¿Infidelidad en la pareja?

La infidelidad es hoy en día uno de las principales causas que generan las rupturas en la mayoría de los matrimonios y noviazgos. Aun cuando en las actas de divorcio aparece el registro de “por mutuo consentimiento”, la causa que desencadenó la separación legal de muchos matrimonios ha sido este tema, también ha sido una demanda frecuente en la solicitud para la intervención en psicoanálisis o psicoterapia.

 

De esta manera, la infidelidad se convierte en uno de los mayores “enemigos” de la institución del matrimonio contemporáneo. Sin embargo, no todas las infidelidades son iguales y no se pueden generalizar ni sus causas ni sus efectos.

 

Originalmente, la palabra “infiel” fue referida a aquellas personas que no profesaban la religión dominante, que era desde entonces el catolicismo, ser infiel era ser contrario a la iglesia.

 

Diferentes ángulos de la infidelidad.

La infidelidad es un tema tratado desde diferentes perspectivas y de marcos, a veces diametralmente opuestos. Lo cierto es que es una violación a un acuerdo, pacto o contrato implícita o explícitamente establecido en la mayoría de las parejas de exclusividad afectiva y erótica, pues cuando ocurre es vivida como una traición a la pareja.

 

Hay autores que solo reservan el concepto para el contacto con las zonas genitales de otra persona, sin embargo las emociones y sensaciones que la pareja vive como traiciones son de diferentes grados y niveles de tolerancia, dependiendo de lo que significa para cada sujeto en la pareja, pero finalmente es la destrucción de un ideal conjuntamente establecido por uno o ambos miembros de la pareja. En cambio cuando de forma explícita los cónyuges admiten la posibilidad de que están permitidas las relaciones extramaritales, no debe considerarse como infidelidad.

 

Básicamente, lo que le da el carácter de traición o infidelidad a la relación, es el secreto y la mentira, este intento deliberado de desorientar a la pareja respecto a la ruptura del acuerdo de monogamia. Pues existe en muchas parejas un nivel de tolerancia donde se permiten ciertas flexibilidades para la convivencia con terceras personas pero sin que esto sea algo oculto.

 

La infidelidad puede representar, en muchas ocasiones, el final de un prolongado deterioro de la relación de pareja, o bien puede ser parte de la dinámica de la misma en un grado de tolerancia quizás como un ingrediente que dinamiza los deseos y las fantasías.

 

Muchas personas para integrar la infidelidad al dinamismo de la pareja, por resultar adversa al ideal de la relación monogámica, viven separaciones temporales a efecto de poder “justificar” los eventos de “infidelidad”, este mecanismo de defensa es a veces recurrente y marca un estilo de convivencia. Pero también se dan casos donde uno de los cónyuges de manera pasajera se involucra sentimental o sexualmente con otra persona diferente a la relación, o bien donde uno de los miembros es infiel sistemáticamente. Es importante lograr una definición clara de estos elementos porque tienen distintos efectos en el proceso psicológico.

 

Los casos de infidelidad abordados desde los pacientes en la consulta psicológica, nos obligan a poner atención en la escucha a los significados que se juegan en las relaciones de pareja respecto a la infidelidad, hacer generalizaciones apresuradas nos podría ubicar más como el pastor religioso o el jurista, no como el analista de los significados que los sujetos otorgan a sus objetos de amor y lo que representa en su contexto.

 

Lo opuesto a la infidelidad es la fidelidad, no obstante, este particular significado debe ser puesto en el centro de todo análisis para la intervención, pues generalmente esta remitido a la fe en el otro y esta fe se pierde por muchas razones más que por solo la infidelidad erótica sexual con terceras personas. Puede ser también referido a la traición a la intimidad de la pareja, al hecho de preferir estar más tiempos de convivencia con los familiares o amigos, puede también estar referido a la descalificación del cónyuge para la toma de decisiones importantes, etcétera.

 

La infidelidad puede convertirse también en un catalizador en la relación de algunas parejas, pues este evento puede ayudar a replantear las formas de construir la relación, se logra en esos casos una revaloración de aspectos que se dejaron de lado o que le otorgaron poca importancia, al grado que gracias a la infidelidad han mejorado sustancialmente las formas de convivencia entre la pareja y han fortalecido sus vínculos afectivos y mejorado sus perspectivas de futuro. Pero también el evento de la infidelidad puede dejar daños emocionales en los integrantes de la familia, y la separación definitiva sin una posible reconstrucción de la relación, todo depende de cómo se edificó desde el inicio la vida de pareja y el nivel de convivencia así como los valores asignados a la misma.

 

La predominancia del acto de ser infiel sigue siendo más alta en los varones, pero lo que mayormente determina el ser o no infiel está más asociado a los recursos con los que cuenta el sujeto para el control de sus impulsos, la formación en valores que recibió, su capacidad de dar amor, seguridad, así como su auto-concepto o autoestima.

 

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