hoy vamos a celebrar.

 

Mientras el mundial de fút sigue su curso, en la vida diaria, millones de amas de casa hacen malabares, grandes proezas y esfuerzo más allá de los límites del poder humano para sortear el abrazo mortal de la pobreza. Pero eso, tampoco cuenta ni figura en reconocimiento social porque no es noticia que genere interés comercial.

 

No me escriba externando lo que piensa porque no voy a contestar; estaré ocupado viendo a Memo Ochoa esperando los cañonazos; que dicho sea de paso siento, que de entra en nuestra portería, horadarían mi orgullo nacional.