Los verdaderos Cinco Copas

La historia debió haber sido así…

En torno de una mesa de cantina una noche de verano, regocijadamente departían cinco alegres ex futbolistas bohemios. Los ecos de sus goles pasados escapaban en aquel barrio quieto. El humo de olorosos cigarrillos en espirales se elevaba al cielo. Era curioso ver aquel conjunto, aquel grupo bohemio, que tenían en común sus habilidades futbolísticas y haber sucumbido ante los excesos del alcohol; celebraban entre risas, anécdotas, revistas y videos la celebración de una nueva Copa del Mundo

El Doctor Sócrates, que no pronosticó su propia cirrosis hepática, mundialista en España 82, México 86 y símbolo del Corinthians, movió su melena de león y dijo: no hablaremos de Antonio “Tota” Carbajal, ni de Lothar Matthaus, los únicos jugadores que participaron en cinco copas del mundo, ahora es nuestro turno, el de los olvidados.

Paul Gascoine, aquella promesa del fútbol inglés, conocedor de los pubs de Newcastle y visitante asiduo del desorden neurológico, dijo: ¡Brindemos por el Mundial que comienza! Porque nos traiga ensueños; manos de dioses y goleadas infames.

El turno fue de George Best, el mejor jugador irlandés de la historia, con su peinado beatle dejó escuela en el Manchester United, nunca disputó un Mundial: he gastado mucho dinero en mujeres, alcohol y automóviles… el resto lo he desperdiciado. Yo brindo por mi pierna, torrente de inspiración, divina y seductora.

“El Burrito” Ortega, el fenómeno del River Plate, alzó su Copa Liberadores y aclamó: bebo y brindo por mi pasado, que fue de luz y alegría. Yo también como George Best dejé el alcohol y las mujeres… por veinte minutos… fueron los peores momentos de mi vida.

Se brindó por la patria, por los goles anulados, las aficiones fieles y los porteros abatidos. Sólo faltaba un brindis, el de Manuel Manzo, el del bohemio puro, de noble corazón y gran cabeza, aquel que sin ambages declaraba que sólo ambicionaba robarle inspiración a la tristeza. Recordado con las casacas de Pumas y Atlético Español. Se arregló su barba alborotada y dijo: brindo por el delantero, mas no por ese cazagolero. Brindo por el crack, que me enseñó lo que vale el regate exquisito, el pase a fondo, el dribling. ¡Por Garrincha bohemios! Porque venció las dificultades de niño, la poliomelitis; gozó del buen tabaco, el vino añejado y el aguardiente. ¡Por Garrincha bohemios!, símbolo de la universalidad del Futbol.

Manuel Manzo calló, ningún acento profanó el sentimiento y pareció que sobre aquel ambiente flotaba inmensamente un poema de amor y de amargura.